Ángel Gómez lleva casi cuatro décadas detrás del mostrador de su pescadería. Con 37 años de experiencia, sostiene que el sector atraviesa una falta de jóvenes que se acerquen a los negocios de barrio y la competencia feroz de los supermercados están cambiando para siempre la forma de consumir pescado.
Según Ángel, la diferencia de calidad entre el pescado fresco de la pescadería y el que se vende en grandes superficies es notoria. “El pescado del súper es de peor calidad, está más atrasado”, afirmó. Incluso relató que, en su local, llegó a retirar productos que no le convencían para evitar que sus clientes se los llevaran, algo que asegura que no ocurre en los supermercados.
El cambio de hábitos y la desconexión con los jóvenes
El avance de los supermercados y centros comerciales modificó los hábitos de compra, sobre todo entre las nuevas generaciones. Para Ángel, los jóvenes priorizan la comodidad y la inmediatez: buscan hacer todas sus compras en un solo lugar, con productos listos o precocinados, y dejan de lado las pescaderías tradicionales.
Esta tendencia, sumada al desconocimiento sobre cómo preparar ciertos pescados, aleja aún más a los consumidores jóvenes de los comercios de barrio. “Muchos no saben cómo cocinar determinados productos y prefieren lo fácil”, explicó para El Español.
Además de los desafíos comerciales, Ángel enfrenta a diario las dudas de los clientes sobre la seguridad alimentaria, en especial por el temor al anisakis. Con la experiencia que le dan los años, desmitificó el riesgo: “Si se fríe el pescado no pasa nada porque el bichito se muere. Si lo vas a comer crudo, hay que congelarlo”, recomendó.
El pescadero también aclaró que muchos pescados de acuicultura llegan al mercado libres de anisakis, por lo que su consumo es seguro. Sin embargo, la falta de información hace que muchos jóvenes opten por los productos congelados.
Fuente: TN — Ver noticia original