En la víspera de una nueva cita con nuestra memoria colectiva, cuando los cuerpos nos disponemos a habitar la calle con el despliegue del Orgullo, la noche en los Bosques de Palermo nos devolvió la imagen más despiadada del odio. Un grupo de decenas de jóvenes en bicicleta se organizó de manera premeditada, apelando a la simbología ficcional de una “purga”, para cazar a travestis y mujeres trans en su lugar de trabajo. El resultado: al menos seis compañeras con heridas, golpizas con palos y piedras, cortes con vidrios y la posterior jactancia en redes sociales ostentando el ataque como si fuera un trofeo impune. Sí, apedreadas. Y esto tendrá sentido en la nota más adelante.
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