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Lizy Tagliani repudia un feroz ataque transfóbico en Palermo y revive su infancia: “Para que no me encontraran…”

La conductora rompió el silencio tras la agresión brutal de una patota a trabajadoras sexuales trans y expuso las cicatrices de la discriminación que atravesó desde su niñez.
Lizy Tagliani repudia un feroz ataque transfóbico en Palermo y revive su infancia: "Para que no me encontraran..."

Lizy Tagliani expresó su rechazo absoluto a la violencia desatada en los Bosques de Palermo contra mujeres trans por parte de un grupo de jóvenes en bicicleta. Al igual que lo hizo hace algunos días Flor de la V, la presentadora canalizó su dolor en las redes para visibilizar cómo los prejuicios cotidianos y los episodios trágicos del pasado marcan la vida de las víctimas de exclusión.

Una violenta agresión grupal sacudió la tranquilidad de los Bosques de Palermo durante las primeras horas del lunes 2 de noviembre y desató una ola de indignación popular. 

Cerca de cincuenta ciclistas embistieron a varias trabajadoras sexuales trans cerca del Lago de Regatas con insultos, piedras, conos de plástico y ramas. Frente a la cobarde “caza” filmada y difundida por los propios atacantes en redes sociales, la conductora Lizy Tagliani decidió levantar la voz con un sentido descargo personal en su cuenta de Instagram.

La presentadora abordó el hecho no solo desde la condena social, sino a partir del recuerdo de las agresiones que soportó a lo largo de su propia historia. “Vivir es un derecho, cada uno vive como puede, quiere o lo dejan”, remarcó al inicio de un texto que rápidamente cosechó miles de apoyos. El recuerdo de los abusos recibidos en su niñez y la hostilidad urbana afloraron de inmediato al observar la impunidad de la patota en la vía pública.

Con profunda emoción, la figura televisiva repasó los años en los que debía esconderse para evitar agresiones físicas en la provincia de Buenos Aires. “Allá por el 86 sabía escapar de las piedras y los golpes, aprendí a anular los gritos e insultos… sabía en qué galería de Adrogué meterme para que no me encontraran las patotas”, rememoró la humorista. A través de esa vivencia, visibilizó la culpa constante que la sociedad impone a las identidades disidentes desde temprana edad.

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El testimonio de Tagliani repasó las heridas emocionales acumuladas desde los cinco años, época en la que sufrió abusos por parte de un adulto que terminó culpándola a ella misma. Con los años, los señalamientos continuaron por su identidad de género, las burlas escolares y la falta de aceptación social, hasta llegar a las secuelas de intervenciones estéticas clandestinas que casi le cuestan la vida. 

“¿Culpable? ¿Por qué? ¿Por vivir? ¿Por sobrevivir? ¿Por intentar ser feliz a mi manera?”, cuestionó con dureza antes de advertir que, aunque hoy vive en plenitud, esas vivencias dejan una marca imborrable en el cuerpo.

El pronunciamiento de la comediante sumó apoyo mediático de figuras como Lali Espósito, Tini Stoessel y Flor de la V, quienes repudiaron los discursos de odio en la víspera de una nueva Marcha del Orgullo. 

La investigación iniciada por el Ministerio Público Fiscal busca identificar a los agresores de este episodio, mientras la reflexión final de Tagliani resuena con fuerza: “Me sorprende que aún hoy siga cargándose personas que tratan de respirar como pueden antes que alguien decida que tu vida no vale nada”.

La vigencia de las violencias estructurales en el espacio público

El episodio ocurrido en Palermo expone una problemática que excede la conducta violenta de un grupo aislado. La irrupción de patotas en plena vía pública revela cómo los discursos de odio legitimados en el plano digital escalan hasta convertirse en agresiones físicas concretas contra colectivos vulnerados. Cuando la intolerancia encuentra espacio para manifestarse de forma colectiva, las calles vuelven a transformarse en zonas de riesgo para quienes históricamente sufren la marginación.

El testimonio de Lizy Tagliani aporta una perspectiva indispensable al conectar el presente con las dinámicas de violencia del pasado. La necesidad de buscar refugio o disimular la propia identidad para evitar agresiones físicas demuestra la permanencia de patrones discriminatorios que el marco legal aún no logró erradicar por completo.

La respuesta institucional y el compromiso social resultan determinantes para garantizar que el libre tránsito y la seguridad en el espacio público constituyan derechos efectivos para la totalidad de la ciudadanía.

Fuente: Crónica — Ver noticia original