Las semillas de chía se destacan por su elevado valor nutricional y por su capacidad para absorber agua, una propiedad que ya era aprovechada por las antiguas civilizaciones mesoamericanas como fuente de energía e hidratación. Pueden absorber hasta 10 veces su peso en agua y aportan una variedad de nutrientes importantes para el organismo.
Según explica el doctor Alberto Sanagustín, especialista en Medicina Familiar, contienen una cantidad destacada de fibra, proteínas, ácidos grasos omega-3 (ácido alfa-linolénico o ALA) y antioxidantes. También aportan minerales esenciales como calcio, fósforo, magnesio, zinc y cobre, además de vitaminas del complejo B (B1, B2 y B3).
Su composición nutricional se relaciona con distintos beneficios fisiológicos, entre ellos el cuidado cardiovascular, el funcionamiento del sistema digestivo y la regulación de los niveles de azúcar en sangre.
Cuáles son los beneficios de las semillas de chía
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Salud cardiovascular: la combinación de fibra y ácidos grasos omega-3 (ALA) contribuye a proteger el sistema cardiovascular.
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Mejora del sistema digestivo: su abundante contenido de fibra favorece el tránsito intestinal, promueve la salud digestiva y ayuda a prevenir el estreñimiento.
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Regulación de la glucemia: las semillas de chía ayudan a controlar los niveles de azúcar en sangre mediante una mejor sensibilidad a la insulina y una absorción más lenta de la glucosa en el intestino.
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Control del apetito y del peso corporal: la combinación de fibra y proteínas genera una sensación prolongada de saciedad, disminuye el apetito y facilita la reducción de la ingesta calórica.
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Fortalecimiento de la salud ósea: el calcio, el fósforo, el magnesio y el ácido graso omega-3 ALA trabajan de manera coordinada para mantener la estructura y la salud de los huesos.
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Acción antiinflamatoria y celular: sus propiedades antioxidantes contribuyen a reparar el daño celular progresivo y pueden resultar útiles en afecciones inflamatorias articulares, como la artritis.
Cómo consumir las semillas de chía: distintas formas de preparación
Existen diferentes maneras de incorporar las semillas de chía a la alimentación cotidiana. Entre las opciones se encuentran consumirlas molidas, previamente hidratadas o incorporarlas en infusiones.
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Semillas molidas: esta presentación permite una mayor absorción de los ácidos grasos omega-3 y los antioxidantes. Se pueden utilizar para aderezar ensaladas, salsas, yogures y cereales. También es posible agregarlas a masas de pan, galletitas caseras y barritas energéticas, o emplearlas como sustituto del huevo en recetas veganas.
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Semillas en remojo (gel de chía): al mezclarlas con agua, leche o bebidas vegetales, forman un gel que resulta beneficioso para el sistema digestivo. Se utilizan como espesante natural para sopas y salsas, como cobertura para desayunos con avena o yogur y como ingrediente en batidos combinados con jugo de limón o lima.
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Infusiones o tés de chía: también pueden incorporarse a distintas bebidas calientes. Para preparar esta opción, se deben seguir estos pasos:
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Preparar 240 mililitros de la infusión elegida, que puede ser té verde, té negro o alguna infusión de plantas medicinales.
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Agregar una cucharada de semillas de chía.
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Tapar la preparación y dejar reposar durante 10 minutos. Si se busca una consistencia más espesa, el tiempo puede extenderse hasta 30 minutos.
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Revolver bien antes de beber. También se pueden agregar unas gotas de limón, miel o edulcorante, según la preferencia.
Esta preparación constituye una opción hidratante y saciante que puede incorporarse al desayuno o la merienda.
Qué precauciones hay que tener al consumir semillas de chía
Aunque las semillas de chía aportan distintos nutrientes, es importante tener en cuenta algunas recomendaciones para consumirlas de manera adecuada.
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Evitar consumirlas enteras y secas: no deben ingerirse directamente en esa presentación, debido al riesgo de que provoquen obstrucciones. Se recomienda consumirlas molidas o previamente hidratadas.
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Aumentar las cantidades de manera progresiva: incorporar demasiada fibra de forma repentina puede provocar molestias digestivas, como distensión abdominal, diarrea, estreñimiento o vómitos. Por eso, se aconseja comenzar con cantidades pequeñas e incrementarlas gradualmente.
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Prestar atención a las interacciones con medicamentos: quienes toman anticoagulantes, hipotensores o medicamentos para la diabetes deben consultar con un profesional médico antes de incorporarlas habitualmente a su alimentación, ya que podrían potenciar los efectos de estos tratamientos.
Fuente: A24 — Ver noticia original