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Los conceptos del Papa a propósito de la IA, la economía, el “poder tecnológico” y la búsqueda de la verdad

Al igual que su predecesor de nombre papal y autor del texto canónico de la “Doctrina Social de la Iglesia”, León XIV señala la doble cara de “las cosas nuevas”, cita a Francisco para advertir sobre la concentración del “poder tecnológico” y a Hannah Arendt para destacar la importancia de distinguir entre lo verdadero y…
Los conceptos del Papa a propósito de la IA, la economía, el “poder tecnológico” y la búsqueda de la verdad

La Argentina, lista para recibir a León XIV

En mayo del año pasado, a poco de la consagración de Robert Prevost como jefe de la Iglesia de Roma, señalábamos aquí que su elección del nombre León XIV anticipaba un papado centrado en la Doctrina Social de la Iglesia, distante tanto de la Teología de la Liberación como de la despreocupación por el efecto que la conjunción de cambios políticos y tecnológicos de época tienen sobre temas caros a la economía, como la distribución del ingreso.

Esa orientación se ratificó en Magnifica Humanitas, la primera encíclica de Leon XIV, que desde su subtítulo, “Sobre la custodia de la Persona Humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial”, su introducción y sucesivos capítulos, remite constantemente a Rerum Novarum, de León XIII, y pivotea sobre conceptos como el salario, el rol y la subsidiariedad del Estado, el poder tecnológico y la Justicia Social, conjunción que Javier Milei considera “una aberración” y que la encíclica menciona 17 veces, incluido un subtítulo acerca de ella como “Principio”.

Es entendible, por lo tanto, que el gobierno pueda sentirse a la defensiva ante la visita de un Papa de modos suaves pero palabras firmes y seguramente opuesto a la propuesta del presidente argentino y su ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, de abogar por la creación de empresas no humanas y -como escribieron ambos en Financial Times en junio pasado- “mantener la IA sin regular para que pueda desarrollarse libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida”.

Ya en la Introducción de Magnifica… , León XIV, recurre a dos relatos bíblicos: por un lado, pide evitar “el síndrome de Babel: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos” y contrapone la hybris de una Torre hasta el Cielo con la modesta eficacia de la reconstrucción de los Muros de Jerusalem a partir de la decisión de Nehemías, un judío que “no impone soluciones desde lo alto”, de convocar a las familias. “El relato -dice- muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo”.

El “poder tecnológico”, del Estado a actores privados

Y así como León XIII en “Rerum Novarum” advertía tanto el potencial positivo como también los riesgos “de las cosas nuevas”, León XIV cita el llamado del Papa Francisco a “adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico” y su advertencia de que el dominio de las nuevas técnicas “dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para explotarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero”. Más, aún León XIV cita in totum el pasaje en que Francisco subrayaba: “así como en el pasado eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación, hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente “privado”, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común”.

Robert Prevost, cuando era cardenal, con el papa Francisco. (Foto: Vatican News)

De hecho, en “Magnifica …” León XIV recuerda que así como “ante los ‘nuevos asuntos’ de su tiempo —el conflicto entre el capital y el trabajo, la cuestión obrera, las transformaciones económicas y sociales—“, León XIII constató el malestar de los obreros, cuarenta años después, en la encíclica Quadragesimo Anno, Pio XI denunció “la concentración del poder económico en manos de unos pocos”, criticó “tanto la competencia sin límites como aquellos proyectos colectivistas que anulan la libertad y la responsabilidad de las personas”; subrayó “el derecho de asociación de los trabajadores” y reiteró “la exigencia de que el salario sea proporcional no sólo al rendimiento, sino a las necesidades del trabajador y de su familia”, amén de formular de modo sistemático el principio de subsidiariedad del Estado, según el cual “lo que puede ser realizado por las personas, las familias, los organismos intermedios y las comunidades locales no debe ser absorbido por instancias superiores”, principio cercano a las convicciones anarco-libertarias de Milei.

León XIV vuelve a Francisco al citar un pasaje de la encíclica Laudato si que denunciaba “el creciente afianzamiento de un paradigma tecnocrático (…) la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas” y que “la técnica (…) cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz”. Más aún, el Papa que hoy llega a la Argentina advierte que un paradigma tecnocrático “más poderoso no significa necesariamente mejor” y cita incluso la pesimista afirmación de Romano Guardini, maestro y formador de Jorge Bergoglio (antes de ser Francisco) de que “el hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto”.

Velocidad y cálculo vs inconciencia moral

El Papa reconocer que “cualquier afirmación sobre la IA corre el riesgo de quedar obsoleta en poco tiempo” y que “todos nosotros, incluidos quienes los diseñan, sabemos muy poco sobre su funcionamiento efectivo”, pero aun no siendo posible “dar una definición única y completa” sobre ella pide “evitar el equívoco de equipararla” a la humana” pues si bien “imita ciertas funciones de la inteligencia humana” y la supera en velocidad y amplitud de cálculo, “ofreciendo beneficios concretos en numerosos campos”, su potencia “sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias”.

Fotografía de la filósofa Hannah Arendt, fotografiada por Fred Stein.

Tan llamativa como el foco en las potencialidades y los riesgos del cambio tecnológico, y en particular de la Inteligencia Artificial, es la advertencia del Papa sobre “la verdad como bien común” y su invocación a un pasaje de un ensayo de la filósofa Hannah Arendt, también crítica de la hybris del poder totalitario, sobre “Verdad y Política”, para subrayar que “la búsqueda de la verdad es un elemento esencial para la democracia, que es en sí misma un instrumento de participación en el bien común”.

Contra el posmodernismo y corrientes que en el extremo afirman que no existen los hechos, sino las interpretaciones, el pasaje de Arendt citado por el Papa advierte que para el totalitarismo “los súbditos ideales no son tanto aquellos ideológicamente convencidos, sino las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso”. Hay allí una clara distancia con la primacía que tanto el kirchnerismo como el mileísmo asignan al “Relato” y la “Batalla cultural” para montarse a una supuesta superioridad moral.

Fuente: Infobae — Ver noticia original