Un equipo de paleontólogos del CONICET logró reconstruir qué comía una foca que vivió en la costa de Chubut hace unos 10 millones de años. El resto fósil, encontrado en Península Valdés, conservó junto al esqueleto restos de peces de su contenido estomacal, algo poco frecuente en el registro fósil.
Se trata de Kawas benegasorum. “En Argentina, al día de hoy, solo hay tres registros de focas en todo el país y este es, por lejos, el más completo”, explicó Felipe Busker, paleontólogo del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET), según el comunicado del CENPAT.
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Los investigadores analizaron los huesos de peces que quedaron preservados en la zona del abdomen. Así descubrieron que la foca se alimentaba de lenguados, merluzas y peces escorpión, tanto de la costa como de aguas más profundas. Eso la convierte en un predador oportunista, que comía los peces que tenía a su alcance.
Identificar las especies no fue fácil, porque los restos estaban semidigeridos. Aun así, el estudio permitió una comparación interesante: la dieta de Kawas era muy parecida a la de los lobos marinos sudamericanos y los machos de elefante marino que hoy habitan la zona. “Estamos viendo una convergencia en el tipo de dieta que elegían estos pinnípedos en esta zona de Sudamérica”, señaló Busker.
Por qué es importante el fósil
El ejemplar fue encontrado en la década del 90 en Punta San Román, en Península Valdés, y la especie se describió por primera vez en 2001. Pero su anatomía y su contenido estomacal nunca se habían estudiado en profundidad. El nuevo trabajo hizo una descripción completa del esqueleto y sumó información inédita sobre sus dientes.
Para los investigadores, su valor está en la antigüedad, en el muy buen estado de conservación y en el lugar donde apareció. “Hoy en día, casi no hay fósiles de focas en Chubut, y el hallazgo de una foca es relevante para explicar la historia evolutiva del grupo y su historia en América del Sur”, explicó Busker.
Cómo era Kawas benegasorum
Según el estudio, la foca medía entre 1,9 y 2,2 metros de largo. Sus dientes y su esqueleto combinan rasgos de los dos grandes grupos de focas actuales: las que viven en el hemisferio norte y las que habitan principalmente en el sur. Por eso, y porque no se conservó el cráneo, todavía es difícil saber con exactitud con qué especies está emparentada.
El trabajo fue liderado por Ana Valenzuela-Toro, del Centro de Investigación y Avance de la Paleontología e Historia Natural de Atacama (Chile), junto a Felipe Busker, Mónica Buono y José Cuitiño, del IPGP, y Néstor García, del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET).