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Parece una joven hegemónica que apoya a Bolsonaro, pero no existe: quién está detrás de las influencers de ultraderecha creadas con IA para captar votos

Influencers ultraderechas creadas con IA. Quién crea a las mujeres hechas con IA. Por qué mujeres con IA buscan captar votos. Quién las crea.
Parece una joven hegemónica que apoya a Bolsonaro, pero no existe: quién está detrás de las influencers de ultraderecha creadas con IA para captar votos

En los últimos años se instaló una nueva forma de militancia o activismo en las redes de las derechas globales protagonizada por mujeres jóvenes, hermosas y carismáticas que mientras comparten parte de su vida cotidiana y sus consumos, opinan sobre política, actualidad y defienden a líderes como Donald Trump, Javier Milei, Benjamín Netanyahu o Flavio Bolsonaro. En el mismo perfil donde se muestran vestidas con una estética hipersexualizada para una salida nocturna o tomando un café con amigas, pueden posar en una movilización, aparecer al lado de un candidato o declarar su apoyo electoral. El detalle que las une y diferencia es que en realidad no existen, y sus rostros, cuerpos, actividades, agendas e identidades fueron creados mediante inteligencia artificial (IA) con diferentes fines manipulatorios: la influencia ideológica, la convocatoria política, y la monetización de contenido, en muchos casos erótico o sexual, de la derecha internacional.

En Argentina los casos más conocidos son los de “Lucía Libertaria” y “Julia Riojana”, dos jóvenes influencers artificiales que, con diferentes características y públicos, se dedican a difundir mensajes favorables al gobierno de Milei y criticar a sus adversarios políticos. En el caso de la influencer riojana, en paralelo a la militancia oficial, difunde contenido de lugares emblemáticos de dicha provincia, como el Parque Nacional Talampaya, mientras se muestra opositora al gobernador Ricardo Quintela. Sin embargo no se aclara que son avatares en ninguno de los perfiles, lo que suele ser la clave de su éxito, aunque pueda generar confusión.

El caso de Lucía llegó hace unas semanas incluso a las páginas del The New York Times a causa de que Santiago Oría, autodenominado cineasta y responsable de la comunicación audiovisual presidencial, dijera que era una mujer “inteligente” y “re linda”, y propuso que tuviera más protagonismo en la campaña. Justamente dicha reacción evidencia el poder del dispositivo y cómo una identidad femenina artificial, ajustada a determinados cánones de belleza hegemónicos, un discurso ideológicamente afín y una personalidad que parece cercana, puede adquirir valor político por las mismas características que la vuelven atractiva en las plataformas.

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En Brasil, el fenómeno tuvo su último capítulo en medio de la campaña de Flávio Bolsonaro a días de ballotage contra el presidente Lula da Silva. La protagonista es una supuesta militante llamada “Julia Cortez” que acumula más de 500 mil seguidores y millones de reproducciones en redes por sus videos bailando y acompañando al candidato en algunos actos. La investigación del sitio brasileño Agencia Lupa identificó 2 cuentas de Instagram, creadas en julio y agosto de 2026, que publicaron 28 videos con más de 47,7 millones de visualizaciones solamente en octubre. Si bien no hay evidencias de que respondan directamente a Bolsonaro, sí se corroboró que su actividad política y sus llamativas apariciones le sirvieron a los creadores para generar interés, ganar audiencias, y redirigir a los usuarios hacia canales de Telegram que ofrecían contenido íntimo pago. En todos los casos el mecanismo funciona de la misma manera: la imagen atractiva, seductora y sexualizada es el anzuelo para captar la atención masculina, la bajada ideológica funciona como disparador político o puerta de entrada, y luego el tráfico digital se transforma en una oportunidad comercial.

Del deseo a la propaganda política de la derecha

La intersección entre los algoritmos, la inteligencia artificial, la sexualización de las mujeres y la política constituye una de las vertientes más críticas de la violencia política digital de género hoy aplicada a las campañas de la ultraderecha a nivel internacional. La estrategia parte del hecho de que, tal como identifican diferentes expertos e investigaciones, la IA no solo refleja el machismo propio de la sociedad sino que lo amplifica, reproduce y, en su avance por fuera de las regulaciones vigentes, va corrompiendo los límites socioculturales.

