
Las fallas ocasionales de memoria o un momento de confusión no bastan para definir un diagnóstico de Alzheimer. Cuando los olvidos se repiten y afectan la vida cotidiana, pueden ser la manifestación de un proceso biológico iniciado años antes.
Un estudio de la Universidad de Stanford identificó un patrón de actividad cerebral asociado con el riesgo de Alzheimer antes de la aparición de olvidos persistentes u otras dificultades cotidianas.
Para desarrollar la puntuación ARC (Alzheimer’s Resilience-Vulnerability Connectome), el equipo comparó resonancias de superancianos (personas de 75 años o más con una memoria inusualmente preservada) con las de pacientes diagnosticados con Alzheimer. La escala ARC permite medir cuánto se parece la actividad cerebral en reposo de una persona al perfil de los superancianos o al de los pacientes con Alzheimer.
Identificar el riesgo 12 años antes de los síntomas
Al aplicar la escala a más de 1.300 personas de entre 55 y 70 años sin deterioro cognitivo, una puntuación próxima al perfil de Alzheimer se asoció con un descenso cognitivo más rápido, mayor acumulación de beta-amiloide y una probabilidad más alta de recibir ese diagnóstico.
En los seguimientos más extensos, que alcanzaron los 12 años, cuanto mayor era el parecido con el patrón de Alzheimer, mayor era el riesgo de esos resultados. Los valores cercanos al perfil de los superancianos se vincularon con una evolución más favorable.
El estudio, publicado en Science Advances, no constituye una prueba diagnóstica ni permite determinar el futuro de cada persona. Sus autores consideran que la escala deberá evaluarse en otras poblaciones antes de cualquier aplicación clínica.

La actividad cerebral en reposo permitió diferenciar dos perfiles
Los investigadores analizaron resonancias magnéticas funcionales en reposo de 180 superancianos y 110 personas con Alzheimer. La técnica registra la actividad cerebral mientras la persona permanece quieta dentro de un escáner.
El análisis detectó combinaciones de menor y mayor actividad en distintas regiones que distinguían a ambos grupos. Con esos datos, el equipo desarrolló la puntuación Alzheimer’s Resilience-Vulnerability Connectome (ARC), que diferenció los dos perfiles con una precisión cercana al 85 %.
Después, los autores evaluaron ARC en adultos de 55 a 70 años que no presentaban problemas cognitivos al momento de las imágenes. Al inicio, las pruebas de memoria, atención y función ejecutiva no mostraban diferencias claras entre quienes obtenían valores altos o bajos.

La distancia entre los grupos se hizo visible en los controles posteriores. Las personas con puntuaciones más próximas al perfil de Alzheimer registraron una caída cognitiva más rápida, mientras que quienes se acercaban al patrón de los superancianos tuvieron el descenso más lento.
“Queremos abordar un desafío importante en el campo del Alzheimer: la mayoría de los estudios se concentra en biomarcadores conocidos, como el beta-amiloide o la proteína tau. Pero estos se observan en etapas relativamente tardías de la enfermedad”, afirmó Yu Zhang, profesor adjunto de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en Stanford y autor principal del trabajo.
Según Zhang, el objetivo consiste en identificar indicadores que permitan reconocer antes los cambios asociados al deterioro cognitivo y orientar intervenciones oportunas.
La escala ARC mostró capacidad predictiva comparable con otros indicadores

El estudio comparó el rendimiento de ARC con datos demográficos, biomarcadores de beta-amiloide y tau, y factores genéticos. Los autores informaron que la puntuación tuvo una capacidad similar o superior para anticipar la progresión hacia el deterioro cognitivo o el Alzheimer. Al combinarla con los indicadores ya disponibles, mejoró la capacidad predictiva.
“Utilizamos la puntuación ARC para predecir la probabilidad de que este paciente desarrolle un deterioro cognitivo leve o la enfermedad de Alzheimer”, explicó Kanhao (Alex) Zhao, investigador postdoctoral en Psiquiatría y autor principal del estudio.
Los seguimientos variaron entre las distintas bases de datos. Los más extensos alcanzaron los 12 años, aunque la mayoría duró entre cinco y seis. Zhao señaló que el modelo mostró una capacidad predictiva comparable o superior a otros marcadores y que podría aportar información en una fase previa.
La escala todavía no permite diagnosticar Alzheimer

Los investigadores subrayaron que ARC es una herramienta en desarrollo para observar el estado cognitivo y no sirve para diagnosticar Alzheimer. Una puntuación refleja una situación puntual, no un destino inevitable.
El envejecimiento, las lesiones cerebrales y los trastornos neuropsiquiátricos pueden modificar los patrones de actividad. Además, aún se desconoce si cambiar esa actividad puede alterar el curso del deterioro cognitivo o prevenir la enfermedad. Intervenciones como el entrenamiento cognitivo o la estimulación magnética transcraneal podrían orientar esos patrones hacia un perfil de mayor resiliencia. Esa posibilidad no fue evaluada en este trabajo.
El equipo prepara un ensayo que medirá la escala ARC antes y después de un programa de entrenamiento cognitivo. El trabajo contó con la participación de investigadores del Children’s National Hospital, la Universidad de Texas en Austin, la Universidad de Lehigh, la Facultad de Medicina de Penn State, la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York y la Universidad de California en Los Ángeles.
Los cambios persistentes que afectan la autonomía requieren evaluación profesional

Los hallazgos de este estudio se inscriben en una recomendación frecuente de los especialistas: consultar cuando los olvidos o los cambios de conducta persisten y afectan la vida cotidiana.
El doctor Guido Dorman, jefe del Departamento de Neurología Cognitiva de INECO, explicó a Infobae que “los cambios biológicos vinculados con la enfermedad de Alzheimer pueden comenzar muchos años antes de que aparezcan las primeras manifestaciones clínicas. Durante ese período, una persona puede no presentar dificultades cognitivas evidentes y llevar adelante su vida con normalidad”.
En la misma nota, el doctor Ignacio Flores, neurólogo del Centro de la Memoria del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, señaló: “Si bien hoy es una patología que no tiene cura y es lentamente progresiva, el Alzheimer tiene tratamiento. El diagnóstico temprano realizado por profesionales especializados junto con el tratamiento adecuado ayudan a enlentecer la progresión de la enfermedad y a mejorar la calidad de vida de los pacientes y las familias”.
Los olvidos aislados tampoco confirman por sí solos la enfermedad. Si un problema resulta levemente molesto, pero no afecta la capacidad para realizar las actividades cotidianas, es poco probable que sea un síntoma de demencia.
Las dificultades persistentes de memoria, orientación, lenguaje o planificación que interfieren con la vida diaria sí justifican una evaluación profesional.
Fuente: Infobae — Ver noticia original