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Una glucosa normal puede ocultar niveles altos de insulina y cambios en la forma en que el cuerpo procesa el azúcar

La A1C, mediciones de ayuno y respuesta tras las comidas aportaron pistas para revisar el riesgo metabólico, según las explicaciones recogidas durante el programa
Una glucosa normal puede ocultar niveles altos de insulina y cambios en la forma en que el cuerpo procesa el azúcar

Un valor normal de glucosa en ayunas no descarta la presencia de resistencia a la insulina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una cifra marcada como normal en un análisis fue el punto de partida de una conversación sobre qué podía revelar, y qué podía dejar afuera, un control de rutina. En el podcast Office Hours, esa inquietud llevó la charla hacia la relación entre el azúcar en sangre y la insulina.

¿Un resultado normal de glucosa en ayunas alcanzaba para saber cómo el cuerpo procesaba el azúcar? Con esa pregunta, Emma Krebs abrió el diálogo con el médico Mark Hyman.

La charla giró en torno a la resistencia a la insulina. Hyman sostuvo que podía aparecer antes de que subiera la glucosa en los análisis: “El azúcar en sangre es lo último que sube cuando hay un problema metabólico”.

El episodio reunió sus explicaciones y recomendaciones sobre análisis de sangre, alimentación y actividad física.

El páncreas libera insulina después de comer para trasladar la energía de los alimentos hacia las células (YouTube/@drmarkhyman)

La relación entre la glucosa y la insulina abrió la conversación

Krebs planteó una duda habitual frente a los resultados de laboratorio: si la glucosa en ayunas y la hemoglobina A1C bastaban para saber si una persona tenía un problema con el azúcar en sangre.

Hyman respondió que una persona podía tener una glucosa dentro de los valores informados como normales y, al mismo tiempo, niveles altos de insulina. “He visto personas con mucha resistencia a la insulina y azúcares en sangre normales”, afirmó.

“La glucosa es el principal azúcar que usamos en el cuerpo”, explicó el médico. Señaló que provenía de alimentos con azúcar y almidón y que servía como fuente de energía. Después de comer, el páncreas liberaba insulina para que esa energía llegara a las células.

La prueba de hemoglobina A1C determina el promedio del nivel de azúcar en sangre durante dos o tres meses (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según Hyman, si el cuerpo necesitaba producir cada vez más insulina para mantener estable la glucosa, podía aparecer resistencia a la insulina.

“La insulina es probablemente el indicador más importante de tu salud”, sostuvo Hyman al referirse a la insulina en ayunas, aunque reconoció que ese análisis no integraba todos los controles anuales.

Al responder una pregunta de Krebs, relacionó esa ausencia con las medidas que proponía: cambios en la alimentación y en la actividad física, antes que medicamentos.

El orden de los alimentos y el consumo previo de fibra moderan el impacto de los carbohidratos en la sangre (Imagen Ilustrativa Infobae)

La A1C y los cambios de glucosa después de comer fueron otro eje de la charla

Hyman definió la hemoglobina A1C como un análisis que mostraba el promedio de glucosa de los últimos dos o tres meses. Explicó que medía la unión del azúcar con la hemoglobina, una proteína de los glóbulos rojos.

Para él, un resultado habitual de A1C tampoco descartaba por sí solo la resistencia a la insulina. “Si tu azúcar y tu A1C son normales, podrías seguir teniendo una insulina de 100”, dijo. Durante el diálogo, señaló que también era útil mirar qué ocurría con la glucosa después de las comidas.

“La glucosa sube y baja. Es normal”, aclaró. Sin embargo, consideró que la altura de ese aumento y el tiempo que tardaba en bajar aportaban información sobre la reacción del cuerpo.

En el episodio no se citaron estudios ni guías clínicas concretas para respaldar los valores que mencionó.

El médico Mark Hyman aconseja reducir los almidones y sumar grasas como la palta y los frutos secos (YouTube/@drmarkhyman)

El médico enumeró varios factores que, según su criterio, influían en esa respuesta: el tamaño de las porciones, el orden de los alimentos, la presencia de proteínas, grasas y fibra, el descanso, el estrés, el ejercicio y la genética.

“Si comés proteína, grasa y fibra, y después un poco de pan y vino, no tendrá el mismo efecto”, afirmó Hyman. Con esa idea, sostuvo que esos alimentos podían reducir el impacto del pan, el vino u otros productos con carbohidratos.

Los hábitos y otros resultados de laboratorio cerraron la conversación

Ante la consulta sobre qué medidas podían tomarse, Hyman recomendó reducir el consumo de azúcar y almidones. “Aumentaría las grasas, como palta, aceite de oliva, frutos secos y semillas”, dijo.

También propuso priorizar verduras, proteínas, aceite de oliva, palta, frutos secos y semillas, además de aumentar el consumo de fibra.

Una caminata de diez a veinte minutos después de comer ayuda a moderar las subidas de glucosa (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sumó el entrenamiento de fuerza, la actividad aeróbica, el descanso y el manejo del estrés. “Una caminata de entre 10 y 20 minutos después de comer” podía ayudar a moderar los aumentos de glucosa, sostuvo.

Hyman mencionó otros resultados que, según él, podían aparecer junto con la resistencia a la insulina: grasa acumulada en el abdomen, triglicéridos altos, colesterol HDL bajo, hígado graso y cambios en algunos análisis hormonales.

Agregó que el peso no siempre permitía detectar estas situaciones y que una persona delgada también podía acumular grasa alrededor de los órganos.

La grasa en el abdomen y los triglicéridos altos figuran entre las señales asociadas a problemas metabólicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Al final, Krebs preguntó si la resistencia a la insulina podía revertirse. “Mil por ciento”, respondió Hyman, y relató casos de pacientes que, según dijo, habían mejorado con cambios en la alimentación y el ejercicio.

Esas experiencias no fueron documentadas ni verificadas durante la conversación. Su recomendación final fue revisar la glucosa junto con la insulina, la A1C y otros resultados, además de prestar atención a los hábitos cotidianos.

Fuente: Infobae — Ver noticia original