La escalada del conflicto en Medio Oriente y el ataque informático contra Binance, la mayor plataforma de intercambio de criptomonedas del mundo, profundizaron este viernes la incertidumbre en los mercados financieros internacionales, en una jornada atravesada por la caída de las principales bolsas mundiales, el retroceso de los activos digitales y una nueva suba del petróleo. El barril de Brent, referencia internacional para las exportaciones argentinas, superó los US$116 en las primeras operaciones del día, mientras que el West Texas Intermediate (WTI), utilizado como referencia en Estados Unidos, se ubicó por encima de los US$103.
El movimiento de los precios energéticos responde principalmente a los nuevos incidentes registrados en las inmediaciones del estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el comercio mundial de hidrocarburos, por donde circula una parte sustancial del petróleo que se consume en el planeta. Los ataques contra buques cisterna y las denuncias sobre la presencia de minas marinas volvieron a poner en discusión la seguridad del tránsito marítimo en una región que concentra buena parte de las tensiones militares entre Irán, Estados Unidos y sus aliados.
La incertidumbre geopolítica se combinó con otro episodio que golpeó la confianza de los inversores: el presunto hackeo a Binance, que obligó a la compañía a suspender temporalmente los depósitos y retiros mientras avanzaba con las tareas de investigación y recuperación de los activos afectados. Aunque la plataforma aseguró que utilizará recursos propios para cubrir las pérdidas y que ya consiguió congelar miles de millones de dólares, el episodio provocó nuevas ventas de criptomonedas y reavivó los cuestionamientos sobre la seguridad de una industria que busca consolidarse como parte del sistema financiero internacional.
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En medio de este escenario, Wall Street enfrentó una nueva jornada de presión sobre las acciones tecnológicas, en particular las vinculadas con la inteligencia artificial (IA). Los resultados de Amazon e Intel profundizaron las dudas sobre la rentabilidad de las inversiones que realizan las grandes compañías del sector, en un contexto en el que los desembolsos para infraestructura y centros de datos crecen a un ritmo que empieza a ser cuestionado por los accionistas.
La suba del petróleo, además, introduce una variable adicional para las economías importadoras de energía, mientras que para países productores como Argentina abre una oportunidad de mayores ingresos externos, aunque también expone la dependencia de las cuentas públicas y de las inversiones hidrocarburíferas respecto de las cotizaciones internacionales.
La jornada financiera también estuvo marcada por las pérdidas en Estados Unidos, donde los principales indicadores bursátiles registraron retrocesos ante la combinación de resultados corporativos que no conformaron a los inversores y un escenario internacional que incrementa la búsqueda de activos de menor riesgo.
En las primeras operaciones del viernes, el índice S&P 500 retrocedía 1,22%, el Nasdaq perdía 2,32% y el Dow Jones Industrial registraba una baja de 0,31%. La presión se concentraba especialmente en las empresas tecnológicas, que venían de atravesar una semana de fuertes movimientos después de la presentación de balances de algunas de las principales compañías del sector. Los resultados de Amazon e Intel profundizaron esa tendencia. Amazon registraba una caída cercana al 7% después de presentar un volumen de inversiones de capital superior al esperado y mostrar el crecimiento más lento de su negocio de comercio electrónico en tres años, pese al desempeño de su división de servicios en la nube.
Intel enfrentaba una situación todavía más compleja, con un retroceso cercano al 26%, luego de anticipar ingresos inferiores a las estimaciones del mercado. La compañía enfrenta una demanda débil de procesadores para computadoras personales y dificultades para responder a las necesidades de suministro de los centros de datos, uno de los segmentos que concentra las mayores expectativas de crecimiento vinculadas con la inteligencia artificial.
El movimiento también alcanzaba a otras compañías relacionadas con esa industria. Advanced Micro Devices (AMD) perdía 9,7%, Nvidia retrocedía 2,99% y también registraban caídas Super Micro Computer, Bloom Energy y CoreWeave, empresas vinculadas con el desarrollo de infraestructura tecnológica y energética necesaria para sostener la expansión de los sistemas de IA.
