
Mientras París vive jornadas de protestas sociales que han llegado a cerrar temporalmente el Louvre, Art Basel Paris inauguró su quinta edición con una instalación que parece dialogar con las calles: GOD HATES SPACE, una película inmersiva de GENER8ION, el mismo dúo artístico detrás del videoclip viral de “Storm” —con más de 37 millones de reproducciones en YouTube—, que narra la autopropaganda de un grupo insurgente ficticio en Estados Unidos. La ficción y la realidad se cruzan en el Grand Palais, la caja de cristal de los Campos Elíseos donde los coleccionistas más poderosos del planeta reciben en sus móviles instrucciones de seguridad ante posibles disturbios.
La pieza audiovisual, desplegada en una pantalla gigante de 12 metros de largo por tres de alto en la Rotonde d’Antin del edificio acristalado, sitúa su trama en el año 2034. En ella, la Armada de liberación de Agartha difunde un vídeo de propaganda del grupo insurgente 6Chan, cuya teología defiende que la Tierra es hueca, prohíbe la exploración espacial y sostiene que el paraíso se encuentra en el interior del planeta. GENER8ION está formado por el cineasta Romain Gavras y el compositor Surkin. Que Art Basel haya elegido esta obra para abrir su edición parisina no parece casual: la feria la presenta como una apuesta por “fomentar los encuentros entre disciplinas, prácticas artísticas y públicos, a través de experiencias innovadoras y accesibles”, según un comunicado de la organización.
Coleccionistas blindados en una ciudad que arde
Fuera del Grand Palais, el paisaje es otro. Las protestas sociales obligaron este lunes a cerrar temporalmente el Louvre por la presión de los manifestantes, y durante el fin de semana previo corrieron la misma suerte el Jeu de Paume y uno de los espacios de la galería Hauser & Wirth. La consigna de la feria, sin embargo, fue abrir ante todo. “Lo más importante es la seguridad de nuestros expositores, trabajadores y público, y de las obras”, afirmó Karim Crippa, director de Art Basel Paris. “Estamos gestionando este contexto de la mejor manera posible: con optimismo, realismo y precisión”.
La apuesta parece razonable: no se registraron incidentes en el Grand Palais durante las primeras jornadas. Aunque la feria abre oficialmente sus puertas el 23 de octubre, desde el martes accedieron los titulares de un pase VIP —grandes coleccionistas internacionales, directores de museos, artistas, comisarios, críticos y periodistas especializados— con la expectativa de que definan la tónica del mercado del arte global en el presente y el futuro inmediato. Crippa aseguró que las cifras de invitados que confirmaron asistencia son similares o incluso superiores a las del año pasado.
Ventas millonarias y un mercado que busca certezas
Los números respaldan, por ahora, ese optimismo. La jornada de Avant-Première abrió el martes con una pintura de Modigliani a la venta por casi 100 millones de euros en el trío galerístico PDS-Pace Di Donna Schrader Galleries. Hauser & Wirth confirmó ventas como un Richter y un Baselitz por unos diez millones de euros cada uno, y una obra de Mark Bradford por 3,5 millones. La neoyorquina Yares Art colocó un Frank Stella por 6,7 millones. Todo pintura, eterno valor seguro en tiempos inciertos.
El panorama general es de un optimismo moderado: tras dos años consecutivos de caída, el mercado del arte repuntó un 4% en 2025, pero los niveles de hace tres años quedan lejos. Los analistas coinciden en que el sector vive un momento frágil, marcado por la incertidumbre económica y geopolítica y por una concentración creciente del gasto en los segmentos más altos.
“Hablar de una crisis generalizada del mercado del arte sería engañoso, porque todo depende de qué mercado estemos hablando. Pero sí se percibe mayor cautela y un coleccionismo más selectivo”, señaló la coleccionista y mecenas hispanomexicana Lorena Pérez-Jácome, que viajó desde Madrid para tomar el pulso a la feria. “Se nota: hay menos obras conceptuales y un regreso a lo tangible, a la pintura y la escultura”.
Del urinario de Duchamp a la generación Z
En los stands de primer nivel, la pintura domina las paredes: Julian Schnabel y Jean Dubuffet en Pace, Josef Albers en David Zwirner, Baselitz en White Cube, Alex Katz y el inevitable Picasso en Thaddaeus Ropac, Gerhard Richter y Cy Twombly en Hauser & Wirth. Los referentes escultóricos también abundan: Calder, Yayoi Kusama (en Victoria Miro), Cristina Iglesias y Louise Bourgeois. Gagosian se marcó un golpe de efecto al juntar a Jeff Koons con Marcel Duchamp, urinario incluido. Y en los pasillos laterales y el piso superior, las secciones Premise y Émergence —dedicadas a proyectos singulares y galerías jóvenes— ofrecen algunas de las propuestas más estimulantes, a cargo de salas como Blue Velvet (Zúrich), Mariposa (Los Ángeles) o LoBrutto Stahl (París).
El informe The Art Basel & UBS Survey of Global Collecting 2026 confirma que la generación Z ya es un actor relevante del mercado: los coleccionistas con grandes patrimonios de esta franja de edad fueron los que más gastaron en arte. También muestran mayor disposición a descubrir artistas desconocidos, aunque investigan antes de comprar. Para las galerías, atraer a estos jóvenes compradores supone un reto evidente, y en esa clave se entiende el nombramiento de Crippa como director a sus 35 años. “Los jóvenes coleccionistas, interesados en las experiencias antes que en acumular objetos, aprecian la experiencia de acercarse al arte en el Grand Palais”, afirmó.
París le disputa a Basilea el trono del arte contemporáneo
Tras el efecto del Brexit, París logró desbancar a Londres como principal nodo europeo del arte contemporáneo. Pero hay otro factor que incide en la relevancia de la ciudad: su valor simbólico como capital del lujo. Ese universo atraviesa su propia crisis después de dos años de contracción y una larga escalada de precios que terminó por alejar a parte de su clientela. En este contexto, para las grandes firmas apoyar a artistas y vincular su imagen a instituciones culturales permite recuperar capital simbólico. El programa de arte público de Art Basel Paris está patrocinado por Miu Miu, y fundaciones como Cartier o Vuitton exhiben músculo con sus centros de arte, mientras que François Pinault apuesta por su Bourse de Commerce, la antigua bolsa reformada por el arquitecto Tadao Ando.
“París tiene un dinamismo mucho mayor”, afirmó Paul-Emmanuel Reiffers, coleccionista y referente de la comunicación de moda. “Las galerías que antes reservaban sus mejores obras para Basilea están guardando ahora también piezas importantes para París”. Pérez-Jácome coincidió: “Basilea sigue siendo la madre de todas las ferias, especialmente para quienes buscan la joya de la corona. Pero París ofrece una experiencia mucho más completa”.
En el Grand Palais, el clima combina la calma tensa con la efervescencia. La mayor parte de los asistentes son hombres y mujeres de mediana edad que convergen con la imagen habitual del coleccionista europeo. Pero entre ellos también se mezclan rostros más jóvenes, algunos presumiblemente de la generación Z: la misma que hasta hace poco hacía arder París. Afuera, la instalación de GENER8ION sigue proyectando su insurrección ficticia. Adentro, el mercado del arte busca certezas.
Fuente: Infobae — Ver noticia original