Argentina esconde paisajes naturales que parecen desafiar la imaginación, desde imponentes montañas y extensos salares hasta formaciones geológicas de colores sorprendentes.
En el norte del país, algunos de estos escenarios se destacan por su belleza extraordinaria y ofrecen experiencias completamente diferentes de los destinos turísticos tradicionales.
Entre ellos aparece un rincón que parece sacado de una película de ciencia ficción. Allí, pequeñas lagunas turquesas emergen en medio de un desierto, creando un contraste fascinante que invita a descubrir uno de los fenómenos naturales más singulares de la región.
Los visitantes pueden recorrer los sectores habilitados y contemplar este extraordinario fenómeno natural sin alterar el delicado ecosistema que lo rodea.
Las increíbles lagunas turquesas escondidas en el desierto de Salta
Los Ojos de Mar son un conjunto de pequeñas lagunas naturales ubicadas cerca de Tolar Grande, en el departamento Los Andes, provincia de Salta.
Se encuentran a unos 3.500 metros sobre el nivel del mar, en plena Puna argentina y forma parte de un Refugio Provincial de Vida Silvestre, creado para proteger un ecosistema de enorme importancia científica y ambiental.
En medio de un extenso salar, aparecen tres pequeñas lagunas de aguas cristalinas que sorprenden por sus tonalidades turquesas, verdes y azul profundo.
Sin embargo, también se destaca que sus colores varían según la intensidad de la luz solar y generan un contraste espectacular con el terreno blanquecino, creando un paisaje de apariencia casi irreal.
Además, a diferencia de otros destinos turísticos, su principal encanto no está en las actividades acuáticas, sino en la contemplación de un fenómeno natural extraordinario.
En medio de un entorno árido, las aguas cristalinas adquieren tonalidades que van del verde esmeralda al azul profundo, creando una postal única del norte argentino.
En estas lagunas habitan comunidades microbianas asociadas a estromatolitos, estructuras que permiten estudiar procesos relacionados con las primeras formas de vida que existieron en la Tierra.
A su vez, la elevada salinidad del agua puede superar ampliamente la del océano porque los manantiales reciben aportes provenientes de las serranías cercanas.
Otra particularidad es que el paisaje también cambia con las estaciones. Las precipitaciones y el deshielo pueden modificar el nivel de las lagunas, transformando su apariencia y ofreciendo distintas perspectivas de este delicado ambiente natural.
Las formaciones minerales y las distintas profundidades generan sorprendentes contrastes de colores, convirtiendo a estas pequeñas lagunas en uno de los grandes tesoros naturales de Salta.
Para los visitantes, existen pasarelas elevadas y sectores de observación que permiten apreciar el entorno sin alterar sus características. Es fundamental respetar las señalizaciones, ya que se trata de un ecosistema extremadamente frágil.
La experiencia puede complementarse con una excursión guiada por los alrededores de Tolar Grande, una pequeña localidad rodeada de volcanes, salares y montañas de colores intensos.
Entre los atractivos cercanos sobresale el Salar de Arizaro, una inmensa extensión salina donde se encuentra el famoso Cono de Arita. Esta formación de aspecto piramidal, que alcanza aproximadamente 200 metros de altura, constituye otra de las postales más sorprendentes de Salta.
Ubicados cerca de Tolar Grande, los Ojos de Mar forman parte de un área natural protegida que alberga microorganismos de enorme importancia científica.
También merece una visita el Desierto del Diablo, conocido por sus formaciones rojizas y paisajes que recuerdan a la superficie de Marte. El recorrido por Las Siete Curvas suma vistas panorámicas que convierten el viaje en una verdadera aventura.
Finalmente, el silencio y la inmensidad de la Puna son parte esencial de la experiencia. Lejos de los grandes centros urbanos, el entorno permite apreciar la naturaleza en su estado más agreste y descubrir la extraordinaria diversidad de paisajes argentinos
Fuente: Crónica — Ver noticia original