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Vinos para Halloween: calaveras, demonios y leyendas en etiquetas argentinas

La Noche de Brujas se instaló en nuestro país y también es una buena excusa para descorchar. Desde las botellas que homenajean a quienes ya no están hasta las que se animan a esqueletos y vampiros, un recorrido por el lado más oscuro (y divertido) del vino
Vinos para Halloween: calaveras, demonios y leyendas en etiquetas argentinas

Halloween reúne antiguas creencias celtas con disfraces y golosinas, el vino suma una excusa para compartir historias y brindis con amigos y familia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque hoy la asociamos con calabazas, disfraces y chicos pidiendo golosinas, Halloween tiene más de 2.000 años de historia. Su origen está en el Samhain, la celebración con la que los pueblos celtas de Irlanda, Escocia y el norte de Francia despedían la cosecha y daban la bienvenida al invierno. Se celebraba la noche del 31 de octubre y se creía que, en ese momento, el límite entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía difuso. Por eso, encendían fogatas, compartían banquetes y dejaban ofrendas de comida para mantener tranquilos a los espíritus.

Con la llegada del cristianismo, la Iglesia fijó el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos y el 2 como el de los Fieles Difuntos. La noche anterior pasó a llamarse “All Hallows’ Eve”, la víspera de Todos los Santos, expresión que con el tiempo se abrevió en Halloween. Fueron los inmigrantes irlandeses quienes, en el siglo XIX, llevaron la tradición a Estados Unidos. Allí se transformó en lo que conocemos hoy: el “truco o trato”, las calabazas talladas, las casas decoradas y una industria que cada año mueve millones de dólares.

Curiosamente, en sus orígenes, Halloween no tenía nada que ver con el vino. Nació en tierras frías del norte de Europa, donde la vid casi no crecía y se consumían cervezas, aguamiel y, siglos más tarde, whisky de Irlanda y Escocia. Pero, al cruzar el océano, la fiesta se fue mezclando con otras tradiciones.

Halloween tiene su origen en la festividad celta de Samhain, celebrada en Europa para despedir la cosecha y recibir el invierno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En Estados Unidos, convivió con las costumbres de los inmigrantes italianos, españoles y latinoamericanos, muy ligadas a Todos los Santos y a los Fieles Difuntos. A medida que se extendió por el continente, se encontró con celebraciones propias, como el Día de Muertos mexicano o las mesas para las almas del norte argentino. Así, aquella fiesta celta de fogatas y cerveza terminó por convertirse, con los años, en una celebración mestiza y americana, donde el vino también encontró su lugar.

En Argentina, la llegada fue más lenta. Durante décadas fue una fiesta “de las películas”: solo se la conocía por el cine y las series norteamericanas y, más tarde, por los colegios bilingües y los institutos de inglés, que la adoptaron como parte de la enseñanza del idioma.

Pero, en los últimos años, dejó de ser una costumbre ajena. Los cotillones viven su temporada alta, los bares compiten por la mejor decoración, los barrios organizan recorridas para que los chicos pidan golosinas y los adultos también se disfrazan para salir. No faltan quienes la critican por ser importada, pero lo cierto es que cada año suma más adeptos.

Otra tradición que llegó de lejos es San Patricio, con la cerveza y el whisky como protagonistas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Algo parecido pasó con otra fiesta de raíz irlandesa: San Patricio. Cada 17 de marzo, el santo patrono de Irlanda se celebra en todo el mundo, y la Argentina no es la excepción.

En Buenos Aires, la calle Reconquista y sus alrededores se llenan de gente vestida de verde, con sombreros de duende y cerveza en mano. Los pubs de todo el país también organizan su propia fiesta. Es otra tradición que llegó de lejos, con la cerveza y el whisky como protagonistas, y que los argentinos hicieron propia.

Halloween va por el mismo camino, aunque con una diferencia: como es una noche para compartir en casa y en familia, el vino tiene mucho más para decir. Como toda celebración que reúne a familiares y amigos, también es una buena excusa para descorchar.

Un brindis por los que ya no están

El vino acompaña los brindis de Halloween con historias detrás de cada etiqueta, una invitación a reunirse y recordar a quienes ya no están (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más allá de los disfraces, Halloween abre unos días especiales en el calendario. El 1 de noviembre se celebra el Día de Todos los Santos y el 2 se recuerda a los Fieles Difuntos. Es una ocasión para recordar a quienes ya no están. Y pocas cosas acompañan tan bien un recuerdo como una copa de vino.

