El sueño de volar llevó a Claudio Robetto y Betina Raimondi a cruzar fronteras y océanos en su propio avión monomotor. Casados hace 36 años, padres de seis hijas y abuelos de dos nietos, este matrimonio marplatense se animó a dar la vuelta al mundo no una, sino dos veces, a bordo de un Mooney M20J modelo 1978.
La pareja, que se presenta en redes como “Aventureros del aire”, despegó por primera vez en 2023 y repitió la hazaña en 2026, cambiando el itinerario y sumando nuevas experiencias. Entre ambas travesías, acumularon 261 días de viaje, 481 horas de vuelo y 106.711 kilómetros recorridos, una marca que los convirtió en referentes de la aviación argentina.
Cómo nació el sueño de volar juntos
La historia de Claudio y Betina comenzó en la costa de Mar del Plata a fines de 1989. Él, piloto privado e ingeniero metalúrgico, la invitó a volar y a tomar un café en el aeropuerto, un gesto que selló el inicio de su relación. Cuatro meses después, se casaron y formaron una familia numerosa.
Durante años, Claudio voló de manera ocasional, mientras Betina trabajaba como ingeniera agrónoma. Con el tiempo, ambos se volcaron a un emprendimiento familiar de harina sin gluten y, cuando sus hijas crecieron, retomaron el viejo anhelo de volar juntos. Tras ahorrar durante años, compraron su primer avión pequeño en Estados Unidos y, en 2019, comenzaron a compartir sus experiencias en un blog.
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El encuentro con otro matrimonio aviador, Alex Gronberger y Martina Kist, fue clave para que el proyecto de dar la vuelta al mundo tomara forma. En 2021, Gronberger y Kist lograron la hazaña y, poco después, Claudio y Betina se propusieron seguir sus pasos.
La primera vuelta al mundo: 60 mil kilómetros y un sueño cumplido
El 21 de mayo de 2023, los Robetto despegaron desde el Aeroclub de Batán, al sur de Mar del Plata, en su Mooney M20J. El recorrido incluyó escalas en Córdoba, Brasil, Venezuela, Estados Unidos, Canadá, Groenlandia, Escocia, Inglaterra, España, Italia, Alemania y Rusia.
Durante 124 días, recorrieron 60.000 kilómetros y sumaron 270 horas de vuelo. El tramo más largo fue de 1.200 kilómetros entre Islandia y Noruega, con 10 horas en el aire. En Rusia, atravesaron ocho ciudades en 20 días, en medio de un contexto bélico que complicó la logística.
La travesía tuvo momentos de tensión, como el cruce sobre el Atlántico y el riesgo de engelamiento —la formación de hielo en las alas—, pero también instantes emotivos: Claudio pudo visitar la tumba de su padre en Italia y ambos conocieron a su primer nieto en España.
La segunda vuelta: más turismo, nuevas rutas y amistades en todo el mundo
El 17 de abril de 2026, la pareja volvió a despegar, esta vez desde Mar del Plata, y regresó el 1° de septiembre. El viaje duró 137 días, con 211 horas de vuelo y 46.711 kilómetros recorridos. En esta ocasión, pasaron dos meses en España para disfrutar de su nieta recién nacida y de su otro nieto.
Para el cruce a Europa, optaron por una ruta diferente: en vez de largas horas sobre el Atlántico, volaron por tierra a través de Bulgaria, Kazajistán, Rusia y el estrecho de Bering, sumando nuevos países y experiencias. Solo en Bulgaria tomaron un avión de línea para visitar Estambul.
Durante el viaje, se alojaron en casas de familias rusas y compartieron momentos con pilotos de distintas partes del mundo, como el salvadoreño Carlos Dardano y el estadounidense Art Mortvedt, conocido por volar en ambos polos. En Chile, visitaron a la “abuela voladora” María Eliana Christen, pionera de la aviación femenina.
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Los desafíos técnicos y el valor de la camaradería aeronáutica
No todo fue sencillo: en San Francisco debieron reparar el cono de la hélice del avión, y en Rusia enfrentaron controles migratorios estrictos, con interrogatorios y revisión de celulares. También vivieron momentos de preocupación por el clima, como el hielo en las alas al cruzar un cordón montañoso antes de llegar a Alaska.
La conectividad fue clave en esta segunda vuelta: gracias a internet satelital, pudieron comunicarse con su familia y chequear la meteorología en tiempo real. La solidaridad de la comunidad aeronáutica los acompañó en cada escala, desde pilotos que los recibieron en sus casas hasta seguidores que les ayudaron con repuestos.
Fuente: TN — Ver noticia original