
La temporada de la NBA apenas supera sus primeras semanas y ya acumula cerca de 60 jugadores fuera de acción desde el 1 de octubre, una situación que vuelve a poner bajo revisión las exigencias físicas de una competencia de 82 partidos.
Entre las bajas de mayor impacto aparece la de Jalen Williams, de los Oklahoma City Thunder, quien se perdería el resto de la campaña tras sufrir una fractura de peroné y una dislocación de tobillo. El equipo también afronta las ausencias prolongadas de Chet Holmgren (desgarro del tendón rotuliano de la rodilla derecha) y Cason Wallace (desgarro de labrum en el hombro izquierdo).
A ese cuadro se suman Anthony Edwards, de Minnesota Timberwolves, operado mediante artroscopia de rodilla; Tyrese Haliburton, de Indiana Pacers, afectado por una distensión en el tendón de la corva; y otros nombres de peso como Kawhi Leonard, Paolo Banchero, Kristaps Porzingis y Jaren Jackson Jr.
La sucesión de lesiones ha desplazado parte de la atención que suele concentrarse en los novatos y en la pelea por los primeros lugares de cada conferencia. Para una liga que basa buena parte de su proyección en la presencia de sus figuras, las ausencias tempranas plantean una inquietud deportiva y comercial.
El ritmo de juego elevó las demandas físicas en la NBA
El ritmo actual es uno de los factores que aparecen en el debate. En la primera semana de la temporada, la liga registró el mayor promedio de posesiones por partido, el menor tiempo medio por posesión, mayor distancia recorrida para tomar la pelota y más ataques con al menos tres jugadores yendo al rebote ofensivo desde que existen registros de seguimiento estadístico.
Bernard Condevaux, fisioterapeuta deportivo y exdirector sénior de medicina y rendimiento de los Detroit Pistons, sostuvo ante The Athletic que la evolución táctica puede incidir en el problema, aunque evitó atribuir las lesiones a una sola causa.
“El estilo de juego cambió y creo que ese es un factor entre varios”, señaló. El especialista comparó la dinámica actual con etapas anteriores, cuando los partidos tenían marcadores más bajos y menor volumen de desplazamientos explosivos.
La expansión del tiro de tres puntos abrió más espacios en la cancha y multiplicó las penetraciones hacia el aro, acciones que combinan aceleraciones, frenadas, cambios de dirección y contacto. A eso se añade la regla aplicada desde la temporada 2018-19, que redujo de 24 a 14 segundos la posesión luego de un rebote ofensivo. La modificación limitó las pausas en ataque y favoreció una secuencia más veloz de jugadas.
La especialización desde edades tempranas suma desgaste
El calendario no explica por sí solo el aumento de las bajas. Condevaux también apuntó a la preparación durante todo el año y a la repetición de movimientos específicos fuera de la temporada regular. Muchos jugadores retoman los ejercicios técnicos tras descansos breves, con rutinas que pueden exigir una misma zona muscular de manera constante.
“El volumen que tienen ahora, con las distintas ligas, AAU y los circuitos, es un factor porque juegan mucho más”, dijo el fisioterapeuta. Según su experiencia en los controles médicos previos al draft, algunos basquetbolistas de 19 años ya presentaban antecedentes en rodillas y tendones de Aquiles similares a los de profesionales con una década en la liga.
La especialización temprana redujo la práctica de otros deportes que antes distribuían las exigencias físicas y contribuían a desarrollar capacidades motrices diferentes. En el básquet contemporáneo, los prospectos suelen competir durante casi todo el año entre escuelas, academias y torneos de formación.

Ese recorrido llega a la NBA en un momento en que el juego demanda atletas más rápidos, con mayor potencia para saltar y con recorridos más amplios en ambos costados de la cancha. Aunque los minutos individuales pueden ser menores que en otras épocas, cada posesión supone un esfuerzo de distinta intensidad.
Las lesiones en la parte inferior del cuerpo se repiten
Los datos recopilados por el sitio especializado Hashtag Basketball muestran que varias lesiones de la parte inferior del cuerpo aparecen con frecuencia en el inicio de la campaña. En las dos temporadas anteriores, siete de 13 operaciones de rodilla se realizaron antes del Día de Acción de Gracias de Estados Unidos.
Las distensiones en las pantorrillas también aumentaron. La temporada pasada, el total de esos casos triplicó el registrado en 2024-25, y una quinta parte ocurrió antes de ese feriado de noviembre. En el caso de los tendones de la corva, aproximadamente un tercio de las lesiones se produjo antes de esa fecha.
Condevaux remarcó que un antecedente médico es uno de los principales indicadores de riesgo. “Uno de los mejores predictores de una lesión es una lesión anterior”, explicó. El alta competitiva, añadió, certifica que el jugador está en condiciones de regresar, pero no implica necesariamente que el tejido haya recuperado las mismas características previas al daño.
La liga busca respuestas sin un diagnóstico único
El director de medicina deportiva de la NBA, John DiFiori, reconoció que la salud de los jugadores es una de las prioridades de la organización. En una declaración citada por The Athletic, indicó que la cantidad y la gravedad de las lesiones en este inicio de temporada son parecidas a las de campañas recientes, pese a los avances en tecnología médica, ciencias del entrenamiento y métodos de prevención.
“Seguiremos invirtiendo en investigación sobre salud y trabajando de cerca con equipos, jugadores y expertos en rendimiento”, afirmó DiFiori.
El desafío para la liga será identificar qué combinación de factores pesa más: el calendario, la intensidad del juego, la preparación fuera de temporada, la especialización temprana o la acumulación de lesiones anteriores. Mientras tanto, los equipos intentarán sostener sus aspiraciones con planteles incompletos, en una temporada que todavía tiene meses por delante.
Fuente: Infobae — Ver noticia original