En México, el Día de Muertos se celebra con altares llenos de flores, fotos, comida y la bebida preferida del difunto. Pero no hace falta ir tan lejos.

En el norte argentino, en Jujuy y Salta, las familias preparan la mesa para recibir a las almas. Sobre ella colocan los platos que esas personas disfrutaban en vida, panes con forma de palomas, escaleras y animales, dulces caseros, chicha de maíz y, claro, un vinito casero. Nada se toca hasta la mañana del 2 de noviembre porque, como dicen allí, “primero están las almas y luego las personas”.

Una jarra de sangría con vino tinto y fruta picada también puede ser parte de la celebración de Halloween. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por su parte, el vino argentino también tiene sus propios homenajes. Muchas etiquetas llevan el nombre de quienes fundaron una bodega o dejaron su huella en la familia, y son una manera de mantenerlos presentes en cada brindis.

Un ejemplo emotivo es el de Angélica Zapata, de Catena Zapata. Angélica era la mamá de Nicolás Catena, una maestra que murió en un accidente. Años después, poco antes de morir en 1985, su esposo Domingo compró un viejo viñedo de Malbec, plantado en la época en que se conocieron, y lo bautizó con su nombre. Hoy, ese viñedo y esos vinos siguen recordando su historia.

En la misma bodega, D.V. Catena lleva las iniciales de Domingo Vicente Catena. Como ellos, son muchas las bodegas que eligieron poner en la etiqueta el nombre de un fundador, un abuelo o una madre. Porque detrás de cada etiqueta hay personas, con sus propias historias de vida. Algunas de esas historias siguen vivas en la copa. Por eso, una buena idea para estos días es descorchar ese vino que le gustaba a alguien a quien se extraña mucho, o aquel vino con el que se compartieron momentos inolvidables.

Calaveras, brujas y monstruos en las etiquetas argentinas

La diversidad del vino argentino también se expresa en sus etiquetas, con relatos que van de leyendas populares a homenajes personales (Imagen Ilustrativa Infobae)

El vino argentino creció mucho en diversidad, no solo en estilos y regiones, sino también en sus etiquetas, que se animan cada vez más a contar historias. Algunas de ellas parecen diseñadas para Halloween.

El mejor ejemplo es Vinyes Ocults, el proyecto de Tomás Stahringer, que empezó como un vino de garaje en la casa familiar de Godoy Cruz y hoy tiene viñedos en Tunuyán, en el Valle de Uco. Su nombre, en catalán, significa “viñedos ocultos”, porque sus parcelas están escondidas detrás de las alamedas. Pero lo que más llama la atención son sus etiquetas: calaveras sonrientes y detalladas, inspiradas en la cultura mexicana y su forma de homenajear a los muertos. En una de ellas, un esqueleto descansa al sol sobre las hileras de viña mientras mira una copa de vino. Es, sin dudas, el vino argentino más “Halloween” de todos.

La muerte también aparece en una de las etiquetas más icónicas del país: la del Catena Zapata Malbec Argentino, que cuenta la historia del Malbec a través de cuatro mujeres. Leonor de Aquitania representa su origen en Francia; una inmigrante simboliza su llegada a América; Adrianna Catena encarna el presente; y, entre ellas, la filoxera, la plaga que a fines del siglo XIX arrasó con los viñedos europeos, aparece retratada como una figura que remite a la muerte. El Malbec sobrevivió en la Argentina y la etiqueta lo celebra.

Halloween y el Día de Muertos comparten fechas cercanas y vínculos con la memoria, las reuniones familiares y las bebidas elegidas para brindar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay más ejemplos, y algunos dan miedo desde el nombre. Jinete sin Cabeza, de Pueblo Dormido, se inspira en la leyenda de Sleepy Hollow, de Washington Irving. Callejón del Crimen lleva el nombre del callejón de Gualtallary donde, en los años 60, ocurrió un crimen pasional.

El enólogo Lucas Niven firma El Veneno de Dios, que remite a Samael, el ángel caído. Big Bat, de Mascota Vineyards, tiene un murciélago en la etiqueta, en recuerdo de la bodega de la infancia del enólogo Rodolfo “Opi” Sadler, que se llenaba de murciélagos cada vez que golpeaban la puerta.

