
Una reciente declaración científica del Colegio Americano de Cardiología (ACC) plantea que el ejercicio físico debe indicarse como parte central de la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares, con un enfoque similar al de otras intervenciones para controlar la presión arterial, el colesterol, la diabetes o el tabaquismo.
Bajo esa premisa, el documento sostiene que no deben imponerse barreras innecesarias a quienes buscan dejar el sedentarismo y que la mayoría de las personas sin síntomas o clínicamente estables no necesita una prueba de esfuerzo de rutina antes de iniciar actividad física de intensidad suave o moderada y en forma progresiva.
El documento, publicado en Journal of the American College of Cardiology (JACC), propone reducir barreras innecesarias para abandonar el sedentarismo, aunque mantiene la necesidad de evaluaciones específicas frente a síntomas, enfermedades conocidas o planes de entrenamiento intenso.
El médico cardiólogo Juan Pablo Costabel (MN 119.403), jefe de la Unidad Coronaria del ICBA Instituto Cardiovascular, coincidió en que no se debe demorar el inicio de la actividad física y sostuvo que los estudios deben utilizarse de manera selectiva.
“Nuestra postura es más favorable a la prueba de esfuerzo como parte de la evaluación inicial de quienes van a comenzar un programa de entrenamiento”, explicó a Infobae.

Aclaró, sin embargo, que esa instancia “no debería demorar el inicio de caminatas o actividad suave en personas aparentemente sanas”.
En Argentina, los certificados de aptitud física son requisitos habituales para asistir a gimnasios. En ese sentido, el médico cardiólogo y nefrólogo Gabriel Lapman (MN 119.066) coincidió con el enfoque del ACC y señaló que implica “un cambio de paradigma muy interesante”.
“Durante años hemos instalado la idea de que para empezar a hacer ejercicio hay que realizarse múltiples estudios cardiológicos. Pero la evidencia científica nos demuestra que, en la mayoría de las personas sanas y sin síntomas, esto no es necesario”, afirmó.
El ACC desaconseja las pruebas de esfuerzo rutinarias antes de hacer ejercicio moderado

La declaración sostiene que los estudios de esfuerzo previos no son necesarios de manera sistemática para personas asintomáticas o clínicamente estables que buscan iniciar actividad física.
Los autores advierten que los controles indiscriminados pueden transformarse en un obstáculo para empezar a moverse.
El documento fundamenta esa postura en el bajo riesgo absoluto de eventos cardíacos graves durante el ejercicio en la población general, la posibilidad de falsos positivos y la limitada capacidad predictiva de estas pruebas para anticipar un infarto o una muerte súbita en personas sin síntomas.
Según el ACC, una prueba de esfuerzo puede ser útil para evaluar la capacidad funcional, detectar arritmias inducidas por el ejercicio, observar la respuesta de la presión arterial o definir una intensidad inicial de entrenamiento. Sin embargo, su indicación debe responder a una pregunta clínica concreta.
Lapman diferenció los controles preventivos de la exigencia de una ergometría periódica. “Una cosa es hacerse controles médicos preventivos y otra muy distinta es necesitar una ergometría todos los años para poder ir al gimnasio”, señaló.
Una buena consulta clínica es la base del apto físico individualizado

Para Lapman, la evaluación previa debe comenzar con información clínica y no necesariamente con estudios complejos. “Lo más importante sigue siendo algo que ninguna tecnología puede reemplazar: una buena historia clínica”, afirmó.
Esa consulta debería incluir antecedentes personales y familiares, síntomas, medición de presión arterial, examen físico y evaluación del riesgo cardiovascular. “Según cada paciente, podemos solicitar un electrocardiograma, análisis de laboratorio o estudios complementarios. Pero no todos necesitan ecocardiogramas, ergometrías o estudios complejos”, dijo el especialista. “La medicina no debería ser una fábrica de estudios. Los estudios deben responder preguntas clínicas concretas”.
En la misma línea, Costabel consideró que la base es una evaluación de salud que identifique riesgos y ayude a orientar la actividad. “Una buena consulta debe evaluar antecedentes personales y familiares, síntomas, medicación, factores de riesgo, medición de la presión arterial y examen físico”, aseguró.
“En nuestra práctica, favorecemos incorporar un electrocardiograma y una prueba de esfuerzo a la evaluación inicial de quienes comienzan un programa de entrenamiento -precisó el especialista-. El ecocardiograma y otros estudios se indican según la situación y los hallazgos de cada persona”.
Cuándo conviene consultar al médico antes de comenzar una rutina de ejercicio

