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Empezó a cantar en una capilla y hoy vive un sueño junto al papa León XIV: la historia de Mechi Ruiz Luque, la argentina que encontró en la música una forma de transmitir su fe

Quién es Mechi Ruiz Luque. Cuándo le canta al papa León XIV Mechi Ruiz Luque.
Empezó a cantar en una capilla y hoy vive un sueño junto al papa León XIV: la historia de Mechi Ruiz Luque, la argentina que encontró en la música una forma de transmitir su fe

La historia de Mechi Ruiz Luque con la música no empezó con un escenario, un contrato discográfico ni el sueño de convertirse en cantante profesional. Comenzó en una capilla, con una guitarra entre las manos y una timidez que durante mucho tiempo le impidió animarse a cantar. Años después, aquella vocación que fue creciendo casi sin que se diera cuenta la llevará a protagonizar un momento muy especial, será la voz solista de una de las canciones más conocidas de su repertorio durante el encuentro de jóvenes con el papa León XIV en Argentina.

“Soy una persona que conoció el amor de Dios y no puede callarlo. Y a mí, ante tanto amor, me sale cantar”, define Mechi en diálogo con El Destape al hablar de sí misma. En esa frase resume el recorrido que fue construyendo a lo largo de los años, en el que la música dejó de ser una actividad vinculada a su comunidad religiosa para convertirse en una forma de expresión, oración y encuentro con los demás.

Su primer acercamiento llegó a los 15 años, cuando empezó a tocar la guitarra en una capilla a la que asistía junto a su familia. Poco después se sumó a un grupo de misión y, como era una de las pocas personas que sabía tocar el instrumento, comenzó a acompañar los coros durante las misas y celebraciones. Sin embargo, todavía le costaba poner la voz.

“Al principio no cantaba porque era muy tímida. Pero, de a poco, me fui viendo ‘obligada’ a sacar la voz: si no cantaba, ¡los demás no sabían qué canción estaba tocando!”, recuerda entre risas. Aquellas primeras experiencias fueron el comienzo de un camino que también encontró continuidad durante su etapa universitaria, cuando organizó distintas actividades pastorales y, casi siempre, terminaba formando parte del coro.

Así descubrió que cantar podía ser mucho más que interpretar una melodía. Para ella, se convirtió en una herramienta para rezar y ayudar a otros a hacerlo. La música empezó a ocupar un lugar cada vez más importante en su vida, hasta convertirse en el lenguaje a través del cual encontró una manera de compartir su fe.

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La canción que nació para un retiro y llegó mucho más lejos

En 2011, junto a Bernardita Ponce Mora y Soledad Sacchiero, compuso Vida en abundancia, una canción que terminaría marcando un antes y un después en su historia musical. El tema nació en un contexto muy distinto al que hoy la tiene como protagonista de un acontecimiento multitudinario, fue un retiro de Semana Santa al que iban a asistir 120 personas.

Las tres formaban parte del equipo organizador y llevaban meses preparando el lema, las charlas y las distintas actividades. En ese proceso surgió la idea de crear una canción que acompañara los momentos de oración y estuviera vinculada con los temas que se iban a trabajar durante esos días.

“Pensamos que se iba a cantar en esos días y que después quedaría en el olvido, pero Dios tenía otros planes…”, cuenta Mechi. La composición surgió de manera sencilla, entre encuentros, mates y guitarras, sin que ninguna de ellas imaginara el recorrido que tendría por delante.

De hecho, la expectativa inicial era mucho más acotada, compartirla con las 120 personas que participarían del retiro. Con eso ya estaban felices. Sin embargo, con el paso del tiempo empezaron a recibir noticias de que la canción se interpretaba en otros retiros, parroquias y comunidades. Lo que había nacido para una actividad puntual comenzó a multiplicarse y a trascender las fronteras de aquel primer encuentro.

Para Mechi, saber que una composición propia forma parte de la vida espiritual de tantas personas es uno de los regalos más grandes que recibió. A lo largo de los años llegaron mensajes de oyentes que le contaron cómo la canción los había acompañado en momentos de alegría, pero también en situaciones de dolor, pérdidas y dificultades.

