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La moda importada se juega un año antes de llegar a las vidrieras

Matías Palermo, dueño de una empresa textil en Argentina, cuenta cómo sumó producción importada a la fabricación nacional y por qué la planificación logística define la salud financiera del negocio
La moda importada se juega un año antes de llegar a las vidrieras

Matías Palermo es dueño de una empresa textil en Argentina (Foto: Movant Connection)

“El contenedor tiene que estar acá un mes antes de lo que lo vas a vender”. Matías lo aprendió tras dos años y medio de ajustes para calzar las importaciones con las temporadas locales. En la charla repasa cómo se formó para operar con proveedores en la otra punta del mundo, qué imprevistos aparecen en el tránsito y en la aduana, y qué tener en cuenta al elegir socios logísticos.

¿Cómo pasaste de la gestión de medios en una multinacional a fabricar ropa?

Estudié Gestión de Medios y Entretenimiento y mi primer trabajo fue en una multinacional del rubro, donde terminé en social media cuando todavía no era tan común. Ahí vi una oportunidad gigante: una marca de ropa de hombre que arrancó en redes y se vendía en un departamento en Belgrano, con remeras estampadas bien disruptivas para una industria bastante chata.

Mi familia estaba en el rubro textil y ahí llegó el espaldarazo para aprender a fabricar y reponer, porque no es soplar y hacer botellas. Del mundo corporativo me llevé trabajar por objetivos, el orden y proyectar a un año, en vez de ver todo tan cortoplacista.

Con la apertura sumaste producción en Asia. ¿Qué cambió en la planificación?

El modelo era de fabricación nacional. Cuando cambió el gobierno, la idea fue estar preparados por si se cumplía todo lo que se anunciaba. Ahí empezó un nuevo juego que interpela a la logística: que todo llegue a tiempo para venderse en cada temporada de Argentina.

Para fabricar acá se necesitan unos seis meses por temporada; desde Asia, mucho más. Hoy se trabaja con un año de anticipación: estoy fabricando el invierno que viene y sacando los contenedores del verano. Si no tenés bien aceitada la logística, estás al horno.

Si a una marca le llega tarde el contenedor, se le hace un agujero financiero, y si lo arrastra en el tiempo la puede fundir. Hubo que aprender a convivir con dos líneas de tiempo, la nacional y la del importado. El primer año fue a los tumbos, el segundo de acomodarse, y recién ahora salen los contenedores a tiempo.

¿Cómo encaraste el aprendizaje para empezar a importar desde China?

Fue 100% autodidacta. Había que hacerlo ya, porque se iba a competir con quienes empezaran a importar y con las marcas que llegaran con el libre mercado: si no me anticipaba, me comían crudo. Antes de subirme al avión me vi todo lo que se te ocurra en una plataforma de videos.

Fue clave ir con un bróker que ayudó a seleccionar bien las fábricas. En la feria de Cantón tenés buenos proveedores y también chantas. Estás a 12 horas de diferencia y a 32 horas de vuelo, no podés ir hasta la fábrica a charlar. Hay que ir con respaldo y entender cómo trabajan, porque culturalmente somos diferentes.

¿Qué imprevistos aparecen en el tránsito y cómo conviene anticiparse?

Te dicen 30 días de muestras, 60 de producción y tal día te lo pongo en el barco. Calculale 10, 15 o 20 días más, porque la producción se atrasa. Y a veces pasa algo grave, como dos tifones en China justo cuando tenían que salir las cargas.

Por eso, anticípense. El contenedor tiene que estar acá un mes antes de lo que lo vas a vender, porque está la nacionalización y hay que sacarlo del puerto. En indumentaria, además, el etiquetado tiene que estar perfecto para que salga de una.

Las primeras cargas van a canal rojo, y eso es lo normal: es verificación total, te abren cajas aleatorias y lo que declaraste tiene que coincidir con lo que hay. Después, cuando te vas acomodando, capaz sacás un contenedor en canal verde: ya sos más confiable para el sistema y las cargas salen más fácil.

¿Qué hay que tener en cuenta al elegir a los proveedores de logística internacional?

Cuando termina la producción te dicen que va a tal puerto. ¿Quién lo carga, qué empresa se hace responsable, qué pasa con los seguros? Al principio se trabajó con conocidos de confianza que ya traían, aunque hasta no ver el contenedor descargándose en la puerta de la fábrica, nada era confianza.

También hay que entender las modalidades: se traen contenedores completos y carga suelta, que es compartir el contenedor con otros, porque con las gorras, por ejemplo, no llegás a llenar uno. Cada contenedor es mucha plata y uno llegó a quedar varado en Brasil. El tema de la logística es el ABC para que el negocio siga siendo rentable y saludable financieramente.

¿Qué peso tuvieron el canal online y la lectura de tendencias en el crecimiento?

La pandemia fue un punto de quiebre. Cuando muchas marcas de ropa ni vendían online, la tienda ya estaba aceitada, y con todo el mundo en su casa mirando el celular era el momento de meterse ahí. La marca explotó: desde la salida de la pandemia hasta 2025 se abrieron 13 locales.

Los mercados que más consumen migraron de Occidente a Oriente, y Asia pesa cada vez más en cómo se consume. Hace dos años y medio vi en China el live shopping dentro de los locales, y hoy empieza a llegar a Latinoamérica. Si no te sumás a tiempo, el costo de entrada es mucho más alto.

¿Qué consejo le dejarías a quien tiene una marca con producción manufacturera?

Súbanse a un avión, vayan a Asia y entiendan que el mundo está fabricando allá. Lo que se fabrica afuera hoy no se puede hacer acá, y podés importar bueno, bonito y barato, o mega lujo y mega calidad. Ese viaje te abre la cabeza para entender cómo se mueve el mundo y su logística. Allá están viviendo en el 2050 y nosotros estamos en el 2026.

Fuente: Infobae — Ver noticia original