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Reemplazar a la abeja reina puede significar el fin de una colonia, según una revisión científica

El trabajo propone redefinir cuándo comienza y termina la vida de estos grupos sociales y cuestiona prácticas habituales de la apicultura moderna
Reemplazar a la abeja reina puede significar el fin de una colonia, según una revisión científica

Una revisión científica de Hannes Bonhoff, biólogo formado en la Universidad de Lund, y Heikki Helanterä, profesor de la Universidad de Oulu, plantea que el reemplazo de una abeja reina puede marcar la muerte de una colonia y el nacimiento de otra. El trabajo, publicado en la revista Insectes Sociaux, analiza el comportamiento de las abejas melíferas y propone medir su supervivencia a partir de la identidad genética de la hembra reproductora, en vez de tomar como referencia la continuidad de un nido. Según Earth.com, la propuesta cuestiona una práctica habitual de la apicultura: retirar a la reina de una colmena e introducir otra para mantener la producción de miel o la polinización de cultivos. Según los autores, esa intervención no rejuvenece al mismo grupo de insectos, sino que interrumpe la vida de la colonia anterior, cuyas obreras pueden terminar criando a las descendientes de una nueva reina. La reina define la identidad de la colonia Los biólogos describen a estos insectos como un superorganismo, es decir, una unidad viviente integrada por numerosos individuos que cumplen funciones comparables a las de las células de un cuerpo. La reina pone huevos, mientras las obreras alimentan a las crías, buscan alimento y sostienen las tareas necesarias para la supervivencia del conjunto. Durante décadas, muchas investigaciones consideraron que una colonia podía mantenerse indefinidamente si el nido seguía ocupado, aun cuando la reina original fuera sustituida. El biólogo Edward O. Wilson llegó a definir a estas agrupaciones como seres “potencialmente inmortales” en 1971, debido a la renovación constante de los ejemplares que las integran. Bonhoff y Helanterä sostienen una interpretación distinta, basada en un trabajo de 1992 que vinculó la identidad de una colmena con su reina y con los machos que la fecundan. Como una nueva reina aporta una combinación genética diferente, los autores consideran que establece una nueva unidad biológica. “Hemos analizado qué significa para una colonia de abejas ser un solo organismo”, afirmó Bonhoff. El enjambre sería una estrategia de supervivencia materna La revisión también replantea la interpretación de la enjambrazón, el proceso en el que parte de las abejas abandona el nido con la vieja reina para instalarse en otro lugar. Hasta ahora, este episodio solía entenderse como la reproducción de una colonia. Los investigadores argumentan que el nuevo grupo no puede considerarse una comunidad desde el momento de su salida, porque la joven reina que queda en el refugio todavía no se ha apareado. Para ellos, el enjambre representa la supervivencia de la colonia madre, mientras que la cría de la reina joven forma otra agrupación después de completar su desarrollo reproductivo. Según la explicación expuesta, la colonia hija nace cuando sus primeras obreras salen a recolectar alimento. Antes de ese punto, las abejas nodrizas de la agrupación anterior alimentan a las crías de la nueva reina. Los autores comparan esa tarea con la función de un útero, ya que sostiene a la siguiente generación hasta que sus propias trabajadoras reemplazan a los ejemplares de la madre. “El cuidado parental llega, por lo tanto, a tal extremo que la descendencia hereda el nido de la madre, mientras que ella misma arriesga su vida al emigrar para establecerse en otro lugar”, señaló Bonhoff. Las obreras mayores incluso pueden orientar a las nuevas recolectoras mediante la danza del meneo, un movimiento con el que indican a otros individuos dónde encontrar alimento. La cría artificial de reinas y los parásitos requieren otra lectura La hipótesis tiene implicaciones para la forma en que se evalúan las pérdidas de colmenas y la resistencia frente a la varroa, un ácaro parásito que vive en las abejas melíferas. Algunos estudios calculan la duración de una colmena según el tiempo que un nido permanece ocupado; en uno de ellos, los lugares quedaron vacíos entre 3 y 5 años después de la llegada del parásito. Para Bonhoff y Helanterä, ese resultado podría no indicar la desaparición de la colonia que fue infestada originalmente. La ocupante final de la comunidad podría ser una descendiente de varias generaciones posteriores, mientras el grupo inicial se habría desplazado mediante un enjambre y contribuido a una población que continúa existiendo en otra ubicación. La práctica de reemplazar artificialmente a las reinas también queda bajo cuestionamiento. Un informe previo publicado en la revista Journal of Apicultural Research sobre pérdidas invernales recomendaban cambiar al menos el 50% de las reinas para reducir la mortalidad de las colmenas. Sin embargo, la revisión sostiene que ese procedimiento termina con el conjunto existente y deja a sus últimas obreras al cuidado de las crías de una reina ajena. “Los métodos modernos de apicultura se basan en la idea de mantener la colonia joven y sana indefinidamente”, dijo Bonhoff. A su juicio, esas intervenciones “entran en conflicto” con la estrategia reproductiva natural y con la capacidad de respuesta frente a los parásitos. Los propios autores advierten que su artículo se trata de una revisión sustentada en estudios previos, por lo que sus conclusiones sobre la sustitución de reinas y la varroa son argumentos que deberán comprobarse con métodos capaces de seguir grupos silvestres durante más tiempo.

Fuente: Infobae — Ver noticia original