
Ordenar una biblioteca doméstica exige combinar el acceso cotidiano a los libros con condiciones que reduzcan el deterioro de sus materiales. La clasificación y lugar elegido determinan tanto la facilidad de uso como la conservación de la colección.
La escritora Elísabet Benavent, mencionada en un artículo de Architectural Digest, que prefiere agrupar sus volúmenes por colecciones.

Ese criterio ofrece una alternativa a la organización alfabética o por color, que puede resultar atractiva a la vista pero volver menos inmediata la localización de un título. La clasificación por temas permite separar narrativa, arte, cocina o ensayo y adaptar la ubicación a la frecuencia de consulta.
1. Elegir un criterio que permita encontrar cada ejemplar

Antes de decidir dónde irá cada libro conviene definir un sistema que pueda mantenerse cuando la colección crezca. El orden temático facilita reunir obras vinculadas, mientras que el criterio por autor, colección o uso frecuente responde a otras necesidades.
Los estantes de acceso rápido pueden reservarse para los volúmenes que se consultan con mayor regularidad. Una rutina doméstica puede partir de estas pautas:
- Ordenar por tema, autor, colección o frecuencia de uso.
- Reservar las baldas más accesibles para los libros de consulta habitual.
- Revisar el sistema cuando se incorporen nuevos ejemplares.
2. Agrupar los formatos para que los lomos tengan apoyo

La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos recomienda reunir en los estantes los ejemplares de tamaño parecido, porque las cubiertas reciben apoyo de los libros vecinos.
Los que se ubiquen de pie deben permanecer rectos, sin inclinación; los sujetalibros sirven para evitar que cedan. Los tomos de gran formato que no se sostengan adecuadamente en vertical pueden guardarse en horizontal, con toda su base apoyada.
La misma entidad advierte que los volúmenes grandes nunca deberían almacenarse con el lomo hacia arriba: con el tiempo, el peso puede aflojar o separar el bloque de páginas de la cubierta. También conviene evitar las pilas inestables en zonas de paso.
3. Alejar la colección de la luz directa y los cambios ambientales

El orden visual no sustituye el cuidado del entorno. Las pautas de preservación de la Biblioteca del Congreso aconsejan un ambiente fresco, limpio, estable y relativamente seco, con una humedad relativa aproximada de entre 35% y 50%. Asimismo, desaconsejan la luz directa o intensa, que puede alterar los colores de cubiertas y lomos.
Los cambios bruscos de temperatura o humedad añaden riesgos para el papel, encuadernaciones y adhesivos. Por ello, sótanos, áticos y garajes no son lugares adecuados para guardar libros de valor: suelen tener un control ambiental limitado y una mayor posibilidad de filtraciones o inundaciones.
Los recipientes de plástico aportan una barrera secundaria frente al agua, pero no corrigen las condiciones del ambiente y, en contextos húmedos, pueden favorecer la aparición de moho.
4. Mantener baldas y ejemplares libres de polvo

La limpieza forma parte de la preservación preventiva. El polvo puede retener humedad y atraer plagas. Para reducirlo, se aconseja limpiar periódicamente estantes y ejemplares con utensilios sin fragancias ni productos químicos. Puede usarse una aspiradora de potencia reducida con cepillo suave.
Mantener los libros fuera del suelo y retirar residuos de alimentos o bebidas reduce riesgos. La revisión permite detectar humedad y volúmenes demasiado apretados o inclinados.
5. Usar los muebles para distribuir el ambiente sin forzar los ejemplares

Una estantería de trasera abierta puede marcar la separación entre la sala y comedor, mientras que un mueble de media altura mantiene las líneas de visión despejadas.
En paredes altas, pasillos, nichos o huecos junto a una escalera, las baldas permiten aprovechar superficies que suelen quedar libres. Los libros ilustrados de gran formato también pueden exhibirse sobre una mesa, siempre que ese uso no los deje sometidos a luz solar directa.

Incorporar cerámicas, láminas, fotografías u otros objetos entre los libros puede aliviar la densidad visual de un estante, pero conviene dejar espacio suficiente para retirar cada volumen sin forzar su lomo. Los ejemplares antiguos, frágiles o con daños previos requieren mayor precaución.
Cuando una pieza tiene valor de colección o un deterioro que avanza, la recomendación es consultar a un conservador antes de intentar reparaciones domésticas, en especial las que emplean cintas adhesivas.
Fuente: Infobae — Ver noticia original