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Los psicólogos explican por qué algunas personas postergan las tareas incluso cuando tienen tiempo

La procrastinación no siempre está relacionada con la falta de organización o de voluntad. La psicología explica que, en muchos casos, aplazar una obligación funciona como una manera de evitar emociones incómodas, como la ansiedad, el aburrimiento o el miedo a equivocarse.
Los psicólogos explican por qué algunas personas postergan las tareas incluso cuando tienen tiempo

Tener tiempo disponible no siempre alcanza para ponerse en marcha. Hay personas que saben que tienen una tarea pendiente, cuentan con varias horas para realizarla y, aun así, encuentran motivos para dejarla para más tarde. Revisan el celular, hacen actividades menos importantes o se ocupan de otras cuestiones antes de empezar.

Este comportamiento se conoce como procrastinación y no necesariamente responde a la pereza. La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) la define como el aplazamiento voluntario e innecesario de una tarea, incluso cuando la persona sabe que esa decisión puede traer consecuencias negativas.

Una de las explicaciones más estudiadas es que postergar una obligación puede funcionar como una estrategia para evitar emociones desagradables. En lugar de enfrentarse a una actividad que genera ansiedad, frustración o aburrimiento, la persona elige otra que le produce alivio inmediato.

Por qué postergamos las tareas aunque tengamos tiempo

La procrastinación suele aparecer cuando una actividad genera sensaciones negativas. Puede tratarse de un trabajo difícil, una conversación incómoda, un trámite que no queremos hacer o una obligación que parece demasiado extensa.

La psicóloga Fuschia Sirois, investigadora de la Universidad de Durham, explicó en una entrevista con la APA que muchas veces las personas no evitan la tarea en sí misma, sino las emociones que les provoca. Al dejarla para después, experimentan un alivio momentáneo.

El mecanismo funciona de la siguiente manera: una obligación genera ansiedad, aburrimiento o preocupación; la persona decide postergarla y se dedica a otra actividad más agradable. Durante un rato, se siente mejor porque deja de enfrentarse a aquello que le incomoda.

El problema aparece cuando ese alivio dura poco. La tarea continúa pendiente, se acerca la fecha límite y pueden aumentar la presión, la culpa y el estrés. Así se forma un círculo que favorece nuevas postergaciones.

El miedo a equivocarse y el perfeccionismo también influyen

No todas las personas postergan por los mismos motivos. En algunos casos, el miedo a cometer errores o no alcanzar el resultado esperado puede dificultar el comienzo de una actividad.

Quienes tienen expectativas muy altas sobre su propio desempeño pueden sentir que necesitan encontrar el momento ideal, contar con todas las herramientas o tener una idea completamente definida antes de empezar. Esa búsqueda de condiciones perfectas puede convertirse en un obstáculo.

También influye la percepción de dificultad. Una tarea que parece demasiado extensa o complicada puede generar rechazo incluso antes de comenzar. En esos casos, la persona puede elegir actividades más sencillas para evitar la incomodidad de enfrentarse a un desafío.

La Universidad de Melbourne identifica entre los factores asociados con la procrastinación el perfeccionismo, la ansiedad ante una tarea, el miedo al fracaso y las dificultades para organizar el tiempo.

Qué hacer para dejar de postergar las obligaciones

La clave no consiste solamente en organizar mejor la agenda, sino también en identificar qué sensación provoca el rechazo hacia una actividad. Si la postergación funciona como una forma de evitar emociones incómodas, aprender a reconocerlas puede ayudar a cambiar el comportamiento.

Algunas estrategias que pueden resultar útiles son:

  • Dividir las tareas grandes: separar una obligación extensa en pasos pequeños permite reducir la sensación de dificultad y facilita el comienzo.
  • Empezar por unos pocos minutos: establecer un primer período breve de trabajo puede ayudar a superar la resistencia inicial.
  • Dejar de esperar el momento perfecto: no es necesario tener todo resuelto para dar el primer paso. Avanzar de manera gradual puede ser más efectivo que esperar a sentirse completamente preparado.
  • Reducir las distracciones: alejar el celular y limitar las interrupciones permite concentrarse en una actividad concreta.
  • Reconocer las emociones: identificar si una tarea genera miedo, ansiedad, frustración o aburrimiento ayuda a entender por qué cuesta empezar.

Fuente: TN — Ver noticia original