La transformación de Fortín Chacabuco no fue improvisada. El cambio de rumbo comenzó en 2013, cuando Gwendolyn Hulsegge y Nicolás Rodríguez Argumedo asumieron la administración del campo.
Tres años después, el propietario, Sam Gary, donó el predio a la organización The Nature Conservancy, pero lo hizo con condiciones claras: cesar la actividad turística y desarrollar un sistema productivo que permitiera recuperar los pastizales sin abandonar la ganadería. Esa decisión marcó el inicio de un modelo que hoy se estudia como referencia en la Patagonia.
El problema que había que resolver
Originalmente, el establecimiento albergaba 1.000 ovejas y 100 vacas. Sin embargo, complicaciones sanitarias por sarna y ataques de depredadores silvestres llevaron a los administradores a vender los ovinos y concentrar la producción exclusivamente en el ganado bovino.
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Esa decisión no solo respondió a una cuestión práctica, sino que también permitió reorganizar el uso del suelo con un enfoque distinto, centrado en la recuperación del pastizal y no solo en la extracción.
Cómo funciona el manejo holístico
Para lograr la recuperación del terreno, se adoptó un sistema denominado manejo holístico. En 2014, la estancia fue dividida en 20 potreros con el objetivo de organizar el pastoreo y evitar que los animales permanecieran demasiado tiempo en un mismo sector.
Esta técnica permite que los pastizales descansen y se regeneren antes de que el ganado regrese a alimentarse en ellos. El resultado, medido cinco años después, fue un aumento del 46% en la materia orgánica del suelo en las 4.500 hectáreas del establecimiento, un indicador clave de la salud del ecosistema.
Actualmente, Fortín Chacabuco funciona como un espacio de investigación donde se estudian técnicas para la recuperación de suelos en la Patagonia.
Además de la actividad productiva, el establecimiento desarrolla iniciativas para proteger especies nativas y controlar la vegetación invasora, consolidándose como un modelo de gestión ecosistémica. La experiencia demuestra que es posible producir y conservar al mismo tiempo, sin necesidad de elegir entre una cosa y la otra.
El caso de Fortín Chacabuco se convirtió en una referencia para otros campos de la región que buscan revertir el deterioro de sus suelos sin abandonar la actividad ganadera.