Ya no hay llanto de desahogo en Newman. Alguna lágrima se escapa en las tribunas del CASI, pero el semblante es diferente en un grupo de jugadores convencido, que se destapó en el 2025 y en el 2026 redobló la apuesta y logró revalidar. Más difícil que llegar es sostenerse y este plantel bordó lo consiguió en un campeonato que lideró de punta a punta y supo sufrir en las definiciones para conquistar el segundo trofeo de su historia.
En la Catedral del Rugby, de San Isidro, ambos protagonizaron una de las finales más vibrantes de la historia del rugby de Buenos Aires. Una definición memorable del Top 14, que tuvo de todo: drama, emoción y un nivel de juego altísimo. Fue la contracara de dos semifinales opacas, plagadas de errores. Se tiraron con todo y ninguno se guardó nada. Palo a palo, golpe por golpe. Por la menor diferencia posible, un punto, la ganó Newman, frente a un gran Hindú que a muy poco estuvo de tumbar al mejor equipo de la temporada. Un 33-32 como para volver a mirar en una pantalla.
Newman atraviesa con el sol arriba este momento de su historia. Iluminado. Los jugadores son reiterativos al referirse al trabajo de todas las generaciones del club para llegar a este presente. “Es un esfuerzo de muchos años. Estamos cosechando mucha historia de tantos años. Es un mimo al corazón”, manifestó Alejandro Urtubey, feroz segunda línea de un pack combativo. Capitán en este Newman versión 2026 en reemplazo de Lucas Marguery, otro caudillo, que empezó el año en Pampas, por el Súper Rugby Américas. Las batallas perdidas, las definiciones que se escaparon y las malditas semifinales le sirvieron como lecciones para sacar adelante encuentros en los que no brilló pero sí tuvo la fortaleza mental para sostenerse cerca y terminar pasando al frente.
La primera mitad de la final fue de alto voltaje, con un ritmo frenético y dos equipos sueltos, con la intención de jugar. Muy distinta a las semifinales, en las que se salió a combatir y a jugar estratégicamente. Hindú atacó con su ADN, la dinámica de Felipe Ezcurra y varios quiebres que rompieron la defensa; los dos primeros fueron realizados por Pascal Senillosa, y uno culminó en un try de Nicolás Amaya, de los puntos altos del conjunto de Don Torcuato en las definiciones.
El Cardenal aprovechó sus minutos de superioridad numérica tras una amonestación a Martín Cancelliere y golpeó por duplicado; primero, a través de Pablo Cardinal, y luego, con una acción extraordinaria de primera fase que definió Santiago Marolda, tras un pase de Juan Bautista Daireaux. Esa dupla explosiva fue decisiva en los dos encuentros finales, con tres asistencias del fullback al wing.
Un try de ‘Erre’ Cancelliere dejó el resultado parcial 20-17 en favor del campeón, que tuvo que superar momentos de zozobra. Entre el cierre del primer tiempo y el inicio del segundo sufrió tarjetas amarillas para Marguery y Gonzalo Gutiérrez Taboada, sus dos conductores. Pero aguantó y hasta llegó a sumar en los minutos en que no contó con el 10, mediante un penal de Marolda, un jugador destinado a la gloria y a los grandes momentos. Tras un try extraordinario que definió Martín Cancelliere, el back del conjunto bordó definió en una punta a los 22 minutos para establecer la ventaja definitiva. Golpe por golpe, como en toda la tarde, el campeón no se rindió.
Hindú, dignísimo rival, combatió en todos los puntos de encuentro y fue fiel a su rica historia, marcada en la segunda parte de la década de los noventas y en este siglo. Asumió riesgos, jugó con intensidad y tuvo sus oportunidades. Al contrario de lo que sucede en la mayoría de las finales, el equipo que jugó con la pelota se sintió más cómodo con ella que sin el balón. El Elefante se lanzó a jugar desde su in-goal con un inmenso Ezcurra, apoyado en la sapiencia del experimentado 9 y también en la frescura que no sugiere su DNI. El ex medio-scrum de los Pumas fue una de las grandes figuras, al comandar los ataques de un equipo que se potenció en los playoffs y estuvo a la altura de las circunstancias. Con Santiago Fernández como cabeza en el banco y con su papá, Tito, como emblema a pocos metros de distancia.
“Teníamos una propuesta, que era morir en la nuestra. No podemos reprocharnos nada: lo que vivió el club este año, para mí, es más importante que la copa”, resumió Nicolás Amaya, de un trabajo titánico en defensa y autor del primer try de la tarde.
En una final perdurable definida por un punto, el rol de los pateadores resultó crucial. Gutiérrez Taboada, errático a los palos en años anteriores, está vez acertó todos sus intentos, a los que se sumó el penal de Marolda. Bautisa Farisé, excelso pateador, desperdició un penal fundamental y accesible para un pateador de su calibre, que se estrelló en un palo a los 27 de la segunda mitad. A partir de ese momento Newman se agrandó y jugó de manera inteligente los minutos finales, lejos de su in-goal. Con el oficio de un equipo ganador.
El penal desaprovechado por Hindú
¡Claaaaank!
⏱️ 27'ST Todo Hindú se lamenta. El penal de Bautista Farise dio en el poste e Hindú sigue abajo en el marcador.
🦁 33-32 🐘🇺🇦
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— ScrumRugby (@ScrumESPN) November 7, 2026
El campeón se repuso de diversos golpes, como la ausencia de Joaquín De la Vega, que se lastimó en la semifinal, y la de Simón Prince, que se retiró entre lágrimas en el primer tiempo de este sábado por una lesión en una rodilla (lo suplió Justo Ortiz Basualdo). Gran parte de su éxito radica en la profundidad de su plantel y en la rotación de todo el año que propuso Santiago Piccaluga: en un calendario de 26 fechas de etapa regular, el Cardenal fue el que más modificó sus formaciones, sin importar nombres ni circunstancias.
Dosificar las cargas y agrandar la base era uno de los propósitos y el cuerpo técnico bordó lo cumplió con creces. Todas las figuras descansaron durante el año y no hubo jugadores imprescindibles. El equipo domina casi todas las facetas y se hizo muy fuerte desde el line-out, una formación preparada por el ex Puma Mariano Galarza, que resultó decisiva en la semifinal y la final. No así el scrum, que sufrió vaivenes a lo largo del 2026 tras el retiro de Marcelo Brandi.
Newman disfruta el mejor momento de su historia y volvió a coronarse como un campeón inobjetable: ganó 26 de sus 28 partidos (un empate y una derrota, lejana, ante SIC en la tercera fecha). Acumula 25 encuentros en fila sin caídas, una serie con la que puede desafiar los 33 que acumuló San Isidro Club entre 2001 y 2003. También amenaza con un cambio de era en el rugby de Buenos Aires: no se daba un bicampeonato desde 2015, con Hindú como protagonista. Vencer al club más ganador de este siglo quizás marque un quiebre, el inicio de otra época.
Compacto de Newman 33 vs. Hindú 32
Newman disfruta el mejor momento de su historia y volvió a coronarse como un campeón inobjetable: ganó 26 de sus 28 partidos (un empate y una derrota, lejana, ante SIC en la tercera fecha). Acumula 25 encuentros en fila sin caídas, una serie con la que puede desafiar los 33 que acumuló San Isidro Club entre 2001 y 2003. También amenaza con un cambio de era en el rugby de Buenos Aires: no se daba un bicampeonato desde 2015, con Hindú como protagonista. Vencer al club más ganador de este siglo quizás marque un quiebre, el inicio de otra época.
Fuente: La Nación — Ver noticia original