PUBLICIDAD
ARGENTINA Y EL MUNDO · INFORMACIÓN DESDE TODOS LOS ÁNGULOS
Dólar oficialCargando…Venta en pesos
Dólar tarjetaCargando…Venta en pesos
Dólar blueCargando…Venta en pesos
Dólar MEPCargando…Venta en pesos
Contado con liquiCargando…Venta en pesos
Cotizaciones de referencia · Fuente: DolarAPI
PUBLICIDAD
Tu marca
en este espacio
PUBLICIDAD
Tu marca
en este espacio

Paola Zabala, consultora psicológica: “¿Qué hago si mi hijo es quien está haciendo bullying?”

Columnista invitada (*) La pregunta se instala tras la difusión de un video donde una de las agresoras del caso de bullying en Catamarca confiesa las burlas a una adolescente.
Paola Zabala, consultora psicológica: “¿Qué hago si mi hijo es quien está haciendo bullying?"

En primera instancia quiero correrme un poco de la primera reacción que genera este video que, por supuesto, es de repudio e indignación; una respuesta más que legítima frente a la falta de pudor de la adolescente que expone la satisfacción que le genera el dolor de su compañera.

Porque es mucho más sencillo empatizar y entender lo que le sucede a una víctima de este tipo de situaciones, pero necesitamos trascender la reacción inicial para evitar quedarnos en la condena y comprender este fenómeno.

Cuando brindo capacitaciones en colegios a padres, madres o adultos responsables, las preguntas que aparecen con frecuencia son: ¿Qué hago si mi hijo es víctima de bullying? ¿Cómo lo ayudo? ¿Cuándo tengo que intervenir? ¿O debo dejar que desarrolle sus propios recursos para afrontar lo que le pasa?

Y por supuesto me parecen preocupaciones legítimas, nadie quiere imaginar a su hijo sufriendo, quedándose sólo en el recreo, recibiendo burlas en un grupo de WhatsApp o siendo víctima de la viralización de algún video, teniendo que inventar excusas para no ir a la escuela, padeciendo en silencio, viviendo con el miedo en el cuerpo, temiendo cuál será la próxima acción de quienes lo hostigan…

¿Qué hago si mi hijo es quien está haciendo bullying?

Pero hay una pregunta, que nunca aparece, una muy incómoda y que debería hacernos pensar: ¿Qué hago si mi hijo es quien está haciendo bullying? Seguramente sea más fácil imaginar a nuestros chicos del lado de quién sufre, en lugar de quién provoca ese sufrimiento. Tal vez porque creemos conocerlos demasiado bien como para pensar que pudieran ser capaces de humillar, excluir, lastimar deliberadamente a alguien.

Y cuando esto sucede, la primera reacción de madres y padres suelen ser justificaciones tales como: “Él/ella no empezó”, “algo le habrán hecho para que reaccione de esa manera”, “yo no lo puedo obligar a que sea amigo de todo el mundo”, o “el problema es que el otro chico es muy intenso”. Entiendo que es un mecanismo natural defender a nuestros hijos, pero eso no significa que no sean capaces de hacer daño sólo porque nosotros los amemos.

El caso de Catamarca explota mediáticamente luego de la difusión del video generado justamente por una de las adolescentes que ejerce el acoso, detrás de un filtro sencillo con cara de payasa y un nivel de impunidad que nos deja azorados.

Y si bien se trata de una adolescente, está próxima a ingresar en la vida adulta y puede comprender perfectamente la gravedad de sus acciones. La edad no debe convertirse en una excusa para naturalizar este tipo de conductas. Por el contrario, es la etapa adecuada para trabajar y educar sobre la responsabilidad de los actos, el respeto hacia los demás y el cumplimiento de normas para vivir en sociedad.

Nunca minimizar lo sucedido

Si descubrimos que nuestra hija o hijo participa de una situación de hostigamiento, la primera medida jamás debe ser minimizar lo sucedido. Debemos tratar de comprender por qué lo hizo, qué buscaba conseguir. Pero escuchar no es justificar. Estas preguntas deben sólo orientarnos a entender: ¿Mi hijo busca reconocimiento o tiene miedo de quedar afuera? ¿Comprende el daño que provoca?

La prioridad, por supuesto, debe ser siempre proteger a la víctima, detener el hostigamiento y garantizar que no vuelva a ocurrir. Pero castigar sin educar es insuficiente. Ni las sanciones económicas ni la judicialización, por sí solas, resuelven un problema que es mucho más profundo y que nos obliga a mirar más allá de los hechos puntuales.

Nos exige preguntarnos a nosotros, los adultos, qué estamos haciendo con nuestros chicos, cómo los estamos educando y qué modelos de convivencia les mostramos cada día. Educar para la bondad también es enseñarles a hacerse responsables del daño causado. Y esa tarea empieza mucho antes de que un video nos obligue a reaccionar.

(*) Paola Zabala, consultora psicológica.

Fuente: TN — Ver noticia original