Un estudio realizado con 902 grabaciones de hembras adultas de elefante africano (Loxodonta africana) en el Parque Nacional de Amboseli, Kenia, concluyó que los sonidos graves emitidos de manera simultánea por varios animales aportan información sobre la actividad de la manada. El trabajo publicado en la revista Scientific Reports fue encabezado por Louis Mahon y participó el ecólogo Mickey Pardo que analizó registros obtenidos entre 1986 y 2022 mediante modelos de aprendizaje automático. Los elefantes se comunican principalmente a través de retumbos de frecuencia muy baja. La tonalidad básica de estas llamadas puede quedar por debajo del rango auditivo humano y los sonidos más potentes pueden llegar a otros ejemplares a unos 2 kilómetros de distancia, e incluso más si las condiciones lo permiten. La investigación, divulgada por Earth.com, plantea que los coros, es decir, las vocalizaciones superpuestas de 2 o más individuos, pueden funcionar como una señal conjunta. Los modelos identificaron seis contextos de comunicación Trabajos anteriores citados en el estudio estimaban que alrededor del 60% de los retumbos ocurre en coros, una proporción que aumenta durante situaciones sociales intensas, como los reencuentros entre familiares. El equipo examinó 6 tipos de llamados que los observadores de campo habían clasificado según la situación en que se producían. Los 3 estaban relacionados con la organización de los desplazamientos: los retumbos de contacto, utilizados para mantener el vínculo a distancia; los llamados “vamos”, emitidos antes de que el grupo se mueva, y los cadenciados, que aparecen durante descansos o comidas. Las otras 3 categorías tenían una función social: los arrullos dirigidos a las crías, los saludos breves y los completos durante las reuniones entre parientes. Los investigadores entrenaron sistemas informáticos para asociar los rasgos acústicos de cada registro con esos contextos. Los modelos acertaron por encima de lo esperable al azar con vocalizaciones individuales y coros. Además, un sistema entrenado solo con llamadas aisladas reconoció el contexto de los sonidos superpuestos, lo que indica que los coros conservan rasgos acústicos de cada situación. Sara Keen, investigadora principal de Earth Species Project y coautora del trabajo que “es muy emocionante que podamos entrenar un modelo para analizar un coro completo y obtener una interpretación precisa de lo que está sucediendo”. Sin embargo, los sistemas se equivocaron más veces de las que acertaron. Los sonidos se parecen más cuando el grupo coordina acciones La clasificación presenta dificultades porque los retumbos no se separan en categorías rígidas. Las llamadas pueden transformarse gradualmente de un tipo a otro, como sucede cuando los sonidos de contacto pasan a ser saludos a medida que los animales se aproximan. Los científicos también estudiaron la evolución de los intercambios entre varios ejemplares. En 3 de los 6 contextos —los cadenciados, los de contacto y los de saludo— las vocalizaciones se volvieron más similares entre sí conforme avanzaba la interacción. Este fenómeno recibe el nombre de convergencia vocal. Ya se había observado en aves canoras, loros y delfines, y alude a la tendencia de distintos individuos a hacer que sus sonidos se parezcan. En los seres humanos, se menciona un proceso comparable cuando las personas imitan patrones lingüísticos de sus interlocutores. Keen sostuvo que la convergencia apareció “únicamente en las situaciones en las que [los elefantes] parecen estar coordinando acciones de comportamiento grupal”, aunque esta hipótesis aún debe someterse a pruebas. El estudio reconoce límites en las muestras y las pruebas Los resultados perdieron precisión cuando los modelos analizaron vocalizaciones de ejemplares que no habían formado parte del entrenamiento, y volvieron a disminuir al aplicarse a otras familias. Esa variación coincide con análisis previos como el publicado en Royal Society Open Science, que señalan que cada animal tiene una voz propia y que los grupos sociales pueden diferenciarse levemente en sus retumbos. La investigación menciona la posibilidad de que las familias desarrollen estilos vocales propios, pero no establece cómo se originan. Estudios anteriores también habían planteado que ciertos sonidos cambian según el destinatario, de acuerdo con Nature Ecology & Evolution. Los autores advirtieron que algunas familias y situaciones contaban con pocas muestras. Tampoco realizaron experimentos de reproducción de grabaciones para medir directamente la respuesta de los individuos. Además, el análisis se limitó a hembras adultas, porque las crías y los machos emiten sonidos de modo diferente y, en algunos contextos, con menor frecuencia. Arik Kershenbaum, zoólogo de la Universidad de Cambridge que no participó del trabajo, remarcó la relevancia de combinar análisis informáticos con observaciones directas. “Los animales se comunican para influir en el comportamiento de los demás, por lo que no se pueden estudiar los sonidos de forma aislada”, afirmó.
Fuente: Infobae — Ver noticia original