La expulsión de la alumna y el avance judicial exponen la gravedad del sufrimiento de Lucrecia, pero abren el debate urgente sobre los límites del castigo: la necesidad de desactivar las complicidades del entorno, reparar de raíz el daño comunitario y transformar la cultura escolar que legitima el hostigamiento.
Fuente: Página/12 — Ver noticia original