Este fin de semana comienza el primer encuentro del papa León XIV con el pueblo latinoamericano. Ese pueblo que tantas veces Robert Francis Prevost supo caminar como misionero agustino. Y se habla mucho de lo que esta visita significa para nuestro país, para la política, para la Iglesia y para la agenda nacional pero yo quisiera que nos detengamos en otra pregunta: ¿qué puede decirle el Papa a una generación que crece entre pantallas y algoritmos, ante la amenaza de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo y que convive con una soledad acuciante que ninguna notificación o like alcanza a llenar?
Mi tesis es sencilla. La esperanza cristiana no es optimismo ni consuelo low cost sino que es una respuesta concreta al miedo, a la desesperanza, a la almafobia y al aislamiento de los jóvenes, y se verifica en vidas concretas, historias del mundo real. Una de ellas, muy argentina y muy cercana en el tiempo, es la de Ninawa Daher a quien tuve la bendición de conocer.
Uruguay, la primera escala
León XIV partió de Roma el viernes 6 de noviembre en el sexto viaje apostólico de su pontificado, que lo llevará a Uruguay, Argentina y Perú hasta el 17. Es su primera gira como Papa por América Latina. Aterrizó en Montevideo tras unas trece horas de vuelo y se convirtió en el segundo Papa en visitar el país, casi cuatro décadas después de Juan Pablo II. En su primera escala en uno de los países más laicos y a la vez con la tasa de suicidios más alta de la región León XIV con voz firme y mirada acogedora recordó que hablar de esperanza en una sociedad plural no consiste en imponer una voz, sino en ofrecer una razón para vivir. Esa será, me parece, la clave de todo el viaje: un Papa que llega más a escuchar que a sentenciar. A abrazar más que a señalar. A encontrarse con todos y no con algunos.
No faltan quienes leen el viaje en clave política partidaria, y es inevitable en un país que todo lo politiza. La visita apostólica del sucesor de Pedro debe ser leída a la luz del Evangelio y en sintonía con la tradición del Magisterio de la Iglesia: el Papa viene a confirmar en la fe, no a intervenir en la coyuntura nuestra de cada día.
Pantallas, algoritmos y vínculos
Y en ese paso por Argentina habrá un encuentro que marcará por generaciones como fue el de Juan Pablo II con los jóvenes. León XIV también quiere encontrarse con la juventud argentina y para imaginar qué les dirá sugiero leer lo que ya escribió para todos. En mayo pasado publicó Magnífica Humanitas, su primera encíclica, dedicada a la custodia de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial. Plantea una elección de época: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad puedan habitar juntos.
Lo notable es que no es un texto de rechazo a la tecnología como se podría suponer erróneamente sino que reconoce sus beneficios, pero niega que sea neutra y pide no entregarle aquello que nos hace humanos. Y se detiene especialmente en los más jóvenes. Advierte que un celular demasiado temprano y sin acompañamiento adulto puede aumentar la fragilidad y las adicciones, y exponer al aislamiento y al acoso. Pide protegerlos de la promesa de la “máquina perfecta”, que hace parecer inútil el pensamiento humano justo cuando más se necesita. Llega a proponer un “ayuno de la IA”. Y alerta sobre algo que ya ocurre: una máquina que simula cercanía puede dar la falsa sensación de estar en relación con alguien real.
Detrás de esas advertencias hay una paradoja que todos conocemos: nunca estuvimos tan conectados y, sin embargo, tantos jóvenes dicen sentirse solos, aislados, deshumanizados. Magnifica Humanitas no se queda en el diagnóstico: la proximidad digital debe volverse ocasión de encuentro y de cuidado recíproco, que la cultura digital amplía las relaciones pero no reemplaza la cercanía física, y que la escuela es el lugar donde se aprende lo que las pantallas no dan: tiempo compartido y relaciones confiables.
Eso es, en el fondo, lo que propone el encuentro en el Monumento de los Españoles: un lugar físico con personas, voces, música, oración y silencio, donde nadie necesita parecer perfecto. Por eso Magnifica Humanitas, aunque hable de algoritmos, es un texto de esperanza: afirma que lo humano vale más que cualquier máquina.
El propio Papa quiere escucharlos. Es la herencia del “hagan lío” de Francisco, pero con su propia impronta. Nadie sabe todavía qué dirá el martes. Pero sus mensajes recientes a la juventud dejan pistas bastante claras:
- Una valentía que no es autosuficiencia. El lema de la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl 2027 es “¡Tengan valentía: yo he vencido al mundo!”. En su mensaje explica que la valentía nace de la presencia de Cristo. No se trata de ser fuertes en soledad, sino de no estar solos.
- Sin la obligación de parecer perfectos. Les recordó que la verdadera victoria no consiste en “parecer perfectos” y los previno de la presión de las redes. Para una generación expuesta a la comparación y aprobación permanente, eso es una buena noticia.
- Sueños y también heridas. Los invita a llevar a Seúl sus sueños pero también sus heridas y dificultades. Reconoce que muchos desean la paz y encuentran violencia, y que muchos anhelan comunión y se topan con la soledad.
- No tengan miedo. La frase de Juan Pablo II que León retoma en cada mensaje juvenil, casi como una contraseña de generación en generación.
Si dice algo parecido no será una novedad: será una insistencia. Y la Iglesia insiste porque los problemas de fondo, la soledad, el miedo y la herida, siguen siendo los mismos. La esperanza de la que hablará no es la promesa de que todo saldrá bien. Es la certeza de que nadie atraviesa solo lo que le toca vivir sino de un encuentro: con Cristo y con otros que caminan en la misma dirección.
Ninawa, la esperanza hecha vida
La historia de vida de Ninawa Daher, cuya fama de santidad ya está siendo estudiada en el Vaticano, nos ayuda a entender de qué hablamos cuando decimos esperanza.

Lo que la distinguió no fue la fama, sino la coherencia. Se guiaba por la idea de que su primera profesión debía ser una profesión de fe. Periodista comprometida y leal a sus ideales como pocas veces se ha visto, y formando parte de un entorno laboral que premia el impacto, se negó a presentar al aire noticias que, con afán sensacionalista, cuestionaban pilares de la fe cristiana, y sentó precedente en su canal al pedir asistir a misa en día de precepto. En 2010, un año antes de morir, hablaba de la alegría, los ideales y la esperanza como cosas que no se miden.
Ahí está el puente con lo que vengo diciendo. Ninawa trabajó en el territorio de la imagen y la exposición, y mostró que se puede estar en ese mundo sin ser devorado por él: diciendo la verdad, cuidando la dignidad del otro y sin fingir una perfección que nadie tiene. Fue sin saberlo ni buscarlo una adelantada de su tiempo a lo que Magnifica Humanitas pide frente a la manipulación y la desinformación.
Y su esperanza no se quedó en las palabras. La fundación que lleva su nombre ha donado bibliotecas a escuelas de bajos recursos y planos hápticos de sitios emblemáticos, entre ellos la Basílica de Luján, donde también irá el Papa. Su fe dio frutos concretos: libros, accesibilidad, cuidado. Y su santidad fue la de una joven común que vivió cada día con alegría, amor a Dios y servicio a sus próximos aunque seguramente también con tristezas y dolores, decepciones y dudas. Y esa es la santidad a la que estamos llamados cada uno de nosotros: a hacer de manera extraordinaria lo ordinario de cada día mirando a Dios.
Fuente: Infobae — Ver noticia original