Una joven cubana relató en un video difundido en redes sociales que fue asaltada, amenazada de muerte y despojada de su cabello, su teléfono y otras pertenencias mientras caminaba por una calle cercana a su vivienda. Según su testimonio, los agresores la arrastraron por el pelo hacia un pasillo y le advirtieron que la matarían si pedía ayuda.
El caso ocurrió hace “tres meses y pico”, según la víctima, quien no precisó la fecha exacta ni el municipio. La agresión tuvo lugar cerca de las 20:00, cuando todavía había luz natural por el horario de verano, según explicó durante la grabación.
“Me cogieron de momento por el pelo y me halaron para un pasillo y me dijeron: ‘Si gritas, te matamos’”, contó la joven. “Yo no grité y ahí me cortaron el pelo, me robaron el teléfono, el power bank (batería), todo lo que llevaba encima”.
El video muestra el testimonio de la víctima antes de un cambio de corte, luego de que dejara crecer su cabello durante varios meses tras el asalto.

Los agresores llevaban el rostro cubierto
La mujer explicó que los atacantes usaban prendas para ocultar sus caras.
El robo de objetos personales formó parte del ataque, pero el corte forzado de cabello quedó en el centro de su relato. La joven señaló que perdió una melena que había cuidado durante años y que no había podido cortarse desde entonces.
La escena expone una modalidad de agresión que combina el despojo de bienes con una violencia física y psicológica contra la víctima. El cabello no aparece como un objeto de uso inmediato, como un teléfono o dinero, sino como parte de un ataque que dejó una marca visible y prolongó el impacto del hecho durante meses.
En el video, la mujer que la entrevista alertó a quienes tienen el cabello largo sobre los riesgos que, según planteó, enfrentan al caminar por las calles. También recomendó evitar salidas nocturnas. La víctima, sin embargo, aclaró que el episodio ocurrió a una hora en la que aún había movimiento y visibilidad en la zona.
La inseguridad gana espacio entre las preocupaciones cotidianas en Cuba
El relato se conoce en un contexto de aumento de denuncias ciudadanas por robos, asaltos y hechos violentos en Cuba, en medio de la falta de estadísticas oficiales periódicas y detalladas sobre la evolución del delito.

Registros de organizaciones independientes permiten dimensionar parte del problema, aunque no sustituyen un registro estatal completo. El Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC) documentó 2.833 delitos durante 2025, un incremento del 115% frente al año anterior. De ese total, 1.536 correspondieron a robos.
Los datos dependen de denuncias públicas, reportes de medios independientes, publicaciones en redes sociales y otras fuentes abiertas. Por ese motivo, no reflejan todos los delitos ocurridos en el país. También muestran una realidad marcada por el subregistro: muchas víctimas desisten de denunciar por desconfianza, temor o la percepción de que sus pertenencias no serán recuperadas.
En Matanzas, por ejemplo, el OCAC contabilizó 155 robos en el primer semestre de 2026, una cifra superior a los 143 casos que había documentado en esa provincia durante todo 2025. Los reportes incluyen sustracciones en viviendas, robos de vehículos eléctricos, ataques a conductores y arrebatos de teléfonos.
Otro monitoreo, elaborado por Cubalex, organización independiente de defensa legal, registró 314 hechos de violencia e inseguridad en agosto de 2026, entre ellos 52 homicidios. La organización incluyó en ese recuento robos, asaltos con armas blancas y armas de fuego, así como tiroteos en zonas residenciales.
La ausencia de datos oficiales limita la dimensión real del problema
Las autoridades cubanas han reconocido en distintos momentos un incremento de la actividad delictiva y la presencia de armas de fuego en manos de civiles. Aun así, no existe una publicación sistemática y accesible de cifras sobre robos violentos, asaltos, homicidios o delitos cometidos con armas.

Esa falta de información pública impide establecer con precisión la magnitud del fenómeno, su distribución territorial, el perfil de las víctimas y el nivel de esclarecimiento de los casos. También dificulta conocer cuántas denuncias derivan en investigaciones, arrestos, juicios o condenas.
El Código Penal cubano castiga la tenencia, portación y tráfico ilegal de armas, pero los testimonios ciudadanos y los registros independientes dan cuenta de asaltos cometidos con cuchillos, machetes y armas de fuego. En paralelo, las denuncias sobre robos en viviendas, sustracción de motocicletas y triciclos eléctricos, ataques a custodios y violencia en espacios públicos se multiplicaron en redes sociales.
En ese escenario, algunas familias optaron por medidas domésticas de protección. En otro video viral, una mujer instaló ollas, palos y otros objetos detrás de la puerta de su casa para crear una alarma improvisada ante posibles intrusos. La imagen resumió una preocupación extendida: la sensación de que proteger bienes básicos depende cada vez más de recursos individuales y redes vecinales.
La joven asaltada describió una situación similar desde la experiencia de quien fue sorprendida a pocos metros de su casa. No identificó a los agresores ni ofreció más detalles sobre el lugar. Su testimonio quedó resumido en una frase que da cuenta de la violencia del episodio: “Me cogieron de momento por el pelo”.
Fuente: Infobae — Ver noticia original