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Sin victorias propias para celebrar, el peronismo se abraza al triunfo de Lula en Brasil

El PJ lleva seis derrotas en las últimas siete elecciones y usa al presidente brasileño para mandarse mensajes envenenados en la interna. Milei habla de quemar periodistas en la hoguera, pero hay una lección enorme que aprender.
Sin victorias propias para celebrar, el peronismo se abraza al triunfo de Lula en Brasil

La filósofa Moria Casán decía que todos se cuelgan de sus lolas. Lula da Silva bien podría decir lo mismo en estas últimas 48 horas.

Cristina Kirchner tuiteó sus felicitaciones “primero al pueblo brasileño, que hoy protagonizó un auténtico 17 de octubre electoral, y después a usted, compañero presidente Lula”. Alberto Fernández escribió: “Hoy Brasil te elige por cuarta vez y la Patria Grande festeja”. El Cuervo Larroque se despachó con una sola palabra: “Lulazo”. Hasta Horacio Rodríguez Larreta se colgó de Lula: “Tu triunfo es una muestra de que los extremos no construyen”. Y Facundo Moyano: “Hermoso lo de este hombre. Los pueblos no se equivocan”.

Después salieron todos a colgarse por tele y radio. Axel Kicillof, Juan Grabois, Cecilia Moreau.

La pregunta es: ¿por qué se cuelgan de Lula? Porque hace muchos años que el peronismo no festeja victorias propias. Entonces festeja victorias ajenas.

Repasemos. En 2013, Insaurralde y Cristina Kirchner fueron derrotados por Sergio Massa. En 2015, Daniel Scioli y Carlos Zannini —puesto por Cristina Kirchner— perdieron contra Mauricio Macri. En 2017, CFK fue derrotada por Esteban Bullrich en la provincia de Buenos Aires. En 2019 hubo una victoria de Alberto Fernández y CFK que todavía hoy estamos padeciendo. En 2021, Victoria Tolosa Paz fue derrotada por Diego Santilli y hubo una derrota nacional contra Juntos por el Cambio. En 2023, Sergio Massa y CFK fueron derrotados por Javier Milei, 56 a 44, doce puntos de diferencia. Y en 2025, Jorge Taiana —puesto por Cristina Kirchner— fue derrotado por Diego Santilli.

Conclusión: el peronismo perdió 6 de las últimas 7 elecciones. Por eso festeja la victoria de Lula en Brasil.

Hasta Sergio Massa se colgó de Lula para mandar mensajes en la interna peronista. Mensajes bien venenosos, al estilo Massa. El primero: “Lula es el Perón del siglo 21”. Traducción: “Cristina no es Perón”. El segundo: “Lula construyó un acuerdo transversal y no en la búsqueda de hegemonía individual”. Traducción: “No como Kicillof, que está armando una facción dentro del peronismo”.

Usan el triunfo de Lula en Brasil para mandarse mensajes internos. No tienen paz.

Y eso que hay mucho para aprender de esta elección. Un hilo muy interesante analizó cómo ganó Lula y que WhatsApp fue clave para la remontada, a través del “Exército do Lula”. Al terminar la primera vuelta, el canal de WhatsApp tenía aproximadamente 50 o 60 mil seguidores. Al 7 de octubre llegó a 2 millones; al 22, a 8 millones; el 23, a 10 millones; y el día de la elección cerró en 10,8 millones.

Pero no era un grupo para leer mensajes. Había misiones: invitar a otras personas, compartir publicaciones, hacer memes y recortes, participar de acciones digitales, ir a actos y movilizaciones. La audiencia tenía tareas.

La diferencia está acá: un seguidor recibe contenido; una comunidad organizada lo distribuye. WhatsApp se convirtió en punto de partida. Después la acción ocurría en Instagram, en X, en YouTube, en la calle. El canal no reemplazaba las otras plataformas: las activaba.

¿Cómo terminó la elección en WhatsApp? El “Exército do Lula” terminó con 10,8 millones de seguidores; la “Tropa do Flávio”, con 2,1 millones.

