En Quito, a 2.850 metros sobre el nivel del mar, las temperaturas pueden ser frescas durante gran parte del año. Sin embargo, esa condición está ligada principalmente a la altitud y no contradice un rasgo central de las latitudes tropicales: cerca del ecuador, las cuatro estaciones tradicionales casi no se distinguen por la temperatura. En esa franja del planeta, el calendario climático suele estar marcado por las lluvias, la humedad y la nubosidad, más que por la sucesión de un invierno frío y un verano caluroso.
La explicación comienza con la posición de la Tierra frente al Sol. Su eje de rotación está inclinado aproximadamente 23,5 grados respecto del plano de su órbita, un factor que provoca cambios estacionales notorios en las latitudes medias y altas. Cerca de la línea ecuatorial, en cambio, la radiación solar varía menos a lo largo de los doce meses y la duración del día se mantiene próxima a las 12 horas. Por eso, la amplitud térmica anual suele ser menor que en regiones como la Argentina.
PUBLICIDAD
Los solsticios y equinoccios ocurren de todos modos, porque son fenómenos astronómicos globales. La diferencia aparece en su impacto local, advierte la NASA. Durante los equinoccios de marzo y septiembre, el Sol puede ubicarse prácticamente sobre la vertical de la línea ecuatorial al mediodía. La NASA explica que el equinoccio marca el momento en que el centro del Sol cruza el plano del ecuador terrestre.
En Buenos Aires, la diferencia entre las horas de luz de junio y diciembre es evidente y acompaña el contraste entre el invierno y el verano. En la zona ecuatorial, por el contrario, esa variación es reducida. El día y la noche duran cerca de 12 horas durante casi todo el año, por lo que el aporte de energía solar no presenta los cambios abruptos propios de los climas templados.
La inclinación del eje terrestre sigue siendo el origen de las estaciones astronómicas. En junio, el hemisferio norte queda más orientado hacia el Sol; en diciembre, esa posición favorece al hemisferio sur. Sin embargo, la cercanía al ecuador limita la variación en el ángulo con que llegan los rayos solares.
Así, las temperaturas pueden mantenerse elevadas o moderadas sin formar cuatro períodos térmicos claramente diferenciados.
Esto no significa que el tiempo sea igual todos los días. La nubosidad, los vientos, las tormentas y las precipitaciones cambian a lo largo del año. En muchas zonas tropicales, el indicador más útil para reconocer el ciclo anual es la alternancia entre meses húmedos y secos.
La NASA señala que la inclinación de 23,5 grados del eje terrestre modifica la incidencia de la luz solar sobre cada hemisferio. Ese mecanismo explica por qué los contrastes entre verano e invierno aumentan a medida que crece la distancia respecto del ecuador.
La Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT) es una franja atmosférica cercana al ecuador en la que confluyen los vientos alisios de ambos hemisferios. Esa convergencia obliga al aire cálido y húmedo a ascender; al enfriarse en altura, favorece la formación de nubes, chaparrones y tormentas.
Su ubicación cambia a lo largo del año. La ZCIT se desplaza hacia el norte y hacia el sur en respuesta al movimiento estacional de la máxima radiación solar. Para los territorios por los que pasa, ese recorrido puede definir el comienzo o el final de la temporada de lluvias. En las áreas más próximas al ecuador pueden registrarse dos picos de precipitaciones anuales, vinculados con el paso de esta franja en sus desplazamientos estacionales.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) indica que la ZCIT es responsable de las estaciones húmedas y secas en los trópicos. A mayor distancia de la línea ecuatorial, los dos períodos lluviosos pueden fusionarse en una temporada principal, seguida por otra más seca.
Esta dinámica explica por qué las categorías de primavera, verano, otoño e invierno no siempre describen con precisión el clima tropical.
El caso de Ecuador muestra que la latitud es decisiva, aunque no basta para anticipar el tiempo de cada región. El país reúne la costa del Pacífico, la cordillera de los Andes, la Amazonía y el archipiélago de Galápagos. Los relieves, las alturas y las corrientes marinas introducen diferencias climáticas marcadas.
En la sierra, la elevación modifica de forma sustancial las temperaturas. Quito, pese a su cercanía a la línea ecuatorial, tiene un clima más fresco que las ciudades costeras debido a su altitud. La región suele atravesar un período más lluvioso entre octubre y mayo, además de meses relativamente más secos entre junio y septiembre, aunque esas condiciones varían según el valle y la localidad.
En la costa se alternan una etapa cálida y lluviosa con otra más seca y fresca. La Amazonía recibe precipitaciones abundantes durante todo el año, con meses de mayor intensidad. Galápagos, a su vez, combina un período cálido y húmedo con otro más fresco y seco. La altitud, el relieve y las corrientes oceánicas, incluida la de Humboldt, modifican las condiciones locales.
Afirmar que en Ecuador “no hay estaciones” simplifica un sistema climático diverso. El país comparte con el resto del planeta los ciclos astronómicos, pero en gran parte de su territorio la señal más clara del paso de los meses es la lluvia. La ZCIT, las montañas y el océano explican por qué pueden coexistir paisajes climáticos diferentes a pocos cientos de kilómetros de distancia.
Fuente: Infobae — Ver noticia original