Esta es una de mis recetas familiares más antiguas y una de las que más atesoro. Se trata de un extraordinario bizcochuelo de vainilla, enriquecido con yemas de huevo, de miga suave, delicada y esponjosa, cuya mayor virtud es su versatilidad. Mi abuela lo preparaba con distintos rellenos, según la ocasión o lo que tuviera a mano: crema pastelera, dulce de leche, mermelada o cualquier otra combinación que se le antojara. Con esta misma receta se puede preparar desde una sencilla torta para acompañar el café hasta una elaborada torta de casamiento.
Sin embargo, mi versión favorita siempre fue la que ella hacía inspirándose en el célebre Victoria sponge cake, llamado así en honor a la reina Victoria de Inglaterra, quien disfrutaba de este pastel durante el té de la tarde. Popularizado en la época victoriana, tradicionalmente consistía en dos bizcochuelos unidos por una delgada capa de mermelada de frambuesas, con la parte superior apenas espolvoreada con azúcar impalpable. Mi abuela le daba su toque personal: lo rellenaba con mermelada de frutos rojos y lo coronaba con una generosa capa de crema chantilly y frutillas frescas. Decía que la crema le aportaba un toque de frescura, y desde entonces a mí también me gusta prepararlo de esa manera. Todavía recuerdo con enorme cariño aquellas tardes de té y el placer de encontrar esta torta en el centro de la mesa.
Hoy quiero compartirles esta receta que ha pasado de una generación a otra y que sigo preparando con el mismo entusiasmo. Es uno de esos bizcochuelos que conviene tener siempre a mano, porque admite infinidad de posibilidades y nunca defrauda. En esta ocasión elegí la versión que más me recuerda a la casa donde crecí: dos capas de bizcochuelo de vainilla, una buena mermelada de frutos rojos en el centro y, por encima, crema chantilly y abundantes frutillas frescas.
Ahora que estamos en plena temporada de frutillas, no se me ocurre mejor momento para prepararla. Es una torta sin grandes complicaciones, que no necesita decoraciones sofisticadas ni ingredientes extraordinarios para resultar deliciosa. Quizá por eso me sigue gustando tanto, después de tantos años. Porque la buena cocina no siempre está en las elaboraciones más complejas, sino en saber hacer algo sencillo verdaderamente bien. Y esta torta es, para mí, una de las mejores pruebas de ello.
RECETA
2 moldes redondos de 24 cm de diámetro
Ingredientes
Para los bizcochuelos de vainilla
- 305 g de harina 0000
- 2 cucharaditas de polvo de hornear
- ½ cucharadita de sal
- 225 g de manteca a temperatura ambiente
- 400 g de azúcar
- 3 huevos
- 3 yemas
- 240 ml de leche entera
- 2 cucharaditas de extracto de vainilla
Para el relleno
- 300 g de mermelada de frutos rojos, frambuesas o frutillas
Para la crema chantilly
- 200 ml de crema de leche para batir, bien fría
- 1 cucharada copeteada de azúcar impalpable
- 1 cucharadita de extracto puro de vainilla
Para decorar
- 300–350 g de frutillas frescas
Procedimiento
- Precalentar el horno a 180 °C. Enmantecar o rociar con aceite vegetal en aerosol dos moldes redondos de 24 cm de diámetro. Forrar las bases con papel manteca y rociar ligeramente también la superficie del papel para facilitar el desmolde. En un bowl, tamizar juntos la harina, el polvo de hornear y la sal. Reservar.
- En el bowl de una batidora, colocar la manteca a temperatura ambiente junto con el azúcar. Batir a velocidad media-alta durante 5–7 minutos, hasta obtener una preparación pálida, esponjosa y muy cremosa. Este paso es fundamental para incorporar aire a la mezcla y conseguir una miga suave y delicada.
- Batir ligeramente los huevos enteros e incorporarlos poco a poco a la preparación de manteca y azúcar, batiendo después de cada adición. Agregar las tres yemas, también de manera gradual, y continuar batiendo hasta integrar. Incorporar el extracto de vainilla.
- Reducir la velocidad de la batidora al mínimo. Incorporar los ingredientes secos en tres partes, alternándolos con la leche en dos adiciones. Comenzar y terminar siempre con los ingredientes secos. Mezclar únicamente hasta obtener una preparación homogénea, procurando no batir en exceso para conservar la textura aireada del bizcochuelo.
- Distribuir la preparación en partes iguales entre los dos moldes y alisar suavemente las superficies con una espátula. Hornear a 180 °C durante aproximadamente 25–30 minutos, hasta que los bizcochuelos estén ligeramente dorados y un palillo insertado en el centro salga limpio. Comenzar a comprobar la cocción a partir de los 20 minutos, ya que cada horno puede variar.
- Retirar del horno y dejar reposar los bizcochuelos durante 15 minutos dentro de los moldes. Desmoldar cuidadosamente, retirar el papel manteca y dejar enfriar por completo sobre una rejilla.
- Para preparar la crema chantilly, colocar la crema de leche bien fría en un bowl, preferentemente también frío. Comenzar a batir a velocidad media y, cuando empiece a tomar cuerpo, incorporar el azúcar impalpable tamizada y el extracto de vainilla. Continuar batiendo hasta obtener una crema firme, sedosa y capaz de mantener su forma, evitando batir en exceso. Reservar en la heladera hasta el momento de utilizar.
- Poco antes de servir, colocar el primer bizcochuelo sobre un plato o pie de torta, con la superficie más pareja hacia arriba. Distribuir la mermelada de frutos rojos formando una capa uniforme, dejando aproximadamente 1 cm libre en los bordes. Colocar cuidadosamente el segundo bizcochuelo encima, procurando que ambas capas queden bien alineadas.
- Cubrir generosamente la superficie superior con la crema chantilly, distribuyéndola con una espátula y formando ondas suaves y naturales. Decorar con las frutillas frescas, previamente lavadas y completamente secas, combinando algunas enteras con otras cortadas por la mitad. Mantener los laterales descubiertos para dejar a la vista las dos capas de bizcochuelo y la mermelada que las une.
- Armar la torta justo antes de llevarla a la mesa y servir inmediatamente, sin refrigerarla, para conservar la suavidad y delicadeza de la miga. Los bizcochuelos pueden prepararse el día anterior y mantenerse bien envueltos a temperatura ambiente, mientras que la crema chantilly debe conservarse fría hasta el momento del armado. La combinación del bizcochuelo de vainilla, la ligera acidez de la mermelada, la frescura de la chantilly y el sabor de las frutillas da como resultado una torta tan sencilla como irresistible.
Fuente: TN — Ver noticia original