Si pensamos en un clásico porteño, la pizza no tarda en venir a la mente. Existen tantas pizzerías como árboles en la Ciudad de Buenos Aires, sin embargo, una sola ostenta el título de haber sido la primera en la historia de la capital.
Según la fuente, hay dos respuestas posibles: Banchero o Pin Pun. Una se volvió un clásico por su fugazzeta y nació en el barrio de La Boca; la otra es un emblema de Almagro. Para resolver el enigma basta con viajar al pasado. Fue en 1927 que Pin Pun abrió sus puertas, y aunque la familia Banchero ya vendía pizzas y panes en su panadería Riachuelo desde 1893, la pizzería como tal abrió el 28 de marzo de 1932.
De esta manera, la pizzería almagrense cuenta con el reconocimiento oficial de la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina (APYCE) y por el Gobierno de la Ciudad como la pizzería comercial registrada en funcionamiento continuo más antigua de Buenos Aires. Por su parte, el clásico de origen boquense es reconocida por ser la cuna de la fugazzeta con queso.
Cómo nacieron estos clásicos pizzeros: la historia de Pin Pun y Banchero
Fundada en 1927 por un grupo de inmigrantes italianos, Pin Pun nació al calor del crecimiento del barrio de Almagro y a la revolución urbana que generó la llegada de la línea B de subte. Ubicada frente a la estación Medrano, fue creada por los mismos comerciantes que, cinco años más tarde, pondrían en pie la pizzería Güerrín. Con el paso de las décadas, se convirtió en uno de los preferidos de los amantes de la pizza al molde con abundante mozzarella, así como se volvió famosa en toda la ciudad por sus empanadas de carne fritas.
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Por su parte, en 1893 la familia Banchero inauguró la panadería Riachuelo. Recién en 1932 sería el turno del nacimiento formal de la pizzería, en la esquina de Avenida Almirante Brown y Suárez, en pleno corazón de La Boca. El gran hito que marcaría para siempre su historia y la de la gastronomía porteña ocurrió cuando a Juan Banchero se le ocurrió cortar al medio la tradicional focaccia genovesa de cebolla y rellenarla con abundante queso cremoso para que la masa no quedara tan seca, dando origen a la fugazzeta con queso.