Toda la vida llegando tarde, perdiendo las llaves, empezando mil proyectos y terminando pocos. Durante décadas, eso se atribuyó a un carácter disperso o a “ser así”. Pero cada vez más personas pasados los 50 descubren que detrás había algo con nombre propio.
Datos difundidos en el Reino Unido muestran un salto llamativo en la cantidad de adultos mayores de 50 que declaran tener TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) o autismo.
La cifra surge de una aseguradora de viajes británica, que pide a sus clientes informar sus condiciones de salud al contratar una póliza. Entre enero y julio de 2026 registró 4676 declaraciones de estos cuadros en ese grupo de edad, contra 2613 en todo 2025.
Ojo: no se trata de un estudio epidemiológico. Lo que crece es la cantidad de personas que conocen su diagnóstico y lo informan, no necesariamente la cantidad de casos.
“Las personas pueden recibir un diagnóstico más tarde en la vida por diversas razones”. Así lo explica Asimah Hanif, médica de familia británica del sistema público de salud de ese país.
Por qué el diagnóstico llega tan tarde
Según Hanif, hay varios motivos detrás de este fenómeno:
- Rasgos que se pasaron por alto o se malinterpretaron durante años.
- El enmascaramiento, es decir, el esfuerzo por disimular los síntomas para encajar.
- Mayor conocimiento social sobre la neurodivergencia.
- Cambios en los criterios diagnósticos, que hoy contemplan mejor cómo se manifiestan estos cuadros en la adultez.
Todo eso, señala la médica, empuja a muchas personas a pedir una evaluación incluso en una etapa avanzada de la vida.
En el Reino Unido, las evaluaciones de neurodiversidad crecieron con fuerza en los últimos años. Se estima que uno de cada siete británicos es neurodivergente.
No todo despiste es TDAH
Ahora bien, la mayor visibilidad también tiene su lado B. En redes sociales circulan contenidos que confunden rasgos de personalidad o comportamientos aislados con un trastorno.
“Si no es debilitante, no es TDAH”. La frase pertenece a Henry Shelford, director ejecutivo y cofundador de una asociación británica de personas con TDAH, quien además convive con el diagnóstico.
Elena Touroni, psicóloga y cofundadora de una clínica de psicología en Londres, coincide en que la clave pasa por cuánto afecta una conducta la vida cotidiana. Los síntomas genuinos, explica, golpean varias áreas al mismo tiempo: el trabajo, los vínculos y el equilibrio emocional. Los rasgos de personalidad, en cambio, suelen depender del contexto y hacen menos daño.
Es decir: olvidarse un cumpleaños no alcanza para sacar conclusiones.
Señales que suelen pasar inadvertidas
El TDAH quedó asociado durante mucho tiempo al chico que no se queda quieto en el aula. Pero en los adultos puede tomar formas más sutiles. Estas son algunas pistas:
- Ceguera temporal: perder la noción del tiempo y calcular mal cuánto lleva cada tarea.
- Desorganización: objetos extraviados, fechas límite olvidadas, casa revuelta.
- Hiperconcentración: sumergirse durante horas en una actividad.
- Postergación crónica: sentirse desbordado por las pendientes y terminar haciendo lo menos importante.
- Emociones a flor de piel: enojos repentinos, euforia o bloqueo.
- Decir que sí a todo: sumar compromisos aunque la agenda esté llena.
- Impaciencia: interrumpir, hablar de más, sufrir cada fila.
- Inquietud: tamborilear, caminar de un lado a otro o sentir un motor interno.
- Distracción fácil: por ruidos externos o por los propios pensamientos.
Ninguno de estos rasgos, por sí solo, confirma nada. Ante la sospecha, lo indicado es consultar con un profesional de salud mental que pueda hacer una evaluación completa.
Porque ponerle nombre a lo que pasa, aun a los 60, puede cambiar la forma de vivir el resto del camino.
Fuente: TN — Ver noticia original