
Un año después del azote del huracán Melissa en el oriente de Cuba, la reconstrucción de miles de viviendas y de la infraestructura esencial permanece paralizada por el agravamiento de la crisis energética. Pese a la asistencia humanitaria brindada en las zonas siniestradas, la carencia de combustible y la precariedad de la red eléctrica nacional profundizan el aislamiento y la vulnerabilidad de las poblaciones damnificadas.
El fenómeno meteorológico tocó tierra durante la madrugada del 29 de octubre de 2025 con categoría 3 en la escala Saffir-Simpson. Sus vientos y precipitaciones provocaron destrozos directos a 2,2 millones de habitantes en las provincias de Santiago de Cuba, Granma y Holguín.
A su paso, el ciclón destruyó tendidos eléctricos, inutilizó tramos viales y provocó afectaciones severas en 851 planteles educativos, decenas de centros asistenciales y más de 40 mil hectáreas de cultivos agrícolas.
En territorio santiaguero, más de 70 mil familias todavía esperan la reparación de sus hogares, tras doce meses marcados por la falta de recursos y el estancamiento de las obras públicas. Si bien a finales de 2025 el Estado distribuyó tejas y clavos a varios damnificados, el flujo de materiales se detuvo a partir de febrero debido al desabastecimiento de hidrocarburos en los servicentros y depósitos oficiales.

Ángel Hechavarría, residente de la provincia afectado por el derrumbe parcial del techo de su casa, relató cómo la parálisis gubernamental frustró las expectativas vecinales.
Según su testimonio, los camiones estatales trasladaban insumos de manera regular en enero, pero la falta de diésel detuvo el trabajo de las cuadrillas y el despacho de materiales.
La imposibilidad de importar crudo —atribuida por las autoridades de Cuba a las sanciones impuestas por Estados Unidos— junto con el déficit financiero del régimen cubano, dejó abandonados los programas de rehabilitación tanto en sectores urbanos como en cientos de comunidades rurales remotas.
Los cortes de energía obstaculizan la ayuda humanitaria
Esta parálisis logística repercute de forma directa en las organizaciones internacionales. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) advirtió que la recuperación continúa trabada por fallas estructurales en el abastecimiento eléctrico.
Además, las interrupciones en los suministros globales y los apagones prolongados en todo el país impiden sostener el bombeo de agua potable, el traslado de insumos pesados y la conservación de víveres en bodegas comunitarias.
“Cuando se corta la luz, una clínica no puede mantener las vacunas refrigeradas, una bomba no puede llevar agua a un barrio y nuestros voluntarios no pueden llegar a las familias que los necesitan”, afirmó el doctor Carlos Pérez Díaz, presidente ejecutivo de la Cruz Roja Cubana.

Las brigadas de socorro trabajan en medio de cortes diarios mientras atienden a poblaciones expuestas a brotes de dengue y chikungunya provocados por el deterioro ambiental y la falta de saneamiento.
En el ámbito doméstico, la pérdida de sembradíos y la falta de gas licuado obligaron a miles de familias a cocinar con carbón vegetal y leña, lo cual eleva los problemas respiratorios en menores y adultos mayores.
Frente a estas necesidades, el reparto previsto de 1,600 paquetes de reparación de techos sigue condicionado a la disponibilidad de carburante. La emergencia humanitaria internacional abierta en octubre de 2025 para financiar tareas de socorro requería 18 millones de francos suizos, pero el fondo solidario apenas alcanzó el 38,6% de los recursos necesarios.
Loyce Pace, directora regional del organismo para las Américas, alertó que la escasez de fondos restringe la posibilidad de aliviar las condiciones de vida de las comunidades damnificadas.
Fuente: Infobae — Ver noticia original