Las cáscaras de mandarina suelen terminar en la basura después de comer la fruta, pero también pueden transformarse en un limpiador casero con aroma cítrico. Al mezclarlas con alcohol, se obtiene una preparación perfumada que sirve para limpiar distintas superficies del hogar.
Este truco es sencillo, económico y permite aprovechar los restos de una fruta de estación, evitando el uso de productos con fragancias artificiales. La clave está en dejar reposar las cáscaras durante varios días para que el alcohol absorba sus compuestos aromáticos.
Cómo hacer el limpiador casero de mandarina
El procedimiento es fácil, aunque requiere varios días de reposo para que el alcohol tome el aroma de la fruta.
- Limpiá bien la superficie de las cáscaras de 2 o 3 mandarinas antes de pelarlas para quitar cualquier suciedad.
- Retirá la piel y cortarlas en tiras pequeñas para facilitar la extracción de los aromas.
- Colocá las cáscaras en un recipiente de vidrio limpio y seco, sin llenarlo por completo.
- Agregá el alcohol hasta cubrir las cáscaras.
- Cerrá el frasco y guardarlo en un lugar fresco, seco y alejado de la luz durante 7 a 10 días.
- Pasado ese tiempo, colaá el líquido para retirar los restos de cáscara.
- Pasá el preparado a una botella limpia, preferentemente etiquetada, y mantenela bien cerrada para conservarlo.
El resultado es un líquido con aroma cítrico que puede usarse para perfumar la limpieza de superficies lavables.
Para qué sirve el limpiador casero de mandarina y qué precauciones tener
Esta preparación es útil como complemento para la limpieza diaria de superficies resistentes al alcohol y no porosas. Por ejemplo:
- Mesadas de materiales compatibles (siempre que el fabricante lo indique)
- Azulejos y revestimientos cerámicos
- Superficies de vidrio (probando antes en una zona pequeña)
- Picaportes y objetos de uso cotidiano
Antes de usarlo, conviene probarlo en una zona poco visible. No debe aplicarse sobre madera encerada o barnizada, superficies pintadas, cuero, acrílico ni pantallas, porque el alcohol puede dañarlas.
El alcohol es inflamable, por lo que el frasco y el producto terminado deben mantenerse lejos del fuego, hornallas y fuentes de calor. Es importante trabajar en un ambiente ventilado y nunca mezclar esta preparación con lavandina, amoníaco u otros productos de limpieza. Tampoco debe usarse sobre alimentos, utensilios o superficies en contacto directo con comida sin enjuague adecuado.
Fuente: TN — Ver noticia original