
La terapia con luz LED pasó de ser una tecnología exclusiva de consultas médicas a convertirse en uno de los productos más buscados del mercado de belleza, con una industria que según Grand View Research facturó 533,8 millones de dólares en 2025.
Una tendencia que se ha hecho viral en redes sociales y por eso es importante conocerla al detalle para evitar problemas en la piel, saber cómo usarla y cuándo es el momento adecuado.
Qué es la terapia LED y cómo actúa sobre la piel
La terapia con luz LED utiliza longitudes de onda específicas para generar respuestas biológicas en los tejidos sin calor ni agresión, a diferencia de un láser. El mecanismo se denomina fotobiomodulación: una estimulación celular que no transforma la piel de forma inmediata, sino que acompaña procesos de recuperación e inflamación a lo largo de varias semanas de uso constante.
“La luz LED no calienta ni agrede la piel como puede hacerlo un láser. Actúa mediante fotobiomodulación, es decir, una estimulación biológica suave”, explicó la dermatóloga Natividad Cano a la revista Mujer Hoy.

El proceso ocurre a nivel mitocondrial. “Podemos imaginar las mitocondrias como pequeños motores dentro de las células” que transforman nutrientes y oxígeno en energía utilizable, describe Josh Adams, de Therabody. Cuando la luz roja o infrarroja incide sobre estas estructuras, ciertas enzimas la absorben y favorecen la liberación de óxido nítrico, lo que acelera la producción de energía celular disponible para tareas como sintetizar colágeno o reparar fibras musculares.
Originalmente desarrollada por la NASA para curar heridas en el espacio, la tecnología distingue sus efectos según el color. La luz azul, entre 400 y 500 nanómetros, actúa sobre bacterias asociadas al acné en capas superficiales.
La luz roja, entre 600 y 700 nanómetros, alcanza planos más profundos e influye en la actividad mitocondrial y la reparación cutánea, según detalla la doctora Vanessa Herrera, de ZEM Wellness Clinic Altea.
Diferencias entre dispositivos clínicos y domésticos
No todas las máscaras LED ofrecen el mismo resultado. “La primera distinción que hay que hacer es entre la luz LED de uso médico, utilizada en clínica, y las máscaras LED de uso domiciliario”, dijo Sara Carrasco, dermatóloga del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica (Gedet) de la Academia Española de Dermatología y Venereología, a Cuidate Plus.

Los equipos clínicos emiten mayor densidad de potencia y suelen combinarse con geles fotoconversores que contienen cromóforos, “la combinación que realmente hace eficaz la terapia”, precisa Carrasco. Las máscaras caseras, en cambio, trabajan con potencias mucho más bajas por seguridad, con menor número de diodos y calidad inferior.
Esto explica por qué aparatos de apariencia similar pueden comportarse de forma distinta. “Dos aparatos que por fuera parecen idénticos pueden estar haciendo cosas completamente opuestas”, advierte el doctor Lucas Ponti Concetti, de Amuna Vitality Clinic. Desde el equipo de I+D de Foreo coinciden en que lo determinante no es tener LEDs, sino “cómo se distribuye la luz y si llega de forma uniforme a todo el rostro”.
Cómo usar correctamente una máscara LED
El uso doméstico exige más tiempo que el clínico: mientras en consulta las sesiones duran entre 10 y 15 minutos, en casa se requieren más de 20 minutos, tres o cuatro veces por semana, según explica Carrasco.
Antes de elegir un dispositivo conviene verificar su fabricación bajo la norma ISO 13485 y el marcado CE europeo, que certifica seguridad eléctrica y ausencia de radiación dañina. “Los precios excesivamente bajos suelen indicar una falta de potencia y calidad”, advierte Carrasco, aunque aclara que pagar más tampoco garantiza eficacia clínica.

La constancia es clave: en acné, los resultados con luz médica aparecen “a partir de la quinta semana, con dos sesiones semanales”.
No todas las pieles deben usarla. Carrasco desaconseja el tratamiento en personas con alteraciones de la pigmentación, quienes toman medicación fotosensibilizante o suplementos como hierro oral, fototipos muy altos, y en casos de cáncer de piel o fotodaño extenso.
“Con las máscaras LED no se obtienen resultados visibles en el sentido estético clásico. No van a borrar arrugas”, resume la especialista, quien sitúa su beneficio real en la mejora funcional de la piel y la reducción de la inflamación.
Fuente: Infobae — Ver noticia original