Y si hay alguien que llevó el infierno a sus etiquetas —y que, en un día como hoy, puede llamar más la atención— es Andrés Ridois, con su bodega Sin Reglas, en Mendoza. Su línea Mil Demonios debe su nombre a los cerca de mil días que transcurren desde la cosecha de las uvas hasta que el vino está listo, lo que él describe como “mil días de infierno”. Cada vino tiene su propio demonio: Lucifer, Lilith, Rey, Pirata, Vikingo, Gitano, Samurai y Calchaquí, presentados en estuches con la leyenda “Las puertas del infierno”.

Pero, como en toda buena historia, también hay redención. En la cima de la bodega están los Arcángeles, con nombres como Azrael, el ángel de la muerte; Maalik, Remiel, Mikhail o Samael. Para Ridois, inspirado en Dante y en los laberintos de Borges, todos somos demonios que intentan convertirse en arcángeles. Entre ambos mundos aparece Purgatorio, un corte de un Arcángel y un Demonio.

El vino encontró su lugar en Halloween al mezclarse la tradición celta con las costumbres americanas de recordar a quienes ya no están (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tampoco faltan los espíritus y los seres sobrenaturales. Sobrenatural, de Bodega Chakana, hace referencia a lo que está más allá de la razón, y el nombre de la bodega remite a la cruz andina que une el mundo de arriba con el de abajo, aunque el principal objetivo del vino es resaltar su elaboración natural.

Chamán, un Malbec de La Consulta, homenajea a quienes viajan entre dimensiones. En el norte, también hay vinos que recuerdan a Coquena, el espíritu protector de las vicuñas que castiga a los cazadores. Y, si de santos se trata, la lista es larga: desde San Pedro de Yacochuya, en Cafayate, hasta Santa Julia, de la familia Zuccardi, o Santa Florentina, en La Rioja.

Los números confirman que Halloween ya no es una moda pasajera en la Argentina, sino una fiesta que llegó para quedarse. Según la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), este año las unidades vendidas de juguetes, cotillón, disfraces y decoración crecieron un 30% respecto de 2025, con precios que se mantuvieron en niveles similares a los del año pasado. Las calabazas para las golosinas, los kits de telarañas y los globos temáticos fueron los productos más buscados, y algunas publicaciones en plataformas de comercio electrónico superaron las 1.000 unidades vendidas.

La tendencia viene de antes. Ya en 2025, los cotillones de distintas ciudades del país hablaban de una temporada alta y algunos comerciantes aseguraban vender el doble o el triple que el año anterior. Si ya tiene su lugar en las vidrieras, también puede tenerlo en la mesa, con una buena copa de vino. Halloween puede ser una fiesta importada, pero el vino tiene mucho para aportarle: historias, leyendas, homenajes y, sobre todo, la posibilidad de reunirse alrededor de la mesa. Porque no hace falta saber de vinos para disfrutar, pero conocer da mucho más placer. Entender que detrás de cada etiqueta hay personas, con sus propias historias, hace del vino una bebida noble, atractiva y diversa.

El diablo, las brujas y los santos del vino en el mundo

El vino transforma Halloween en una celebración para compartir en casa, con amigos y familia alrededor de historias, leyendas y recuerdos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si hay un vino que nació de una historia de terror, es Casillero del Diablo, de la chilena Concha y Toro. Cuenta la leyenda que don Melchor de Concha y Toro, fundador de la bodega en 1883 en Pirque, al pie de los Andes, guardaba sus mejores vinos en una cava privada, cerrada con una pesada reja de hierro. Pero las botellas desaparecían. En lugar de poner guardias, hizo correr el rumor de que allí vivía el diablo. Los robos se terminaron. En 1966, la bodega convirtió esa leyenda en una marca, que hoy es una de las más vendidas del mundo y que, desde 2020, también se elabora en Mendoza.

Si hay una bodega que hizo de Halloween parte de su identidad, es Bogle, en Clarksburg, California. Su vino más famoso se llama Phantom, “fantasma”, y su origen está en Escocia, donde un bogle era una aparición que, según la tradición, rondaba las colinas de Glasgow. Los antepasados de la familia llevaron esa historia a California, y en la bodega hay empleados que aseguran que el fantasma todavía cuida los viñedos.

