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Lluís Benítez, oncólogo veterinario: “Al hablar de cáncer en perros, los labradores, golden retriever y bóxer serían las razas más sobrerrepresentadas”

El cáncer es una de las principales causas de muerte en perros de edad avanzada y algunas razas aparecen con mayor frecuencia entre los pacientes oncológicos.
Lluís Benítez, oncólogo veterinario: “Al hablar de cáncer en perros, los labradores, golden retriever y bóxer serían las razas más sobrerrepresentadas”

El diagnóstico de cáncer en un perro ya no implica necesariamente que no existan alternativas terapéuticas. La oncología veterinaria avanzó de manera importante durante los últimos años y hoy existen herramientas diagnósticas y tratamientos que permiten abordar distintos tipos de tumores con objetivos que van desde la curación hasta el control de la enfermedad y la preservación de la calidad de vida.

Lluís Benítez, oncólogo veterinario y responsable del Servicio de Oncología del Hospital Veterinario Montjuïc de Barcelona, señala que el cáncer representa una causa de muerte especialmente relevante entre los perros de edad avanzada.

Según explica, las estadísticas indican que aproximadamente la mitad de los perros mayores de diez años mueren por cáncer y que uno de cada cuatro animales de compañía que fallecen lo hace por causas relacionadas con procesos neoplásicos.

Dentro de los perros, los tumores de piel aparecen entre los más frecuentes y los mastocitomas ocupan un lugar destacado. También son habituales los linfomas y los sarcomas.

En los gatos, en cambio, Benítez señala que suelen diagnosticarse con mayor frecuencia los linfomas, especialmente aquellos que afectan al tracto digestivo, seguidos por tumores cutáneos como los carcinomas de células escamosas.

La edad es uno de los factores que ayuda a explicar por qué la oncología veterinaria tiene hoy un peso cada vez mayor. Los animales viven más gracias a los avances en prevención, diagnóstico y medicina veterinaria general, pero ese aumento de la longevidad también incrementa la posibilidad de que aparezcan enfermedades asociadas con el envejecimiento.

A eso se suma una mayor capacidad para detectar tumores y un cambio en la relación que muchas familias mantienen con sus animales. Los tutores buscan cada vez más alternativas diagnósticas y terapéuticas cuando aparece una enfermedad grave.

Las razas que aparecen con mayor frecuencia entre los pacientes

Benítez asegura que existe una predisposición racial para determinados procesos oncológicos. En los perros menciona especialmente al labrador, el golden retriever y el bóxer como razas sobrerrepresentadas entre los casos que llegan a consulta.

La genética puede aumentar determinados riesgos, pero también intervienen la edad, el ambiente, las enfermedades previas y otros factores individuales.

El especialista explica además que los procesos inflamatorios crónicos pueden aumentar la predisposición a determinadas neoplasias. Un ejemplo son algunas enteropatías crónicas, enfermedades inflamatorias intestinales que pueden favorecer posteriormente la aparición de linfomas digestivos.

Detectar un cáncer en sus primeras etapas tampoco siempre resulta sencillo. Muchos de los síntomas son inespecíficos y pueden aparecer también ante numerosas enfermedades diferentes.

Entre las señales que pueden justificar una consulta veterinaria aparecen la pérdida de apetito, el adelgazamiento sin una causa evidente, vómitos persistentes o diarrea. Cuando el tumor es externo, también puede presentarse como una masa visible o palpable.

En los gatos pueden aparecer además cambios de comportamiento. Esconderse en sitios donde habitualmente no lo hacen o reducir considerablemente la interacción con las personas de la casa puede indicar que algo no está bien.

Una vez confirmado un tumor, las posibilidades terapéuticas dependen fundamentalmente del tipo y del estadio de la enfermedad. La medicina veterinaria dispone actualmente de cirugía, radioterapia, quimioterapia convencional, electroquimioterapia e inmunoterapia.

Los tumores formados por células redondas suelen tratarse principalmente mediante quimioterapia y, en determinados casos, cirugía. Los tumores mesenquimales, que pueden originarse en estructuras como huesos, músculos, cartílagos o tejido conectivo, suelen requerir cirugía, radioterapia local o quimioterapia según el riesgo de metástasis.

Los tumores epiteliales, por su parte, pueden originarse en órganos o tejidos como la mama, el páncreas, el intestino, el sistema respiratorio o la tiroides. En muchos casos se abordan mediante cirugía y tratamientos destinados a reducir el riesgo de que la enfermedad se extienda.

Uno de los principales temores de los tutores son los efectos secundarios. Benítez señala que alrededor del 30 por ciento de los pacientes puede experimentar algún efecto adverso durante el tratamiento, aunque menos del uno por ciento presenta complicaciones muy graves que obliguen a una internación.

Los problemas más habituales son digestivos, como disminución del apetito, vómitos, náuseas o diarrea, y alteraciones hematológicas como una reducción de las defensas o de las plaquetas. A diferencia de lo que suele ocurrir en humanos, los perros generalmente no pierden el pelo durante la quimioterapia, aunque algunos gatos pueden perder los bigotes.

Cuando la enfermedad ya no puede curarse, el objetivo cambia. Los cuidados paliativos buscan que el animal conserve durante el mayor tiempo posible las actividades que disfrutaba antes de enfermar, utilizando analgésicos, tratamientos digestivos o estimulantes del apetito cuando son necesarios.

Benítez explica que uno de los grandes desafíos consiste en encontrar el equilibrio entre prolongar la vida y preservar su calidad. Para evaluar ese punto recomienda observar las actividades cotidianas que más disfruta el animal y detectar cuántas deja de realizar a medida que avanza la enfermedad.

Fuente: TN — Ver noticia original