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Un estudio con 4941 gatos de 76 países concluyó que las conductas que más molestan no siempre son las más preocupantes

Los expertos analizaron qué comportamientos consideran problemáticos sus dueños. La agresión y el marcaje con orina encabezan la lista, pero otras señales que pueden afectar el bienestar animal suelen pasar inadvertidas.
Un estudio con 4941 gatos de 76 países concluyó que las conductas que más molestan no siempre son las más preocupantes

Cuando un gato araña los muebles, orina fuera de la bandeja sanitaria o se muestra agresivo, es probable que su dueño detecte rápidamente que algo no anda bien. Son comportamientos visibles que pueden alterar la convivencia y modificar la rutina de toda la casa. Sin embargo, lo que más incomoda a las personas no siempre coincide con las conductas que pueden afectar el bienestar del animal.

Una investigación publicada en la revista Applied Animal Behaviour Science analizó las respuestas de los dueños de 4.941 gatos de 76 países. Para evaluar los comportamientos, los investigadores utilizaron el cuestionario Fe-BARQ, una herramienta que permite recopilar información sobre distintas características de la conducta felina a partir de las observaciones de sus cuidadores.

Los resultados mostraron que los propietarios tendían a considerar más problemáticas las conductas que afectaban directamente su estilo de vida o el ambiente del hogar. La agresión dirigida hacia las personas, los conflictos con otros gatos de la casa y el marcaje con orina estuvieron entre los factores con mayor relación con esa percepción. La actividad intensa al anochecer o durante las primeras horas de la mañana también influyó, aunque en menor medida.

La explicación es sencilla: un gato que despierta a la familia durante la noche, pelea con otro animal o marca con orina distintos lugares de la vivienda genera un impacto inmediato en la convivencia. En cambio, otras señales pueden pasar inadvertidas porque no producen daños visibles ni interrumpen las actividades cotidianas.

Las señales discretas también pueden hablar del bienestar

El estudio encontró que comportamientos como el acicalamiento excesivo, ciertas conductas compulsivas y las respuestas relacionadas con la separación no influían de la misma manera en la percepción de los dueños sobre la existencia de un problema. Esto no significa que sean inofensivos, sino que pueden recibir menos atención por parte de las personas que conviven con el animal.

Un gato que se lame de manera insistente, por ejemplo, puede no alterar la rutina familiar tanto como uno que orina sobre una cama. Sin embargo, el acicalamiento excesivo puede estar relacionado con estrés, irritación de la piel u otros problemas de salud. Si la conducta es persistente o aparecen zonas sin pelo, heridas o cambios en la piel, es importante consultar con un veterinario.

Algo similar puede ocurrir con las respuestas de miedo. Si un gato se esconde con frecuencia, evita el contacto o cambia sus hábitos, esas señales pueden pasar inadvertidas porque no generan inconvenientes evidentes en la vivienda. Para interpretar estos comportamientos, es importante tener en cuenta el contexto y observar si representan un cambio respecto de la conducta habitual del animal.

El conocimiento de los dueños también influye en cómo interpretan lo que hacen sus mascotas. Comprender las necesidades y los comportamientos naturales de los gatos ayuda a distinguir entre acciones propias de la especie y señales que pueden requerir atención.

Por el contrario, atribuir una conducta a un supuesto intento de desafiar o molestar puede llevar a respuestas inadecuadas. Los gritos y los castigos físicos no son una solución recomendable: pueden generar miedo y empeorar la relación con el animal.

Los gatos, además, no siempre muestran el malestar de una manera evidente. Los cambios en sus hábitos, el aislamiento o la pérdida de interés por actividades habituales pueden ser más difíciles de reconocer que la agresión o la eliminación fuera de la bandeja. Por eso, observar las variaciones en su comportamiento cotidiano puede aportar información importante sobre su estado general.

Cuándo conviene consultar con un veterinario

No hace falta esperar a que una conducta resulte molesta para prestarle atención. Los cambios persistentes o repentinos en los hábitos del gato pueden justificar una consulta, especialmente si afectan su alimentación, su actividad o el uso de la bandeja sanitaria.

Estas son algunas señales que conviene observar:

  • Acicalamiento excesivo: se lame de manera insistente o aparecen zonas sin pelo, irritación o lesiones.
  • Cambios en el apetito: come mucho menos de lo habitual o deja de comer.
  • Aislamiento o miedo: empieza a esconderse con frecuencia, evita el contacto o reacciona de manera diferente ante situaciones cotidianas.
  • Cambios en la eliminación: orina o defeca fuera de la bandeja, o modifica repentinamente sus hábitos.
  • Conductas repetitivas: realiza acciones de forma persistente que interfieren con sus actividades habituales.

Estas señales no indican por sí solas que exista una enfermedad o un problema de comportamiento específico. La evaluación veterinaria permite descartar causas médicas y determinar si hace falta modificar el entorno o recurrir a un especialista en conducta animal.

Por qué orinar fuera de la bandeja no siempre es un problema de conducta

La eliminación fuera de la bandeja sanitaria puede generar frustración en los dueños, pero no debe interpretarse automáticamente como una conducta voluntaria. Puede estar relacionada con estrés, conflictos con otros animales, características del arenero o problemas médicos.

Ante un cambio de este tipo, conviene revisar si la bandeja está limpia, si se encuentra en un lugar tranquilo y si el gato tiene un acceso cómodo. Sin embargo, la aparición repentina de este comportamiento requiere una evaluación veterinaria, porque también puede tener causas urinarias u otros problemas de salud.

Si el gato hace esfuerzos para orinar, entra y sale repetidamente de la bandeja o elimina apenas unas gotas, necesita atención veterinaria urgente, especialmente si es macho y no logra orinar.

La investigación plantea una idea central: las conductas que más afectan la convivencia suelen recibir atención inmediata, mientras que otras señales pueden quedar relegadas. Observar al gato más allá de las molestias que genera permite comprender mejor sus necesidades y detectar a tiempo cambios que merecen una evaluación.

Fuente: TN — Ver noticia original