La remontada de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje de Brasil no alcanzó para revertir la tendencia de derrotas de los oficialismos en Sudamérica, pero mostró cómo el rechazo a un candidato puede modificar una elección que parecía definida. Después de perder la primera vuelta frente a Flávio Bolsonaro, el presidente brasileño consiguió retener el poder con el apoyo de sectores que no necesariamente respaldaban su gestión, pero que preferían evitar el regreso del bolsonarismo.
Ese comportamiento del electorado introduce una variable para Javier Milei y el peronismo rumbo a 2027, cuando la disputa podría depender tanto del respaldo propio como del rechazo que genere el adversario.
La excepcionalidad del resultado se visibiliza en los datos que recopiló el politólogo Facundo Cruz. De 43 elecciones presidenciales analizadas entre 2020 y 2026, solamente dos oficialismos consiguieron revertir en el balotaje una derrota en primera vuelta. “Lula aparece como una excepción en la región, pero también global”, explicó Cruz, que identificó el otro antecedente en Polonia, con Karol Nawrocki en 2025.
La remontada brasileña respondió, según los politólogos consultados por TN, a una transformación de la campaña entre ambas vueltas. Mario Riorda destacó que Lula modificó su mensaje, aumentó la confrontación y movilizó a sectores que habían votado a otras fuerzas o no habían participado. “Mayormente, el nuevo votante era muy crítico de Lula, pero era más temeroso de Bolsonaro”, sostuvo. El rechazo a la concentración de poder de la familia Bolsonaro y el temor a perder condiciones de vida terminaron pesando sobre las diferencias ideológicas.
Gustavo Córdoba coincidió en que Lula logró una “movilización electoral extraordinaria utilizando el miedo al bolsonarismo como herramienta fundamental”, aunque destacó que el oficialismo contaba con una economía que mostraba indicadores positivos. Esa combinación entre una gestión que conservaba respaldo social y una campaña que consiguió instalar los riesgos de la alternativa permitió modificar el comportamiento de los votantes.
El peso del voto negativo en la Argentina
La experiencia brasileña encuentra un punto de contacto con el escenario argentino en el crecimiento del voto negativo. Lucas Klobovs señaló que sus mediciones registraron un aumento de alrededor de 7 puntos entre quienes están dispuestos a votar a un candidato que no les gusta para impedir que gane otro al que rechazan más.
“Lo que en gran medida explica lo que pasó en Brasil es una tendencia que crece en Latinoamérica cada vez más, que es el voto anti”, afirmó. Para el analista, una variable central de 2027 será determinar qué candidato genera más rechazo, Milei o el dirigente que represente al peronismo.
Sin embargo, la posibilidad de movilizar ese rechazo también dependerá de la valoración de la gestión. Cruz señaló que Lula llegó a las elecciones con un nivel de aprobación presidencial relativamente estable, sin perder demasiado apoyo social. Para el analista, Milei podría enfrentar la próxima elección en condiciones similares si consigue mantener su respaldo. “Si Milei entra de la misma manera en 2027, puede pensarse competitivo”, sostuvo, aunque aclaró que conservar ese apoyo no le garantiza la victoria.
En ese esquema, la economía cotidiana aparece como un factor decisivo para sostener ese apoyo. Claudio Montiel remarcó que “la macro es muy importante, pero la micro, el metro cuadrado de las familias, es importante”, mientras Riorda vinculó la estrategia brasileña con el costo de vida y las dificultades para llegar a fin de mes, una preocupación que también atraviesa el debate argentino.
Para el peronismo, en cambio, el desafío pasa por construir una alternativa que consiga ampliar su representación. Cruz destacó la necesidad de un liderazgo fuerte y propuestas vinculadas con las necesidades cotidianas, mientras Montiel identificó en Lula un ejemplo de moderación y apertura hacia sectores alejados de su espacio político.
Córdoba incorporó a ese análisis la discusión sobre las candidaturas y la construcción de alianzas. “Una gran coalición para ganarle a Milei tiene que tener una doble condición, no solo una coalición electoral, sino además una coalición para gobernar”, sostuvo.
La experiencia brasileña deja así una diferencia central entre las estrategias que deberían desarrollar el oficialismo y la oposición argentina. Milei necesitará sostener la valoración de su gestión frente a las dificultades económicas, mientras el peronismo buscar ampliar su base electoral. En ambos casos, la evolución del voto negativo puede terminar definiendo hacia dónde se inclinan los sectores que no encuentran una representación política propia.
Fuente: TN — Ver noticia original