La lección no es “abrí un canal de WhatsApp”. Es otra. Durante años, los medios midieron seguidores, likes, vistas. Esta campaña volvió a poner otra métrica sobre la mesa: ¿cuántas personas están dispuestas a hacer algo? Porque una audiencia consume contenido. Una organización lo convierte en acción.

Sería muy interesante que eso se analice acá en Argentina: la diferencia entre audiencia y organización.

Ahora bien. Miren quién se cuelga también del triunfo de Lula. Cristina Kirchner declaró ante The Washington Post: “Si la justicia me habilita, voy a jugar”. A esto se suma un tuit de Mayra Mendoza. El abogado brasileño de Cristina, Rafael Valim, escribió: “Hoy ha sido Lula; el año que viene será Cristina”. Y Mayra Mendoza respondió: “Vos sabes que sí”. Felipe Solá también habló en el mismo tono.

El kirchnerismo, recontra envalentonado con Lula. “Si Lula ganó, Cristina también.” “Cristina, la Lula argentina.”

No quiero pincharles el globo, pero hay muchas diferencias. Primera: Cristina tiene condena firme por la Corte Suprema de Justicia; Lula no tenía condena firme, por eso salió de prisión y pudo ser candidato. Segunda: Lula ganó con todo el aparato del Estado; Cristina está presa en San José 1111. Tercera: Lula estuvo preso en una celda de 15 metros cuadrados; Cristina está presa en un piso de 200 metros cuadrados con peluquera y maquilladora a domicilio. Cuarta: el Partido de los Trabajadores reconoce a Lula como su líder político; el Partido Justicialista ya no se aguanta más a Cristina y no sabe cómo sacársela de encima. ¿Por qué? Porque fue la mariscal de derrota de las últimas elecciones.

Ahora bien. Todo este proceso electoral de Brasil debería dejar una moraleja urgente para el gobierno de Milei: mucha más prudencia, mucha más inteligencia, mucho más estrategia, mucho más mente fría.

Hace solo tres semanas, el canciller Pablo Quirno hizo declaraciones en las que afirmó que Milei gana todo. Puede fallar.

Primera conclusión: nunca se gritan los goles antes de tiempo. Segunda: salgan de la vanidad y del egocentrismo. Tercera: salgan del esquema de tolerancia cero.

Esta idea de que cualquier crítico de la gestión es una especie de demonio. Luis Caputo diciendo que Kicillof es el anticristo. O el mismo presidente Milei hablando de quemar periodistas en la hoguera.

Un verdadero espanto por donde se lo mire. Pensaba, al escuchar eso, que la hoguera siempre fue la antítesis de la libertad. Precisamente, el pensamiento liberal nace para combatir las piras medievales y proteger al individuo frente a los caprichos del poder absoluto.

Hay que frenar estos discursos porque habilitan la violencia. No sirve decir que fue una metáfora. Ya sabemos que el kirchnerismo pegaba afiches para escupir periodistas. Ya sabemos que Capitanich rompía diarios. Pero este tipo de discursos son muy peligrosos porque habilitan a que venga alguien desequilibrado y agreda físicamente a un periodista, a un empresario, o a quien sea.

Y encima saltaron los kirchneristas a decirle “cagón” a Luis Novaresio por no defenderse con más énfasis. Julia Mengolini le dijo “cagón” a Novaresio por no insultar a Milei.

Entramos en una secuencia totalmente disparatada. Milei habla de quemar periodistas en la hoguera. Novaresio se defiende. Y sale Mengolini a decir que la defensa es incorrecta y que Novaresio en realidad debe decir “nos gobierna Hitler” y “un payaso asesino”.

Está todo mal. El eje conductual es la violencia. Hay que cortar de raíz la idea de destrozar al adversario, y hay que hacerlo ahora, porque después puede ser demasiado tarde.

Mientras tanto, es válido —aunque bastante patético— que los muchachos sigan colgándose de Lula. Decía Napoleón Bonaparte: “Hay quienes no ganan batallas, pero siempre aparecen en el desfile”.

Opiniones libres, hechos sagrados.

Fuente: TN — Ver noticia original