La declaración del ACC indica que las pruebas de ejercicio deben considerarse cuando existen síntomas, enfermedad coronaria crónica, insuficiencia cardíaca, deterioro clínico reciente o intención de realizar actividad vigorosa. En estos casos, el estudio puede aportar datos para definir la seguridad y el plan de entrenamiento.
Lapman enumeró los signos que deben motivar una consulta antes de comenzar o continuar con actividad física: “Una persona que tiene dolor de pecho, falta de aire desproporcionada, desmayos durante el esfuerzo o palpitaciones acompañadas de mareos necesita una evaluación médica”.
También pidió prestar atención a quienes tienen enfermedades cardiovasculares conocidas, antecedentes familiares de muerte súbita prematura o múltiples factores de riesgo, como hipertensión, diabetes, colesterol elevado o enfermedad renal, en especial si planean ejercicios de alta intensidad. “Y por supuesto, el deporte competitivo y el alto rendimiento requieren una evaluación específica”, agregó.
Costabel coincidió con esos criterios. “Sí deberían consultar antes quienes presentan dolor de pecho, falta de aire desproporcionada al esfuerzo, desmayos o palpitaciones acompañadas de mareos”, indicó. También mencionó a las personas con enfermedad cardiovascular diagnosticada, antecedentes familiares de muerte súbita a edades tempranas o cardiopatías hereditarias.
El ACC recomienda interrumpir la actividad y buscar atención médica si surgen síntomas nuevos durante el ejercicio, sobre todo cuando pueden sugerir falta de irrigación del corazón.
Qué actividad física se puede iniciar sin estudios cardiológicos previos

Para los adultos aparentemente sanos, sin síntomas, enfermedad cardiovascular conocida ni antecedentes familiares relevantes, el inicio de una actividad suave y progresiva suele ser compatible con las recomendaciones de la declaración.
“Si una persona quiere salir a caminar 20 o 30 minutos, andar en bicicleta tranquilamente o comenzar una rutina progresiva de ejercicios, en general no necesita una batería de estudios cardiológicos para hacerlo”, sostuvo Lapman. El médico indicó que debe iniciarse de manera gradual, prestar atención a las señales del cuerpo y consultar si aparecen molestias.
Costabel propuso una posición similar, aunque recomendó mantener una evaluación de salud como parte del cuidado preventivo. Consultado acerca de quiénes podrían empezar una actividad sin un chequeo previo, sostuvo que “sería prudente reservar esa posibilidad para personas aparentemente sanas, sin síntomas, enfermedades conocidas ni antecedentes familiares relevantes, que comiencen con actividad suave y progresiva, como caminar”, dijo. “Pueden empezar a moverse mientras organizan la consulta, sin que eso signifique prescindir del control médico”.
La repetición anual de estudios depende de los síntomas y del tipo de entrenamiento

El documento del ACC no propone una frecuencia universal para repetir pruebas de esfuerzo. La necesidad de una nueva evaluación cambia según la aparición de síntomas, el diagnóstico, los medicamentos, la evolución clínica y la intensidad de actividad física prevista.
Costabel remarcó que la evaluación inicial y la repetición de estudios son decisiones diferentes. “No necesariamente hay que repetir una prueba de esfuerzo todos los años: la frecuencia debería depender de la situación clínica, la aparición de síntomas y los cambios en la intensidad o los objetivos del entrenamiento”, explicó.
El cardiólogo añadió una advertencia sobre el alcance de los estudios: “Ningún estudio normal garantiza riesgo cero ni reemplaza una nueva consulta si aparecen síntomas”.
El mayor beneficio cardiovascular aparece al pasar del sedentarismo al movimiento

La declaración del ACC propone que el ejercicio tenga un lugar central en la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. Como referencia general, recomienda acumular al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fuerza adaptados a cada persona.
El mensaje central es que el mayor beneficio ocurre cuando una persona sedentaria incorpora alguna forma de movimiento. “No hace falta correr una maratón. Hay que empezar y sostener el hábito”, resumió Lapman.
Fuente: Infobae — Ver noticia original