La forma en la que se aplica el maquillaje puede cambiar por completo la textura de la piel. El iluminador es uno de los productos de maquillaje más elegidos para aportar luminosidad, realzar los rasgos y conseguir un efecto de buena cara. Sin embargo, si se coloca en las zonas equivocadas puede acentuar las líneas de expresión, la textura irregular y otras imperfecciones de la piel. Por eso, conocer dónde colocarlo y qué fórmula elegir es clave para conseguir un acabado natural.
“A partir de los 50, no apliques el iluminador demasiado cerca de las patas de gallo ni justo sobre la mejilla si hay textura o poros dilatados“, recomienda Nuria Aluart, experta en belleza y fundadora de Mumona, en TELVA. La especialista explica que la ubicación del producto es fundamental para evitar que la luz resalte precisamente aquellas zonas que se busca disimular.
Dónde aplicar el iluminador para conseguir un acabado natural
Con el paso del tiempo, la piel puede perder hidratación y firmeza, lo que hace necesario adaptar algunas técnicas de maquillaje. En este contexto, el iluminador puede convertirse en un gran aliado para aportar frescura al rostro, siempre que se utilice con moderación y se elijan las texturas adecuadas.
Según Aluart, lo más recomendable es concentrar el producto en puntos estratégicos del rostro, en lugar de extenderlo indiscriminadamente. “El truco está en la ubicación”, señala la experta. Por esta razón, la experta aconseja aplicarlo sobre el hueso superior del pómulo y, si se busca un toque extra de luminosidad, en los laterales de la sien. De esta manera, se consigue realzar los rasgos sin destacar demasiado los poros dilatados ni las líneas de expresión, que pueden hacerse más visibles con ciertos acabados de algunos maquillajes.
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Qué iluminador elegir a partir de los 50
Además de la zona de aplicación, la textura del producto también es muy importante. Para conseguir una piel luminosa y natural, Aluart recomienda evitar los iluminadores con partículas de brillo demasiado evidentes. “Huye de los destellos o purpurinas visibles y apuesta por iluminadores líquidos o en bálsamo”, aconseja. Estas fórmulas permiten conseguir un acabado más integrado con la piel, sin dejar una capa de brillo excesiva.
La especialista también propone buscar productos que incorporen ingredientes hidratantes y antioxidantes, como ácido hialurónico, escualano, aceites botánicos o vitamina E. En cuanto a la aplicación, el mejor momento es después de la base y el corrector, una vez que ambos productos se hayan asentado. Para distribuir el iluminador, Aluart prefiere utilizar los dedos: el calor de las yemas ayuda a fundir las texturas cremosas con la piel sin arrastrar el maquillaje.
El error con los polvos que puede arruinar el resultado
Aunque las tendencias de maquillaje para este año apuestan por acabados más aterciopelados y menos brillantes, esto no significa que haya que renunciar a la luminosidad. La clave está en mantener una piel equilibrada, con brillos controlados y puntos de luz bien definidos. Por eso, Aluart recomienda evitar el exceso de polvos, que puede marcar las líneas de expresión y dejar un acabado cuarteado con el paso de las horas. Si la piel es grasa, se pueden utilizar pequeñas cantidades en la zona T para controlar los brillos. El objetivo es conseguir una luminosidad sutil y estratégica, sin sobrecargar tanto la piel, de manera que el resultado sea armonioso y sobre todo, natural.