
“Puedo asegurarles hoy que ya hemos identificado a algunas de las personas en Nueva Orleans que participaron en la conspiración, y que se realizarán arrestos”. Con estas palabras, el fiscal de distrito de Nueva Orleans, Jim Garrison, desafió públicamente la conclusión oficial de que Lee Harvey Oswald había actuado en solitario en el asesinato del presidente John F. Kennedy. Ese anuncio, en febrero de 1967, transformó una investigación local en un caso de repercusión nacional.
Kennedy fue asesinado el 22 de noviembre de 1963 durante una caravana presidencial en Dallas, Texas. La policía detuvo a Oswald, un exmarinero de 24 años, al considerarlo el principal sospechoso. Pero, dos días después y ante las cámaras de televisión, el dueño de un boliche llamado Jack Ruby lo mató a tiros mientras era trasladado bajo custodia policial. Oswald murió sin ser juzgado y, un año más tarde, la Comisión Warren dictaminó que el magnicidio había sido obra de un único hombre.
Garrison decidió rastrear los movimientos y contactos que Oswald había mantenido en Nueva Orleans meses antes del crimen. Su investigación apuntó a una red de presuntos cómplices y terminó con la acusación formal contra el empresario inmobiliario Clay Shaw. Pero, pese a los esfuerzos del fiscal, en marzo de 1969 un jurado lo absolvió por unanimidad. Aunque Garrison fracasó en los tribunales, su controvertida teoría sobrevivió al paso del tiempo y volvió al centro de la escena con JFK, la película de Oliver Stone estrenada en 1991. Murió el 21 de octubre de 1992.

De piloto de guerra a fiscal de distrito en Nueva Orleans
Earling Carothers Garrison nació el 20 de noviembre de 1921 en Denison, Iowa. Sus padres se separaron cuando él tenía apenas dos años. Su madre lo llevó a Nueva Orleans, Luisiana, la ciudad donde creció y construyó la carrera pública que, décadas más tarde, lo convertiría en una de las figuras más controvertidas de la historia del país.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Garrison ingresó al ejército y sirvió como piloto de aviones de observación, experiencia que le dejó secuelas psicológicas registradas años después en sus antecedentes médicos. Cuando regresó de la guerra estudió Derecho en la Universidad de Tulane y, luego de graduarse en 1949, trabajó durante dos años como agente del FBI.
Pero su camino en la carrera judicial no estuvo exento de obstáculos. Luego de ejercer en el ámbito privado, en 1958 se convirtió en asistente de la fiscalía de distrito. Su primer intento por alcanzar un cargo público fracasó en 1959, cuando perdió las elecciones para juez de un tribunal penal. Pese a eso, su revancha llegó dos años después: compitió por la fiscalía de distrito de la parroquia de Orleans, ganó los comicios de 1961 y asumió el cargo al año siguiente.
Como fiscal, Garrison saltó a la fama local por sus agresivos operativos contra el juego ilegal, la prostitución y la vida nocturna del Barrio Francés. Aunque eso hizo que se ganase el visto bueno de una parte de la prensa, también desató fuertes críticas en su contra: muchos de los arrestos no prosperaban en los tribunales y sus constantes roces con jueces y funcionarios comenzaron a definir su perfil polémico.
Para 1965, ese estilo combativo y de confrontación directa con el sistema judicial lo llevó a lograr la reelección en su cargo con un contundente 60 % de los votos. Garrison era una fuerza política local consolidada, pero el anonimato nacional estaba a punto de quedar atrás. Su salto definitivo a la historia ocurrió cuando puso la mira en los pasos de Lee Harvey Oswald por Nueva Orleans, convencido de que los secretos de la ciudad escondían la clave detrás del magnicidio de JFK.

La investigación contra Clay Shaw que terminó en absolución
A fines de 1966, Garrison comenzó a investigar los posibles vínculos entre Lee Harvey Oswald y varias personas de Nueva Orleans. Una de las primeras pistas apuntó a David Ferrie, un piloto que había trabajado para una aerolínea local y participaba en actividades anticomunistas y de apoyo a los exiliados cubanos que buscaban derrocar a Fidel Castro.
Ferrie murió el 22 de febrero de 1967 en su departamento de Nueva Orleans. Los investigadores concluyeron que fue por “causas naturales”, aunque su muerte alimentó especulaciones entre quienes seguían la investigación. Días después, el 1 de marzo, Garrison ordenó el arresto de Clay Shaw, un empresario del rubro inmobiliario que había dirigido el International Trade Mart, una institución dedicada a promover el comercio internacional. El fiscal lo acusó de conspirar para asesinar al presidente y sostuvo que utilizaba el apodo de “Clay Bertrand”, mencionado por algunos testigos. Shaw negó los cargos y afirmó que no conocía a Oswald.
El juicio comenzó el 29 de enero de 1969. Uno de los principales testigos de la fiscalía fue Perry Russo, un vendedor de seguros de la capital de Luisiana. Russo declaró que estando en una reunión en el departamento de Ferrie, donde participó un hombre al que identificó como Shaw y otra persona presentada como Leon Oswald.
Según Russo, durante la reunión ambos hablaron de cómo asesinar a Kennedy y coordinar los disparos desde distintos lugares para simular un ataque con varios tiradores. La defensa cuestionó a Russo porque, antes del juicio, fue sometido a hipnosis y recibió pentotal sódico (“suero de la verdad”), una sustancia que puede alterar la percepción y aumentar la sugestibilidad, pero que no garantiza la veracidad de las declaraciones. Además, un informe de su primera entrevista, elaborado por un asistente de la fiscalía, no mencionaba los detalles que el testigo incorporó después, entre ellos la supuesta reunión en la que se habría hablado de asesinar a Kennedy.