El reciente artículo académico “Inteligencia artificial, desinformación y sexualización de la mujer”, escrito por Javier García-López y Rodrigo Elías Zambrano y publicado en Intracom Journal estudia cómo las identidades femeninas artificiales combinan la objetivación del cuerpo de las mujeres con la circulación de mensajes políticos y las lógicas comerciales de las plataformas digitales. La IA permite producir y reproducir personajes evitando las limitaciones y contradicciones que puede tener la biografía de una persona real, y encima el avance en las técnicas utilizadas puede perfeccionar características de la apariencia, la personalidad o la espontaneidad, propias de los contenidos habituales de redes.

Sin embargo lo que explica el texto es que, aunque las audiencias multitudinarias generan la impresión de un apoyo social masivo, eso no significa que cada visualización o seguidor se convierta en un voto o modifique las preferencias electorales. La eficacia política puede operar de una forma más sutil y a mediano plazo: instala mensajes y agendas, refuerza prejuicios, multiplica la presencia de cierta posición en el debate, crea comunidades, y en muchos casos dificulta la distinción entre personas reales y personajes artificiales.

La mujer sexualizada que la manósfera diseña a imagen y semejanza

Si uno analiza las estrategias comunicacionales y el uso de estos perfiles a nivel mundial llama la atención que estas figuras femeninas sexualizadas suelen aparecer, con mucha frecuencia asociadas a candidatos y campañas de sectores conservadores y de derechas. Existe una primera aproximación posible a una respuesta, vinculada al desplazamiento de los hombres, sobre todo jóvenes, hacia la derecha que se ha consolidado como una de las tendencias sociopolíticas globales más significativas. Pero además existe una afinidad cultural entre la estética de estos perfiles, sus mensajes y una matriz ideológica que cuestiona los avances y conquistas feministas, reivindica los roles tradicionales de género, y presenta la igualdad como una amenaza al lugar social de los varones. La política de extrema derecha y la proliferación de estos modelos femeninos ofrece sentido, deseo y validación a quienes se sienten cada vez más marginados o amenazados en su rol social.

En el imaginario de la manósfera, espacio que se define como un conglomerado heterogéneo de comunidades digitales atravesadas por discursos masculinistas y misóginos, el feminismo aparece como el responsable de las frustraciones masculinas, mientras que la recuperación de cierto poder o una escala jerárquica tradicional se presentan como una solución posible al problema. En ese esquema de pensamiento, los varones son convocados por influencers, referentes, y candidatos a recuperar autoridad, estatus y poder. El lugar de las mujeres, en ese universo binario y taxativo, queda asociado a la belleza, la disponibilidad sexual, el cuidado, el rol reproductivo y la subordinación. Desde ahí se entiende por qué estas figuras artificiales que difunden mensajes conservadores encarnan un modelo de mujer diseñado para agradar a una mirada masculina: femeninas (no feministas), jóvenes, atractivas, complacientes, sin conflictos visibles ni demandas de nuevos derechos.

Si prestamos atención esta misma matriz cultural aparece en la comunicación pública y los discursos misóginos de los dirigentes que defienden. Esta semana, en medio de la presentación del Máster Universitario en Economía de la Escuela Austríaca en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Javier Milei describió su entusiasmo por la lectura de Teoría del valor, de Gérard Debreu, diciendo que había disfrutado el libro “más que mi primer Playboy”. Espontánea o no, esta comparación la introduce para expresar su personalidad, su mirada política y generar una reacción favorable o espejada de un público hiper masculinizado. En ese círculo vicioso, el contenido provocador milimétricamente diseñado, y el ragebait que generan, alimentan la interacción y ayudan a que ciertas narrativas ganen visibilidad y legitimidad.

Fuente: El Destape — Ver noticia original