Hay una edad en la que uno deja de preguntarse si está en condiciones de circular y empieza a agradecer que el motor arranque. Acabo de pasar un control técnico completo. La revisión fue exhaustiva: exámenes, preguntas, mediciones y ese momento de suspenso en el que uno mira al especialista intentando descifrar su expresión, como cuando el mecánico desaparece debajo del capó y vuelve con una cara que nunca trae buenas noticias. Sin embargo, esta vez, el diagnóstico fue alentador:
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