
Antes de aprender a hablar, Daisy y Violet Hilton, dos gemelas siamesas, ya eran exhibidas ante desconocidos en Brighton, Inglaterra. Las niñas quedaron bajo la tutela de adultos que, en vez de protegerlas, convirtieron su condición en un espectáculo y administraron las decisiones sobre su vida.
De acuerdo con All That’s Interesting, las hermanas nacieron el 5 de febrero de 1908 unidas por la pelvis y los glúteos. La medicina llama pigopagia a esta condición: compartían parte de la pelvis y la circulación sanguínea, pero no órganos internos principales.
Su caso despertó interés médico desde sus primeros años. En 1911, el doctor James Augustus Rooth publicó un estudio en el British Medical Journal y advirtió que una operación para separarlas suponía un riesgo alto para una o ambas.
Mary Hilton transformó la tutela de las niñas en un negocio
Antes de que médicos documentaran su caso, otras personas ya decidían el rumbo de sus vidas. Su madre biológica, Kate Skinner, trabajaba como camarera y no estaba casada. Según Brighton & Hove Museums, quedó horrorizada al conocer la condición de las niñas y creyó que se trataba de un castigo divino por haber dado a luz fuera del matrimonio. Luego las dejó al cuidado de la partera Mary Hilton, quien les dio su apellido.

Hilton administraba un bar y cobraba la entrada a quienes querían ver a las niñas. Con el paso de los años, organizó giras por Europa, les enseñó música y baile y las presentó con un nombre artístico que sugería, sin pruebas, un parentesco con la familia de la reina Victoria.
La formación musical las llevó de las ferias a los teatros
La preparación artística amplió el tipo de presentaciones que podían realizar. Daisy aprendió violín y Violet saxofón, y las dos adquirieron destrezas en otros instrumentos. Así pasaron de las exhibiciones de feria a los teatros de variedades, donde su número combinaba música y baile.
El Departamento de Recursos Naturales y Culturales de Carolina del Norte señala que Mary Hilton y, más tarde, su hija Edith junto con su esposo, Myer Myers, organizaron las actuaciones de las hermanas desde su niñez. Cuando Mary murió en 1919, el matrimonio asumió esa tarea y las trasladó a Estados Unidos.

En San Antonio, Texas, los Myers manejaban tanto las presentaciones como la vida cotidiana de las jóvenes. Actuaron en teatros de variedades y compartieron cartel con artistas conocidos, entre ellos Bob Hope. Algunas estimaciones calculan que sus funciones generaban USD 5.000 por semana, una cifra elevada para la época, pero las hermanas no podían decidir qué hacer con ese dinero.
Fuera del escenario, la situación difería de la imagen de éxito que transmitían. Varios testimonios indican que los Myers las mantenían aisladas y recurrían a castigos físicos cuando se resistían a sus exigencias. Con el tiempo, Daisy y Violet lograron consultar a un abogado y llevaron el conflicto ante la Justicia.
La emancipación de 1931 puso fin a la tutela de los Myers
En 1931, Daisy y Violet Hilton demandaron a sus tutores para rescindir el contrato que les impedía controlar su trabajo y sus ingresos. El juicio les concedió la emancipación legal y una indemnización de USD 100.000, según el organismo cultural de Carolina del Norte. La compensación cubría solo una parte de lo que habían generado durante años de giras y funciones.
La libertad llegó cuando los espectáculos de feria y los teatros de variedades empezaban a perder público frente al cine. Aunque las hermanas tenían experiencia y reconocimiento, conseguir nuevos contratos se volvió cada vez más difícil.
En 1932 participaron en Freaks, dirigida por Tod Browning, junto con otros artistas provenientes de ferias de la época. Más tarde actuaron en espectáculos burlescos y protagonizaron Chained for Life, estrenada en 1951. La película retomó aspectos de su historia, pero no resolvió sus dificultades económicas.

Años después, Violet Hilton resumió la contradicción de su trayectoria: “Nos engañamos al pensar que al entretener a otros nos hacíamos felices”, afirmó, según All That’s Interesting. La frase refleja la distancia entre la atención que recibían en los escenarios y las condiciones en las que habían iniciado su carrera.
El final de los escenarios las llevó a una vida anónima en Charlotte
En 1961, el representante de las hermanas las dejó sin recursos durante una gira por Carolina del Norte. Tras abandonar las actuaciones, consiguieron empleo en una tienda de comestibles de Charlotte. Allí llevaron una rutina alejada de los viajes y las funciones que habían ocupado la mayor parte de sus vidas.
El 4 de enero de 1969 fueron halladas muertas en la vivienda que compartían. Ambas habían contraído la gripe de Hong Kong. Los relatos sobre sus últimos días señalan que Daisy murió primero y que Violet permaneció con vida durante un breve período, sin pedir auxilio.
Fueron enterradas en el cementerio Forest Lawn West, en Charlotte. Décadas después, Brighton colocó una placa conmemorativa en el número 18 de Riley Road, la dirección donde nacieron.
Fuente: Infobae — Ver noticia original