Durante el proceso, Garrison también exhibió ante el jurado la película de Abraham Zapruder, un registro de 26 segundos que captó el momento en que Kennedy recibió los disparos en Dallas. La filmación había tenido una circulación pública limitada hasta ese momento. El fiscal interpretó los movimientos del presidente como indicios de que podía haber más de un tirador y cuestionó la explicación de la Comisión Warren sobre la trayectoria de una bala que hirió tanto a Kennedy como al gobernador de Texas, John Connally.
Sin embargo, esas interpretaciones no identificaron a un segundo tirador ni demostraron la participación de Shaw. La defensa insistió en que la fiscalía carecía de pruebas materiales suficientes para vincular al empresario con la planificación o ejecución del asesinato.
La investigación también se extendió a otras personas que Garrison consideraba vinculadas con el asesinato. En enero de 1968, citó a Kerry Wendell Thornley, un antiguo conocido de Oswald durante su servicio en la Marina, para que declarara ante un gran jurado sobre sus contactos y sobre otras figuras que podían interesar a la fiscalía. Garrison terminó acusándolo de perjurio después de que negara haber mantenido contacto con Oswald desde 1959.
La acusación fue retirada posteriormente por el sucesor de Garrison, Harry Connick Sr. Estas actuaciones reflejaron hasta dónde llegó el fiscal en su intento de reconstruir el entorno del único acusado, aunque no aportaron pruebas concluyentes contra el empresario.
El juicio también puso bajo la lupa los métodos de Garrison. La defensa cuestionó la fiabilidad de los testimonios, en especial el de Russo, y el uso de hipnosis y pentotal sódico para examinar sus declaraciones.
El fiscal defendió su investigación, pero las dudas sobre las pruebas debilitaron la acusación. El 1 de marzo de 1969, luego de 45 minutos de deliberación, el jurado absolvió por unanimidad a Shaw. La fiscalía no logró demostrar su participación en una conspiración para asesinar a Kennedy. Garrison, sin embargo, mantuvo sus sospechas y defendió su investigación en libros y entrevistas posteriores.

De la derrota política a la pantalla grande
La absolución de Clay Shaw no fue el último episodio controvertido en la carrera de Garrison. En 1973, el fiscal enfrentó un juicio federal acusado de recibir sobornos para proteger el negocio ilegal de las máquinas de pinball en Nueva Orleans. Su exinvestigador principal, Pershing Gervais, declaró que le había entregado dinero durante varios años. Garrison negó los cargos, se defendió a sí mismo y sostuvo que la acusación buscaba desacreditarlo por su investigación sobre Kennedy. El jurado lo declaró inocente.
Ese mismo año, Garrison perdió las elecciones para continuar como fiscal de distrito frente a Connick Sr. En 1978 regresó a la función pública como juez del Tribunal de Apelaciones del Cuarto Circuito de Luisiana, cargo que ocupó hasta su retiro, en noviembre de 1991.
Durante esos años publicó varios libros sobre el asesinato de Kennedy. En A Heritage of Stone (1970) atribuyó el crimen a la CIA y acusó a distintas instituciones de ocultar información. En On the Trail of the Assassins (1988), reconstruyó su investigación y defendió sus conclusiones. Este último libro fue una de las fuentes principales de JFK, la película que Oliver Stone estrenó en 1991.

Esa película acercó la historia de Garrison a una nueva generación. Kevin Costner interpretó una versión ficcionalizada del fiscal, mientras que el propio Garrison apareció brevemente en el papel de Earl Warren, presidente de la comisión que investigó oficialmente el asesinato. La película combinó hechos documentados con hipótesis de conspiración y recursos dramáticos, y reavivó el interés público por el caso.
En 1992, el Congreso estadounidense aprobó una ley para revisar y divulgar documentos gubernamentales relacionados con el asesinato de Kennedy, en respuesta a una demanda de transparencia que la repercusión de la película contribuyó a amplificar.
Garrison murió de cáncer el 21 de octubre de 1992, en Nueva Orleans, a los 70 años. Dejó cinco hijos y fue enterrado en el cementerio de Metairie, en esa misma ciudad. En su lápida quedó grabada una frase: “Let justice be done, though the heavens fall”, que significa “Que se haga justicia, aunque se desplomen los cielos”. La inscripción resume una idea que acompañó su trayectoria pública.
Fuente: Infobae — Ver noticia original