El problema para los inversores es que la expectativa de crecimiento del sector se construyó sobre desembolsos cada vez mayores, que incluyen la construcción de centros de datos, la adquisición de procesadores especializados y la expansión de la capacidad energética. Las principales compañías tecnológicas proyectan inversiones conjuntas por unos US$750.000 millones, una cifra que empieza a generar interrogantes sobre los plazos necesarios para recuperar ese capital. En ese contexto, Microsoft anunció una emisión de deuda por US$25.000 millones, mientras el mercado comienza a prestar mayor atención al financiamiento de los proyectos tecnológicos y a sus efectos sobre los balances de las compañías.
El hackeo a Binance
La crisis también alcanzó al mercado de criptomonedas después de que Binance confirmara un incidente de seguridad que provocó pérdidas estimadas en US$6.300 millones. Se trata del mayor robo registrado hasta el momento en la industria y representa un golpe para una plataforma que concentra una parte central del comercio mundial de activos digitales. El episodio comenzó a conocerse después de que se detectaran movimientos irregulares de fondos desde billeteras vinculadas con la compañía. Como medida preventiva, Binance suspendió temporalmente los depósitos y retiros mientras sus equipos técnicos realizaban controles de seguridad y trabajaban con otras empresas del sector para rastrear los activos.
La investigación preliminar de la plataforma apunta a que el ataque podría haber involucrado la computadora portátil comprometida de un empleado del área de DevOps, que habría permitido a los atacantes acceder a un contenedor de servicios internos y ejecutar operaciones de retiro no autorizadas. La empresa sostuvo que no encontró evidencias de que se hayan filtrado las claves privadas de sus billeteras, aunque aclaró que todavía trabaja para determinar todos los mecanismos utilizados.
El impacto sobre la confianza de los usuarios se produjo en un momento en que el sector buscaba consolidar su recuperación después de anteriores episodios de fraude, quiebras y ataques informáticos que habían puesto en discusión la seguridad de los fondos depositados en las plataformas de intercambio.
Binance aseguró que se hará cargo de las pérdidas y anunció que reservó más de US$6.340 millones de recursos propios para cubrir el incidente. De ese total, US$5.000 millones ya se encuentran en los mismos activos digitales que fueron afectados, mientras que la compañía trabaja para adquirir los tokens restantes mediante operaciones en el mercado y acuerdos directos con otros participantes del sector.
La empresa también informó que sus socios consiguieron congelar aproximadamente US$3.000 millones en activos relacionados con el ataque. Entre las compañías que participaron de esas medidas se encuentran Tether y Circle, emisoras de las dos principales monedas estables del mercado. Tether comunicó que congeló más de US$1.500 millones en activos vinculados con el incidente, mientras que Circle informó el bloqueo de unos US$800 millones de su criptomoneda USDC. Esas intervenciones buscan impedir que los fondos puedan ser utilizados o transferidos libremente por los responsables del ataque.
El bitcoin llegó a caer por debajo de los US$77.000 y tocó un mínimo cercano a los US$76.300, su nivel más bajo en más de un mes, antes de recuperar parte de las pérdidas y ubicarse alrededor de los US$77.500. La baja se produjo en un contexto de liquidaciones de posiciones alcistas por aproximadamente US$1.300 millones y del vencimiento de contratos de opciones por unos US$11.000 millones.
La dimensión del robo también resulta relevante por sus antecedentes. En febrero de 2025, la plataforma Bybit había sufrido un ataque en el que los responsables sustrajeron cerca de US$1.500 millones. El nuevo episodio supera ampliamente ese registro y vuelve a poner bajo cuestionamiento los mecanismos de seguridad de los principales intermediarios de la industria. Firmas especializadas en análisis de blockchain vincularon preliminarmente el ataque con grupos de hackers relacionados con Corea del Norte. Sin embargo, la atribución todavía forma parte de las investigaciones y Binance no confirmó oficialmente la identidad de los responsables.