Un estudio comparó cómo personas y pinzones cebra (Taeniopygia guttata) reconocen secuencias sonoras y halló que ambos grupos usan señales distintas para identificar patrones. La investigación, publicada en Communications Biology, examinó la percepción de 5 tonos breves creados por computadora, mediante pruebas realizadas con 272 adultos de entre 19 y 80 años en línea y 23 aves en la Universidad de Leiden, en Países Bajos. De acuerdo con Earth.com, cada secuencia variaba en 2 aspectos: el tono, que determina si un sonido se percibe como agudo o grave, y una banda de frecuencias más intensa, vinculada a los formantes, rasgos que ayudan a distinguir por ejemplo las vocales. Las personas priorizaron la altura de los sonidos Los participantes humanos debían elegir entre 2 botones de colores después de escuchar una secuencia: una respuesta correcta generaba la imagen de una cara sonriente y un error, una cara triste. No recibieron instrucciones previas sobre qué botón correspondía a cada combinación acústica. De los 272 voluntarios, 270 aprendieron a asociar los sonidos con las respuestas correctas en menos de 20 intentos. Tras esa etapa, los investigadores modificaron las secuencias para comprobar qué información utilizaban los oyentes al reconocerlas. En las personas, el tono fue la señal dominante. Si la sucesión de notas mantenía el ascenso o descenso conocido, los cambios en la otra característica tuvieron escaso efecto sobre sus elecciones. Incluso cuando esa segunda pista desapareció, la mayoría continuó identificando el patrón de la misma manera. Los pinzones combinaron dos claves acústicas Los 23 pinzones cebra fueron entrenados con un sistema diferente. Cada ave picoteaba un sensor para oír el sonido y luego seleccionaba un dispositivo situado a la izquierda o a la derecha; si acertaba, se abría una compuerta que daba acceso a alimento. 8 de los 31 animales que participaron inicialmente no aprendieron la tarea con la precisión necesaria y quedaron fuera de las pruebas posteriores. Los restantes fueron expuestos a versiones alteradas de los estímulos auditivos, sin recibir una señal que indicara si su respuesta era correcta. Las aves reconocieron los patrones cuando solo variaba el tono y también cuando cambiaba únicamente la banda de frecuencias más fuerte. Sin embargo, su desempeño se redujo en todas las alteraciones, lo que indicó que utilizaban ambas señales para identificar una secuencia familiar. Las respuestas cambiaron cuando las pistas entraron en conflicto La diferencia entre especies fue más visible cuando los científicos presentaron sonidos con información contradictoria. En esos casos, el tono coincidía con un patrón aprendido, mientras que la otra característica se correspondía con el segundo. Los adultos tendieron a escoger la alternativa definida por la altura de las notas. Los pinzones, en cambio, no mostraron una inclinación clara por ninguna de las 2 opciones y sus respuestas no superaron lo que podría esperarse al azar. Los autores señalan que para los humanos el tono generalmente resolvía la cuestión. En las aves, modificar cualquiera de los 2 componentes alteraba la familiaridad de la señal acústica. Esa diferencia sugiere que los animales integraban la información disponible en vez de concentrarse en una sola clave. La experiencia musical modificó la respuesta sin tono Los voluntarios también informaron su nivel de experiencia musical, desde ninguno hasta profesional. La variable adquirió importancia en los ensayos donde el tono ya no podía orientar la elección y quedaba disponible solo la otra característica del sonido. Quienes tenían mayor formación musical parecieron seguir el movimiento ascendente o descendente de esa señal restante como si fuera la altura de una nota. El mecanismo funcionó cuando ambas características se habían movido en el mismo sentido durante el aprendizaje. El resultado fue distinto cuando una señal subía y la otra bajaba. En ese escenario, el mismo criterio llevó con frecuencia a seleccionar el patrón opuesto. Los 14 participantes profesionales eligieron mayoritariamente esa alternativa, un comportamiento que los autores interpretaron como una forma diferente de reconocer los estímulos. El estudio no establece que la música cause el cambio El investigador Henkjan Honing, profesor emérito de cognición musical de la Universidad de Ámsterdam, que participó en el trabajo. “El entrenamiento musical parece hacer que el procesamiento auditivo sea más flexible”, afirmó. No obstante, la investigación no asignó clases de música a los participantes ni midió cambios posteriores. La experiencia fue declarada por los propios voluntarios, por lo que los datos no permiten concluir que el entrenamiento musical haya causado las diferencias observadas. Los autores también advirtieron que humanos y aves llegaron al experimento con antecedentes distintos: los pinzones tuvieron más tiempo para habituarse al equipo. Además, investigaciones previas con estorninos, como la publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, mostraron resultados diferentes tras eliminar el tono. El estudio plantea que futuros trabajos deberán determinar si esas variaciones responden a la especie o al diseño de las pruebas. Los resultados indican que el reconocimiento de sonidos conocidos depende tanto de las capacidades auditivas propias de cada especie como de las experiencias que moldean la forma de escuchar.
Fuente: Infobae — Ver noticia original