
Las enfermedades transmitidas por los mosquitos mantienen la presión sobre la salud pública. La malaria y el dengue dependen de especies distintas, pero ambas comienzan con el contacto de una hembra con la piel humana. Ahora, una investigación halló que Anopheles pica en cinco pasos y localiza los vasos sanguíneos antes que Aedes aegypti, especie asociada a la transmisión del dengue.
Hasta ahora, se conocía que los mosquitos usan el olor, el calor y otras señales del cuerpo para acercarse a una persona. Faltaba observar con detalle qué ocurre desde que apoyan las patas sobre la piel hasta que extraen sangre. La piel impide ver las partes bucales bajo la superficie y muchos movimientos son demasiado rápidos para el ojo humano.
El trabajo, publicado en la revista Science Advances, examinó a hembras de Anopheles coluzzii, un mosquito que puede transmitir malaria en África subsahariana. El equipo combinó videos de alta velocidad, seguimiento digital de los movimientos y registros eléctricos para describir, en tiempo real, lo que ocurre durante la alimentación sobre la piel de una misma voluntaria.

La picadura tiene cinco fases reconocibles
Los investigadores distinguieron cinco fases reconocibles: perforación de la piel, búsqueda de un vaso sanguíneo, ingestión de sangre, retracción y retiro de las partes bucales. Los registros eléctricos permitieron seguir la actividad que queda oculta bajo la piel. Cuando la estructura que usa el mosquito para perforar atraviesa la superficie, completa un circuito y genera variaciones de voltaje que permiten reconocer cada etapa.
La perforación comienza cuando la hembra mueve la punta de su aparato bucal sobre la piel y ajusta la posición de las patas delanteras. Luego introduce un conjunto de piezas finas, entre ellas el estilete, que es la estructura que atraviesa el tejido y busca el vaso. La coordinación entre patas y boca puede ayudarla a modificar la profundidad y la dirección de la exploración, según indica el estudio.
Una vez que encuentra sangre, el insecto queda casi inmóvil en la superficie y el abdomen se expande. Sin embargo, los registros mostraron actividad constante bajo la piel. En promedio, obtuvo sangre en 160 segundos, de los cuales 128 correspondieron a la ingestión y 21 a la búsqueda del vaso.
Anopheles halló los vasos 17 segundos antes que Aedes

La comparación con Aedes aegypti mostró una diferencia en las primeras fases de la picadura. Las dos especies tardaron cerca de lo mismo en completar todo el proceso: 160 segundos en Anopheles y 165 en Aedes. Sin embargo, el mosquito vinculado con la malaria perforó la piel y retiró sus partes bucales con mayor rapidez.
La mayor distancia apareció durante la búsqueda de vasos sanguíneos. 17 segundos antes que Aedes, Anopheles coluzzii logró encontrarlos. Según se detalla en el estudio, siguió una búsqueda más dirigida, con movimientos breves y pausas, mientras que la otra especie realizó más movimientos de exploración.
También hubo diferencias en la forma de atravesar la piel. El estudio señala que Anopheles lo hace de manera más abrupta, con movimientos menos previsibles, y que Aedes mantiene un patrón más gradual y rítmico.
El comunicado de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia resume que esas estrategias distintas podrían relacionarse con que algunas picaduras de Aedes pasen inadvertidas, aunque esa relación aún debe comprobarse.
Las señales químicas influyen, pero no explican todo

El equipo estudió además los genes orco e IR76b, relacionados con la detección de señales químicas. Para ello, analizó mosquitos con modificaciones en esos genes, que participan en sistemas sensoriales usados para reconocer sustancias del entorno y de la piel.
IR76b tuvo el mayor efecto. Muchas hembras con ambas copias del gen modificadas no iniciaron la exploración de la piel o no lograron obtener una comida de sangre. Las modificaciones en orco produjeron cambios menores. En los casos en que los insectos sí pudieron alimentarse, las diferencias principales aparecieron durante la ingestión, que resultó más repetitiva y menos flexible que en los mosquitos sin modificaciones.
Los resultados no identifican una forma inmediata de evitar picaduras ni demuestran una nueva estrategia contra la malaria. Sí aportan una descripción detallada de un comportamiento que hasta ahora era difícil de observar. El estudio se realizó con líneas de laboratorio de ambas especies y con una sola voluntaria, por lo que harán falta pruebas con otros mosquitos y condiciones de piel para establecer cuánto varían estos patrones.
Fuente: Infobae — Ver noticia original