El video en loop de Javier Milei elogiando el modelo económico paraguayo hace pocos meses se repitió mientras el Congreso de ese país avanzaba con el juicio político contra el renunciado y flamante ex presidente Santiago Peña.
“Paraguay es un ejemplo de lo que hay que hacer en materia económica”, señalaba Milei durante la primera reunión de la CPAC realizada en Asunción.
En España, el jueves, y ya aterrizado en la Argentina, Milei hizo silencio. Lo mismo hizo con las derrotas de todos los líderes que participaron activamente del foro conservador. Pasó con Viktor Orbán meses atrás y en las últimas dos semanas con Flavio Bolsonaro en Brasil y con Donald Trump, este martes.
“Sin comentarios, por el momento”, dijeron en Cancillería. La única funcionaria que se refirió de manera explícita a la situación en uno de los países miembro del Mercosur fue la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva.
La sucesora de Patricia Bullrich en el gabinete negó que Peña estuviera en la Argentina. Monteoliva había quedado en offside con la escala de Bolsonaro previa a su viaje en Estados Unidos.
En Paraguay dirigentes opositores sugirieron que Peña se había contactado con Milei. En la Rosada lo negaron.
El silencio pragmático de Milei contrastó con el respaldo de Mauricio Macri al exmandatario al que definió como un gran dirigente.
Ni el jefe del PRO ni en LLA ignoran que el presidente Horacio Cartes, jefe del partido Colorado, tuvo participación activa en la suerte de Peña al que le exigió que renunciara por carta.
El vínculo entre Milei y Peña había salido airoso de los reclamos cruzados por los peajes de la Hidrovía y Yaciretá.
Santiago Caputo, que en los últimos días se mostró hiperactivo en redes para explicar la suerte de Donald Trump, no le dedicó ni un mensaje a la suerte de Peña, el socio más próximo que le quedaba en la CPAC, que apostó a la batalla cultural de la derecha trumpista cuando la popularidad de Milei aumentó.
Si el Partido Colorado logra retener el poder a nivel nacional que ya perdió en Asunción y en Ciudad del Este nadie apuesta a que ese discurso tan duro se sostendrá.
El frente diplomático en el cono sur se complica para la administración libertaria. El canciller del Presidente trasandino José Antonio Kast, quien saludó personalmente a Lula da Silva, explicó que Chile y Brasil no pueden permitirse “caprichos ideológicos”. No hizo falta que aclarara de quién hablaba mientras el Palacio de la Moneda ya hizo saber su malestar por las declaraciones de militares argentinos sobre el estrecho de Magallanes. El malestar se agrava por el golpeado proyecto sobre Malvinas para endurecer sanciones contra empresas proveedoras de las petroleras que operan en las Islas.
Fuente: Clarín — Ver noticia original