Se lo nota enojado, exasperado. Pasa de la ironía burlona a la descalificación agresiva, como si no encontrara otra forma de comunicación, sobre todo cuando se trata de estadísticas y variables económicas que no coinciden con sus aspiraciones. Quiere pelearse con los números que, tal vez en su imaginario, son personeros del demonio. Javier Milei, de él se trata, no deja pasar un día sin exhibir su irritación frente a quien lo contradice.
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