Uno de los aspectos más destacados de Lionel Messi es que con los años cambió su manera de jugar, se reconvirtió, pero nunca perdió su capacidad para marcar diferencias. Esta situación nunca pasó desapercibida para los fanáticos y en las últimas horas un analista español hizo un minucioso análisis del cambio más grande que registró el futbolista.
El crack argentino que en sus comienzos deslumbraba por su velocidad y sus gambetas terminó convertido en un estratega capaz de manejar los tiempos de un partido sin necesidad de correr constantemente.
En este sentido, Pedro Sáez explicó las cinco transformaciones tácticas que marcaron su carrera y que le permitieron mantenerse entre los mejores del mundo.
El análisis, publicado en el canal de YouTube Pedro el Ingeniero, repasó las decisiones de los entrenadores que dirigieron al rosarino, desde Frank Rijkaard hasta Lionel Scaloni.
El primer cambio importante ocurrió en 2007, durante su etapa en Barcelona bajo las órdenes de Rijkaard, cuando Leo se desempeñaba como extremo derecho. Su principal virtud era la explosión: recibía abierto, encaraba a los defensores y podía recorrer largas distancias con la pelota dominada.
El entrenador neerlandés entendió que no tenía sentido exigirle un desgaste innecesario en la elaboración del juego. Por eso, buscó aprovechar su velocidad y su capacidad para desequilibrar en el uno contra uno.
En 2009 llegó una de las decisiones más importantes de su carrera. Con Pep Guardiola como entrenador, Messi abandonó la banda derecha y comenzó a jugar como falso nueve. De esa manera, dejó de tener una posición fija y empezó a moverse entre los mediocampistas y los defensores rivales.
La nueva función le permitió participar más en la creación de juego, pero también administrar mejor su energía. Cuando retrocedía para recibir la pelota, obligaba a los centrales a tomar decisiones: podían seguirlo y dejar espacios a sus espaldas o quedarse en su posición y darle libertad para organizar los ataques.
La siguiente reconversión llegó en el 2014, con Luis Enrique en el banco de suplentes. En ese período se consolidó la famosa MSN, la sociedad ofensiva que formó junto a Neymar y Luis Suárez. Sin embargo, hubo otro movimiento fundamental para la evolución del argentino: el papel de Iván Rakitić.
El mediocampista croata se ocupaba de cubrir el sector derecho y asumir buena parte de las obligaciones defensivas que antes recaían sobre Messi. Así, el rosarino pudo concentrarse en la elaboración y la definición, con mayor libertad para moverse por el centro del campo y elegir cuándo acelerar.
Aquella estructura tuvo su punto más alto con la conquista de la Champions League de 2015. Messi ya no era solamente un delantero capaz de superar rivales con su velocidad; también se había convertido en el futbolista que decidía dónde y cuándo atacar.
En el 2017, Ernesto Valverde profundizó esa transformación. Con un esquema 4-4-2, el entrenador le dio todavía más libertad al argentino y redujo sus responsabilidades defensivas. Messi pasó a ocupar un papel central en la organización del equipo, con la posibilidad de caminar durante algunos tramos del partido, observar los movimientos de los rivales y detectar espacios.
Lo que para algunos podía parecer una desconexión del juego era, en realidad, otra manera de influir. El rosarino ya no necesitaba participar en todas las jugadas: esperaba el momento indicado para recibir, acelerar y generar una situación de peligro.
El último gran paso de esta evolución se produjo en la Selección argentina. Lionel Scaloni entendió que debía construir un equipo que potenciara las virtudes de su capitán y compensara el menor despliegue físico que demandaba su nueva función.
Para conseguirlo, armó un mediocampo con jugadores capaces de recorrer grandes distancias, presionar y recuperar la pelota. Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister asumieron esas tareas, mientras que Julián Álvarez aportó movilidad, presión y profundidad en ataque.
De esa manera, Messi podía permanecer más tiempo en posiciones ofensivas, observar el desarrollo del partido y aparecer cuando encontraba las condiciones necesarias para hacer daño. El funcionamiento colectivo estaba pensado para que pudiera concentrar sus energías en las acciones decisivas.
El resultado quedó reflejado en el Mundial de Qatar 2022. Con 35 años, el capitán argentino convirtió siete goles, dio tres asistencias y fue elegido como el mejor futbolista del torneo. Sus intervenciones ante Países Bajos, Croacia y Francia demostraron que su capacidad para decidir partidos seguía intacta, aunque su manera de hacerlo fuera diferente a la de sus primeros años.
Sin embargo, Leo también colaboraba en la presión y defendía junto a sus compañeros en varios pasajes del partido, en una muestra de entrega y compromiso inigualable.
De esta manera, el informe de Pedro Sáez reveló que la longevidad futbolística de Messi no se explica solamente por su talento natural, sino también por su capacidad para reinventarse y la inteligencia de los entrenadores que supieron adaptar sus equipos a sus características.
La conclusión es que Messi no dejó de correr por una pérdida de condiciones, sino que aprendió a administrar sus esfuerzos y a elegir con mayor precisión cuándo intervenir.
Fuente: TN — Ver noticia original