Las tradiciones de Halloween llegaron desde Irlanda y Escocia, al cruzar el océano se mezclaron con costumbres locales de toda América (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pero la familia Bogle fue más allá de la etiqueta. En 2020 lanzó un concurso anual de cuentos de fantasmas, cuyo ganador recibe un premio en efectivo y, en algunos casos, ve su historia convertida en cortometraje.

El primero, Flora’s Place, se estrenó en el Festival de Cine de Austin. Cada octubre, el vino se convierte así en una excusa para contar historias de miedo. Y no es la única marca. La australiana 19 Crimes, famosa por sus etiquetas con presidiarios que “cobran vida” mediante realidad aumentada, se asoció con Universal para lanzar una edición limitada de Halloween con sus monstruos clásicos: Frankenstein, la Novia, el Hombre Lobo y la Momia. Con etiquetas que brillan en la oscuridad, claro.

En España, Familia Torres elabora en las Rías Baixas el Pazo das Bruxas, un Albariño inspirado en las meigas gallegas, las brujas que, según la tradición, invocaban a los espíritus con danzas y conjuros en los alrededores de los pazos.

En Australia, d’Arenberg tiene uno de sus vinos más famosos, The Dead Arm, que toma su nombre de una enfermedad que “mata” uno de los brazos de la cepa. En Washington, Owen Roe elabora Sinister Hand, con una mano ensangrentada en la etiqueta, que remite a una vieja leyenda irlandesa: dos familias se disputaron unas tierras en una carrera de botes y el perdedor terminó sin una mano.

Los cócteles de Halloween combinan nombres inquietantes, colores intensos y recetas festivas, una tradición que suma juego a las reuniones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque la relación del vino con lo sagrado es mucho más antigua que Halloween. Durante siglos, los monjes fueron los grandes guardianes de los viñedos en Europa; por eso hay tantos santos y religiosos en el mapa del vino.

Saint-Émilion, en Burdeos, debe su nombre a Émilion, un monje ermitaño que se instaló allí en el siglo VIII. Châteauneuf-du-Pape, en el Ródano, significa “castillo nuevo del Papa”, porque allí tuvieron su residencia de verano los papas de Aviñón. Y el champagne más famoso del mundo, Dom Pérignon, lleva el nombre de un monje benedictino de la abadía de Hautvillers.

El vampiro, como no podía ser de otra manera, también tiene su vino. En 1995, el abogado norteamericano Michael Machat, fanático del Drácula de Bram Stoker, empezó a importar a Estados Unidos vinos de Transilvania, la tierra del conde, con una idea muy simple: llamarlos Vampire. Con los años, sumó hasta un vodka y una gaseosa roja llamada Dracola.

La coctelería de Halloween se inspira en vampiros, zombis, brujas y fantasmas, personajes que transforman una bebida en parte del festejo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mundo de los destilados también tiene lo suyo. En Benevento, al sur de Italia, una ciudad famosa por sus leyendas de brujas, Giuseppe Alberti creó en 1860 un licor de unas 70 hierbas y especias, teñido de amarillo dorado por el azafrán. Lo llamó Strega, que en italiano quiere decir “bruja”. La leyenda cuenta que las brujas lo usaban como poción de amor.

La calavera, símbolo por excelencia de estas fechas, tiene su versión más literal en Crystal Head, un vodka que viene en una botella de vidrio con forma de cráneo, creado por el actor Dan Aykroyd, de Los cazafantasmas. En el mundo del ron, Kraken tomó el nombre y la imagen del monstruo marino de las leyendas nórdicas, capaz de hundir barcos enteros.

También hay cócteles con nombres de miedo. El Zombie, un clásico de la coctelería tiki creado en los años 30 en Hollywood por Donn Beach, mezcla varios rones con jugos de frutas, y se dice que su nombre se debe a cómo dejaba a quienes tomaban más de uno. El Corpse Reviver, literalmente “reanimador de cadáveres”, nació como remedio para la resaca. Y el Bloody Mary no necesita presentación.

En México, el mezcal y el pulque no faltan en los altares del Día de Muertos. En Estados Unidos, cada otoño, las cervecerías lanzan sus pumpkin ales, cervezas elaboradas con calabaza y especias que se convirtieron en un clásico de la temporada.

Fuente: Infobae — Ver noticia original