Mariano Ferreyra y Cecilia Fornieles son padres de Joaquina, quien hoy tiene 16 años. Cuando nació le detectaron una hipotonía generalizada y un retraso en el desarrollo. Para poder mejorar su tono, postura y equilibrio es que empezó a hacer equinoterapia y los padres notaron enseguida un gran cambio a nivel motor, en un espacio donde Joaquina disfrutaba ir. Se dieron cuenta de que el vínculo con el caballo favorecía a la relación con el cuerpo y a la socialización.
Pero, al empezar con los demás tratamientos, se encontraron con un sistema de salud fragmentado. Cada terapia sucedía en un lugar distinto y la familia quedaba, literalmente, afuera.
“Ir a terapia significaba ir de un lado a otro a ver distintos profesionales, consultorios sin espacio y sin salas de espera. Veía madres esperando en autos y hermanos haciendo la tarea, apoyando materiales en la guantera. En general los espacios no están preparados para la familia, lo que genera dinámicas que no suman sino que provocan tensiones hacia adentro”, recuerda Mariano.
Por eso, en 2019, luego de seis años de planificación y esfuerzo, fundaron la asociación civil sin fines de lucro “El Granero” en el Parque Empresarial Austral.
El centro de rehabilitación fue construido sobre la base de donaciones y forma parte de la red de más de 200 centros de equinoterapia de Argentina. Cuenta con espacio de consultorios, caballerizas, pista cubierta, sala de talleres, una huerta y una plaza de juegos, y recibe a 200 familias cada mes.
El objetivo de Mariano y Cecilia era crear un espacio donde se replantee la discapacidad como una condición que impacta no solo al paciente, sino también a sus vínculos. A partir de esa premisa, desarrollaron un ecosistema en el que toda la familia tiene un lugar y participa activamente del proceso. “Hoy, la que más disfruta el espacio es Damasia, la hermana menor de Joaquina”, cuenta Cecilia.
Un trabajo interdisciplinario
Según sus fundadores, el principal diferencial de El Granero radica en la articulación de tres dimensiones que atraviesan toda la propuesta: el trabajo interdisciplinario entre profesionales, el contacto cotidiano con la naturaleza y un enfoque centrado en la familia. “Sobre esa combinación se construye un modelo de acompañamiento integral para personas con discapacidad”, enfatizan.
Cuentan con más de 60 profesionales en terapia ocupacional, fonoaudiología, kinesiología, psicopedagogía, psicología y musicoterapia, equinoterapia, osteopatía, terapias asistidas con caballos y equitación inicial todos desarrollando sus actividades en el mismo lugar. Las clases de equitación están dirigidas tanto a personas con discapacidad como a personas sin discapacidad.
Asimismo, tienen un espacio de talleres terapéuticos para 20 jóvenes y adultos con discapacidad. Allí, se trabaja la autonomía, las habilidades sociales, la participación comunitaria y el desarrollo de proyectos a través de actividades como arte, cocina, huerta, cuidado de caballos y emprendimientos productivos.
Un programa para las familias
Si bien en el lugar trabajan con prepagas y obras sociales, también incluye el Programa Familias, mediante el cual buscan personas o empresas que bequen a familias de bajos recursos, sin obra social ni prepaga, para que puedan acceder a los tratamientos. El programa no solo facilita el acceso a las terapias, sino que acompaña a las familias en el conocimiento de sus derechos, la realización de trámites y la toma de decisiones vinculadas a la discapacidad.
A través del Programa se brinda orientación, herramientas y espacios de acompañamiento a más de 20 familias, para fortalecer su autonomía y ayudarlas a afrontar los desafíos cotidianos. Para Mariano, uno de los aspectos más valiosos es la red de contención que se genera entre las propias familias, que encuentran en otras personas que viven experiencias similares un espacio de apoyo y acompañamiento. Y destaca que cuando una familia logra incorporarse al sistema de cobertura formal, la beca se reasigna a otra que la necesite.
Un lugar de paz entre el caos
“El Granero es un lugar de paz entre tanto caos”, cuenta María, la madre de Azul, quien tiene síndrome de Dandy-Walker y llegó al espacio en 2020 bajo el Programa Familias. “Conocí gente que me ayudó a afrontar todo el proceso, que me acompaña y que me entiende”, afirma. Azul comenzó con equinoterapia para mejorar la motricidad y hoy continúa con sesiones en kinesiología y fonoaudiología.
“Sabemos que cuando una persona vive con discapacidad, no lo hace sola. Por eso también acompañamos a padres, hermanos y abuelos y formamos una red de apoyo. Los invitamos a espacios de encuentro para que puedan soltar las mochilas pesadas que cargan. Hoy El Granero es el lugar que nos hubiera gustado encontrar al momento del diagnóstico”, afirma Cecilia.
Para lo que resta de 2026 y el comienzo de 2027, El Granero comenzó una ampliación de su espacio. Esta busca aumentar la capacidad de atención y generar nuevos espacios de rehabilitación y formación profesional. El proyecto contempla cinco nuevos consultorios; un área destinada a jóvenes y adultos, con espacios de kinesiología, terapia ocupacional y psicología; una sala de capacitación para 25 personas destinada a estudiantes y profesionales de la salud; y nuevos espacios administrativos y de orientación a las familias.
Fuente: TN — Ver noticia original