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Son alumnos de una escuela técnica e inventaron una impresora braille que utiliza cera depilatoria

El prototipo reemplaza los golpes mecánicos de las máquinas convencionales por un sistema que deposita pequeñas gotas de cera caliente sobre papel común. TN Tecno conversó con los creadores: “Queremos que sea una solución real y útil tanto para las aulas como para los hogares”.
Son alumnos de una escuela técnica e inventaron una impresora braille que utiliza cera depilatoria

Cinco estudiantes de la , en la provincia de Buenos Aires, desarrollaron una impresora braille que utiliza cera depilatoria para marcar el papel. El proyecto se llama Points de Cire (puntos de cera, en francés) y fue construido con componentes electrónicos reciclados.

Detrás de este particular invento están Gerónimo Purretta, de 17 años; Julieta Marcolin, Magaly Rodríguez y Fermina Camor Raj, de 16; y Jazmín Peters, de 18, todos alumnos de quinto año.

El grupo trabajó con el acompañamiento del profesor Marcos Chávez, quien les propuso desarrollar una impresora o una máquina de escribir braille como proyecto anual. A partir de esa consigna, los jóvenes comenzaron a investigar las dificultades que enfrentan las personas con discapacidad visual para conseguir textos adaptados.

“Vimos que era muy difícil acceder al material braille. Las impresoras comerciales son carísimas y, además, hacen un ruido tremendo por los golpes mecánicos”, contaron los estudiantes a TN Tecno.

Antes de comenzar a construir la máquina, buscaron conocer las necesidades de quienes utilizan estos dispositivos y consultaron a instituciones especializadas. “Para confirmar que el problema era real, fuimos a la Escuela Especial 501 y hablamos con Luz, una chica que está aprendiendo braille, y sus docentes. También entrevistamos a los directores de las bibliotecas braille de Bahía Blanca y de La Plata. Todos nos dijeron que hacía falta algo más barato, silencioso y que pudiera usar papel común”, explicaron.

El resultado fue un prototipo que reemplaza los golpes mecánicos de las impresoras convencionales por un sistema que deposita pequeñas gotas de cera caliente sobre papel común. Al enfriarse, forman los puntos en relieve que pueden reconocerse con los dedos. Además de funcionar prácticamente sin ruido, su costo de fabricación es inferior al de los equipos comerciales.

Cómo funciona la impresora braille que utiliza cera depilatoria

El funcionamiento de Points de Cire combina un sistema de movimientos controlados electrónicamente con un mecanismo que calienta la cera y la deposita sobre una hoja. Así, el dispositivo puede formar las combinaciones de puntos que representan letras, números y otros caracteres del sistema braille.

“La impresora funciona por deposición térmica de cera, sin golpes. Adaptamos una estructura con motores y componentes reciclados. La cera se derrite y sale en microgotitas sobre papel común, y un ventilador las enfría enseguida para que solidifiquen y formen los puntos en relieve. La temperatura se mantiene estable cerca de los 135 °C”, detallaron los alumnos.

Encontrar el material adecuado fue uno de los principales desafíos. Durante el desarrollo experimentaron con distintas sustancias hasta conseguir una que permitiera producir puntos suficientemente firmes y definidos. “Antes de llegar a la cera depilatoria, probamos varios materiales: pintura, barniz, esmalte de uñas y filamento de impresora 3D (que necesitaba temperaturas demasiado altas). También probamos con cera de abeja y con lacre”, recordaron.

Algunos materiales obstruían la pequeña boquilla por la que sale la sustancia caliente, mientras que otros formaban puntos demasiado grandes o difíciles de controlar. La solución apareció a partir de una observación cotidiana.

“La idea de usar cera depilatoria fue cuando nos acordamos de las veces que se depilan nuestras madres, las gotas que caen quedan bien formadas y firmes. Entonces empezamos a probar y funcionó muy bien: es barata, segura y queda dura al enfriarse”, revelaron los estudiantes.

La elección también permitió simplificar el funcionamiento de la máquina. Inicialmente, debían derretir la cera y preparar cartuchos para colocarla en el dispositivo, pero después encontraron una presentación más práctica. “En un principio usábamos la cera en lata: la derretíamos y teníamos que hacer cartuchos. Después vimos que había cera en perlitas, así que empezamos a usar esa porque era mucho más fácil para alimentar la impresora”, señalaron.

Las pruebas continúan para mejorar la resistencia de las impresiones. Los alumnos aseguraron que consiguieron mantener una hoja impresa durante horas a 60 °C sin que sus puntos se deformaran, aunque todavía experimentan con diferentes mezclas de materiales.

Del reciclaje de componentes al desarrollo de su propio software

La construcción de la impresora también representó un desafío de programación, electrónica y mecánica. Si bien los cinco estudiantes tenían conocimientos adquiridos durante su formación técnica, debieron aprender a controlar motores, regular temperaturas y conseguir que cada gota se depositara en la posición correcta.

“El trabajo lo fuimos repartiendo entre todos según lo que cada uno iba haciendo mejor: Gerónimo se enfocó en la parte mecánica y el reciclaje de componentes, Julieta en la electrónica y el control de temperatura, Jazmín y Magali en la programación y el software. Trabajamos en equipo todo el tiempo, porque el proyecto une varias materias”, explicaron.

Para construir el mecanismo de impresión, desarrollaron un primer prototipo mediante impresión 3D y luego recibieron la colaboración de compañeros de Electromecánica, que fabricaron una pieza de aluminio utilizando un torno.

Otro de los problemas que encontraron estuvo relacionado con el software. Al principio utilizaban un programa francés que generaba instrucciones de impresión invertidas, por lo que debían recurrir a una herramienta de inteligencia artificial para corregirlas y después a otro programa para controlar los movimientos de la máquina.

El procedimiento requería demasiados pasos y complicaba el uso del dispositivo. Por eso decidieron desarrollar una aplicación propia: “Como era un proceso larguísimo con demasiados pasos intermedios, decidimos crear nuestra propia solución: desarrollamos nuestro software PointsApp. Ahora es muchísimo más simple, ya que solo escribimos el texto o importamos el PDF, el programa lo traduce a braille y le envía el código directamente a la impresora”, explicaron.

Por ahora, Points de Cire sigue siendo un prototipo. Aunque ya consiguieron producir impresiones funcionales, sus creadores consideran que todavía necesitan perfeccionar la máquina antes de que pueda usarse en hogares o instituciones educativas. “Necesitamos son más horas de dedicación. Esto implica realizar un trabajo profundo de calibración y pulir una serie de ajustes técnicos tanto en el nuevo software como en la propia estructura de la impresora, asegurando que cada componente responda correctamente”, reconocieron.

Mientras continúan con esas mejoras, los estudiantes ya consiguieron que su invento supere las instancias regional y provincial de la Feria de Ciencias. En noviembre representarán a la provincia de Buenos Aires en la instancia nacional, que se realizará en Córdoba.

El objetivo de los jóvenes es que la máquina sirva para facilitar el acceso a materiales escritos en braille sin necesidad de recurrir a equipos comerciales de elevado costo.

Fuente: TN — Ver noticia original