“Nos cuentan que los acompañó en momentos de alegría y en momentos de dolor, que los ayudó a atravesar situaciones difíciles, que gracias a la canción sintieron la presencia de Dios en tal circunstancia”, relata. Escuchar esas historias también significó una invitación a continuar componiendo y a encontrar nuevas maneras de transmitir su fe a través de la música.

En 2011, junto a Bernardita Ponce Mora y Soledad Sacchiero, compuso “Vida en abundancia”, una canción que terminaría marcando un antes y un después en su historia musical.

Vida en abundancia fue, en ese sentido, el comienzo de algo mucho más grande. Después llegaron otras canciones, grabaciones y publicaciones que hoy están disponibles en las plataformas digitales. También tuvo la oportunidad de participar en encuentros y eventos, visitar distintas comunidades y llevar sus composiciones al escenario. Sin embargo, hay algo que permanece intacto desde aquellas primeras experiencias en la capilla, el valor del encuentro con otras personas.

Aunque suele presentarse como cantante y compositora, Mechi prefiere otra definición. “Me identifico más con lo último: soy una persona que encontró en la música una forma de transmitir la fe”, explica. Su recorrido artístico está atravesado por esa búsqueda, que no separa la creación musical de su vocación religiosa.

El llamado inesperado para cantar ante el Papa León XIV

El reconocimiento que alcanzó aquella canción tuvo ahora una consecuencia que Mechi todavía intenta dimensionar. La directora del coro que participará del encuentro con el papa León XIV se comunicó con ella para contarle que habían elegido interpretar Vida en abundancia durante la jornada de jóvenes. La propuesta incluía una invitación especial, ser la solista del tema y sumarse al coro para acompañar musicalmente todo el encuentro.

La respuesta fue inmediata. “Recibí la propuesta con mucha alegría y dije que sí a todo”, recuerda. Pero la dimensión de lo que estaba por vivir tardó un poco más en hacerse presente. “Lo primero que pensé fue: ‘No lo puedo creer’. No caía, no entendía nada. Y de a poco fue asomando una mezcla de alegría, emoción, nervios… ¡todo junto!”, cuenta sobre el momento en que recibió la noticia.

Además de interpretar la canción que compuso hace 15 años, participará de un repertorio especialmente pensado para acompañar los distintos momentos de la actividad. Junto al coro cantará temas actuales dirigidos a los jóvenes, como Joven levántate y Emaús, y clásicos de la música religiosa como El Dios de la vida, Alma misionera y Esperando contra toda esperanza.

Para Mechi, participar de este acontecimiento representa tanto una alegría como una responsabilidad. Desde hace varias semanas, los integrantes del coro se preparan con ensayos, estudio de partituras y aprendizaje de arreglos musicales. Pero el trabajo también le permitió conocer de cerca el compromiso y la dedicación de todas las personas involucradas.

“Queremos ser instrumentos para todos los jóvenes que participen. Algunos irán por convicción, otros por curiosidad… por la razón que sea, solo Dios conoce sus corazones. Nuestra intención es que todos se sepan amados, invitados, llamados a vivir una vida plena”, sostiene.

En ese sentido, también habló de que la música católica todavía tiene desafíos por delante. Cree que persisten prejuicios que la ubican como un género limitado, aburrido en lo musical o destinado exclusivamente a quienes profesan una religión. Para ella, el desafío es demostrar que las canciones nacidas de la fe también pueden tener una gran calidad artística y llegar a públicos diversos. No se trata solamente de componer para una comunidad religiosa, sino de crear música capaz de conmover a cualquier persona, independientemente de sus creencias.

Por eso, cuando se le pregunta qué le gustaría que encontrara alguien que no es creyente al escuchar sus canciones, la respuesta es breve y contundente: “Me encantaría que encontrara, aunque sea, una oportunidad para conocer a Dios”.

Fuente: El Destape — Ver noticia original